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jueves, 11 de diciembre de 2014

Recuento de sueños y pesadillas





[Andrea Kowch]



Últimamente apenas sueño. En la libreta donde apunto los sueños que voy teniendo hay un vacío enorme en las últimas semanas. Todo ese espacio en blanco me resulta inquietante. No recuerdo haber estado tanto tiempo sin soñar nunca. Despertarme sin ningún recuerdo me genera una especie de soledad extraña. Como si hubiese perdido algo. Por suerte, hace seis días las cosas cambiaron. Exactamente el día en que me cortaron la luz en casa, volví a soñar. Después los sueños parecen haber regresado con normalidad. Supongo que tiene que ver con el estrés que produce la precariedad y la pobreza, o quizá con el hecho de haber dormido en cinco camas diferentes en estos seis días. 


Viernes 5 de diciembre

Tengo el brazo izquierdo extendido, con la palma de la mano hacia arriba. Está apoyado sobre una mesa o una superficie de madera con aspecto de gastada. Con la otra mano introduzco una cuchilla en la piel del antebrazo, cerca del codo. Entra limpiamente, sin que se derrame sangre y sin producirme apenas dolor. La hoja es plana y muy fina, de un metal plateado y sin ningún tipo de inscripción o dibujo. Sé que es una cuchilla, pero no se parece a las cuchillas normales. Es mucho más larga y parece hecha para algún fin concreto, como si fuese instrumental quirúrgico. Cuando consigo que la cuchilla salga por el codo, giro el brazo para mirar cómo sobresale por ambos lados. Abro y cierro la mano y noto algo de dolor. Al ver mi gesto, unas manos masculinas me sujetan el brazo y sacan la cuchilla. Cuando me despierto todavía noto algo de dolor. 


Sábado 6 de diciembre

Estoy sola en una habitación enorme. La habitación está vacía, salvo por el escritorio en el que estoy sentada. La pared del fondo está tan lejos que apenas puedo verla, pero a mi derecha hay una cristalera enorme que deja entrar un montón de luz. El sueño es agradable hasta que veo a alguien parado junto a la cristalera. Es un hombre alto y fuerte, vestido con un jersey azul. Con calma, el hombre empieza a quitar uno de los cristales. Cuando lo consigue, lo aparta a un lado y entra en la habitación. Me levanto del escritorio y empiezo a buscar una salida. La sensación es de mucho miedo, pero no consigo acordarme de más.


Lunes 8 de diciembre

Estoy en casa cosiendo trajes de disfraces diminutos. Son para vestir a ratones, para una especie de concurso en el que participo. El agua me llega a las rodillas, pero es algo normal, no me alarma. Al cabo de un rato, el agua empieza a subir. Cuando me llega al cuello ya no puedo seguir trabajando y empiezo a alarmarme. Voy nadando hasta la ventana, pero no puedo abrirla. Empiezo a golpearla con los puños intentando romperla. El agua ha subido tanto que apenas hay ya espacio para respirar. Intento golpear el cristal con un trozo de madera que he encontrado. Cuando estoy haciéndolo, veo al otro lado de la ventana, a lo lejos, al hombre del jersey azul mirándome.

martes, 21 de octubre de 2014

De cómo los seres humanos nos acabaremos alimentando de insectos



La semana pasada tuve el mismo sueño durante tres noches. No es la primera vez que me sucede, hay sueños que he tenido en decenas de ocasiones, pero esta vez fue diferente. Hasta ahora nunca había tenido exactamente el mismo sueño, siempre había variaciones. A veces eran detalles que casi pasaban desapercidos y otras cambiaban fragmentos enteros. Como si estuvieses viendo una película en la que van a apareciendo personajes distintos o en la que cambia el final. Además, esta vez era la primera ocasión en que el sueño se me repetía tres noches seguidas. Normalmente pasan semanas entre uno y otro.

En el sueño, yo cuidaba una granja de saltamontes. Los saltamontes eran enormes, del tamaño de un perro grande, y todos los días tenía que sacarlos a pastar por el monte. Era difícil, porque a veces saltaban muy lejos y tenía que ir a buscarlos. El monte estaba lleno de maleza que tenía que ir atravesando, y el pelo y el vestido se me enganchaba constantemente en las zarzas. Volvía a la granja llena de arañazos y con el vestido roto cada noche. Después, encerraba a los saltamontes en un cobertizo y recogía los huevos, que era a lo que se dedicaba la granja. Los huevos eran perfectamente redondos, del tamaño de una pelota de tenis, y la gente los utilizaba para cocinarlos al horno.

El sueño se repitió exactamente igual durante tres noches. Un día de esa semana, no recuerdo cuál, hablé con mi hermano por teléfono. Le conté el sueño y acabó hablándome de teorías extrañas sobre cómo los humanos acabaremos alimentándonos de insectos porque son mucho más sostenibles que las vacas o los cerdos. Después supongo que hablamos de cualquier otra tontería y colgamos. Al día siguiente me volvió a llamar. Había soñado conmigo. En su sueño, yo volvía a casa con los brazos llenos de arañazos y el vestido hecho harapos. Le decía que teníamos que cambiar la granja de saltamontes porque se iban demasiado lejos. Que en su lugar deberíamos tener una granja de caracoles. 

lunes, 17 de marzo de 2014

registro de sueños del 7 de febrero al 16 de marzo



[Nicolas Bruno, de su trabajo sobre la parálisis del sueño]



7 de febrero

Estoy tumbada en el fondo de un río. La corriente me balancea suavemente, pero tampoco me lleva, porque estoy sujeta con una especie de hilos verdes que salen de la arena que tengo debajo. Apenas puedo moverme y me da miedo respirar, aunque pasan los minutos y tampoco me ahogo. Estoy atrapada y siento verdadero terror. A pesar de que tengo varios metros de agua por encima de mí, sé dónde estoy. Me he bañado muchas veces en ese río. No sé cuánto tiempo pasa, pero mi terror no hace más que aumentar. De repente, veo el cuerpo de alguien que se está bañando en el río, justo encima de mí. Intento gritar, pero el agua amortigua los sonidos. Lucho por liberar el brazo derecho de los hilos y consigo romper algunos de ellos, los suficientes para alzar el brazo e intentar agarrar el tobillo del bañista. Me despierto cuando le estoy rozando con la punta de los dedos.


8 de febrero

Sueño con el chico del jersey gris, uno de mis sueños más recurrentes junto con el de la trinchera en el que me pongo las botas de un muerto. Los sueños con él siempre tienen algo de inquietante y esta vez no es una excepción. El chico va vestido como siempre, con su jersey de rombos y sus pantalones de pana. También lleva el mismo corte de pelo de siempre, como sacado de algún momento de mediados de los setenta. Esta vez estamos en una sala de paredes blancas, como un hospital o un centro de salud. Llevo puesto una de esas batas blancas de los enfermos y tengo el pelo suelto. Él está a unos metros de mí, haciéndome fotografías. Estoy nerviosa y no puedo quedarme quieta, así que él deja la cámara a un lado y me grita que me esté quieta con una voz muy enfadada. Cuando me despierto estoy completamente rígida y me duele todo el cuerpo.


9 de febrero

Estoy en un supermercado enorme. Empujo un carro por pasillos interminables, todos vacíos. No encuentro la salida y cada vez me voy angustiando más. doy vueltas y vueltas, pero todos los pasillos me parecen iguales. Me da la sensación de que estoy andando en círculos, porque siempre veo los mismos productos.




24 de febrero

Ian Curtis empieza a cantar, y de repente una cascada enorme de agua inunda Madrid entero. Mucha gente se ahoga, pero yo consigo salir a la superficie. La corriente me ha arrastrado hasta Plaza de España, donde encuentro la cornisa de un edificio a la que poder subirme. A mis pies todo está inundado, pero la música de Curtis sigue sonando, como uno de esos extraños hums que se graban por la noche en las ciudades.
 



12 de marzo

Tengo la piel llena de tatuajes. Todos son de insectos enormes y preciosos. En el gemelo derecho tengo un escarabajo y en el izquierdo una mantis religiosa. En la espalda tengo un saltamontes y una libélula. El pecho lo tengo lleno de polillas gigantes. En los brazos tengo insectos extraños, ya extinguidos. Los tatuajes son tan realistas que la gente se aparta hasta que se da cuenta de que solo son dibujos. Siento latir a los insectos debajo de la piel, pero es una sensación agradable. Como si me protegiesen.


16 de marzo

Sueño con mi perro. Se sube a la cama donde estoy durmiendo y se echa sobre mis pies. Nunca le dejaba hacer eso porque pesaba demasiado y lo manchaba todo, pero en el sueño me resulta agradable. Me despierto en mitad de la noche y me da la sensación de que todavía siento el peso en los pies durante un buen rato. 

lunes, 13 de enero de 2014

registro de sueños entre el 3 de diciembre y el 6 de enero

[The Lonely Villa, 1909]




3 de diciembre

Estoy esperando en la cola de un cine. No hay ninguna película que me interese, pero estoy con más gente y es una especie de compromiso. Entramos en el cine y la sala es gigantesca. Su forma es similar a las aulas magnas de las facultades, esas que tienen las filas de asientos en una cuesta bastante pronunciada, pero su tamaño es mucho mayor, como un anfiteatro gigantesco. Abajo del todo está la pantalla de cine, tan pequeña que apenas se ve. Las luces están apagadas pero hay velas encendidas por todas partes. Me siento en mi butaca. Pasan los minutos y las horas pero la película no empieza, aunque nadie parece quejarse. El cine se va llenando cada vez más. 



6 de diciembre 

Camino sola por las calles de un pueblo pequeño. Es de noche, pero el pueblo está bien iluminado y parece haber gente viviendo en las casas. La calle es estrecha y las paredes de las casas están encaladas. He quedado en algún sitio cercano, así que ando deprisa. De repente, de un callejón a la derecha sale una sombra negra que se abalanza hacia mí y me hace caer al suelo. El impacto es tan fuerte que me golpeo contra el suelo y me empieza a salir sangre de la boca. Cuando me giro la sombra ya no está. Me levanto y voy a la plaza donde están mis amigos esperándome. Llevo toda la ropa manchada de sangre, pero nadie parece darse cuenta. Les cuento lo que me ha pasado y se echan a reír. Me cogen de la mano y me llevan de nuevo a la calle donde ha tenido lugar el ataque. Abren una puerta que hasta entonces no había visto y me encuentro la sala enorme del sueño anterior. Reconozco la sala, sé que he estado allí, aunque en ese momento no sé que ha sido en otro sueño. "La sombra que viste no quería atacarte. Era solo un actor. Su entrada la hace a través del patio de butacas para asustar a la gente. Simplemente se chocó contigo". 



13 de diciembre

Estoy sentada en una terraza. Es verano y hace mucho calor. Delante de mí, en mi misma mesa, está sentado Sartre. Estamos discutiendo, aunque ninguno de los dos parece muy enfadado ni alzamos la voz. "Sus libros son una puta mierda, señor Sartre" le digo varias veces. Él se ríe. "La gente solo los lee porque cree que los tiene que leer, pero todos piensan que son una mierda". Él se ríe más fuerte, coge el jarrón de flores que hay encima de la mesa, saca las flores y tira el jarrón al suelo. El jarrón se hace añicos. Después tira las tazas de café y los platos, que también se rompen.



22 de diciembre

Estoy desnuda en una habitación. A mi alrededor hay un montón de gente que me está pintando espirales por todo el cuerpo. Algunas de las espirales son diminutas, otras son enormes. Tengo que hacer algo que no quiero hacer y que me da miedo, pero no recuerdo qué. Me entran ganas de llorar, pero no lo hago para que no se borren las espirales que me han pintado en la cara. 



23 de diciembre

Camino por una ciudad llena de gente. La mayoría de las mujeres llevan velo y mucho hombres visten chilabas. Sé que estoy en un país árabe pero no sé en cuál. Hace mucho calor y me siento en una plaza, a la sombra de un árbol enorme. Veo llegar a un chico montado en una bicicleta que lleva varias bolsas colgadas del manillar. Aparca la bici delante de la verja de un edificio. Me fijo en que no le pone cadena ni candado y pienso que se la van a robar. De repente hay una explosión enorme, la bici ha estallado y el edificio entero se ha derrumbado. Veo salir a gente de entre los escombros, llenos de polvo y de sangre. Oigo gritos de dolor y voces pidiendo ayuda. A pesar de que estoy muy cerca del edificio a mí no me ha pasado nada, ni siquiera tengo la ropa manchada de polvo. El chico se me acerca, me coge de la mano y me saca de la plaza. Tiene un ojo azul y otro verde. 



2 de enero

Estoy sentada en la sala de espera del dentista. A mi lado hay una señora con un sombrero de copa en la cabeza. La miro y veo que empieza a salirle sangre de los oídos. Me levanto y la pongo las manos en las orejas para intentar que no siga saliendo, pero no sirve de mucho. A la mujer no parece importarle y se ríe a carcajadas de mis intentos.



3 de enero

Tengo un gato subido a la cabeza. Intento bajarlo todo el rato, pero vuelve a subirse cada vez que lo consigo. Después de varios intentos, me resigno a dejar que viva allí. El gato se fabrica una especie de nido con mi pelo y tengo que llevarlo a todas partes ahí subido. Al cabo de un tiempo, la gente empieza a acostumbrarse. 


6 de enero

Estoy paseando a un perro por el parque. Me detengo y miro al cielo para ver si hay nubes. Un anciano se me acerca, señala las nubes y dice "lo peor va a ser cuando empiecen a llover murciélagos de la fruta".


domingo, 15 de diciembre de 2013

registro de sueños ajenos acontecidos entre la primavera de 1863 y la primavera de 1971





La habitación se hallaba llena de animales inmóviles, que esperaban una señal desconocida para animarse y caer sobre mí; especialmente había serpientes y seres que parecían varas de mimbre.


80 sueños, Juan Eduardo Cirlot
En algún momento de 1951




Lo que V.M me escribe me anima a relatarle un sueño que tuve en la primavera de 1863, cuando la gravedad de la situación política había llegado a su punto máximo y no se vislumbraba ninguna salida política practicable. Así las cosas, soñé esa noche (y a la mañana siguiente lo conté a mi mujer y a otras personas) que iba a caballo por una angosta senda alpina, bordeada a la derecha por un abismo y a la izquierda por una roca perpendicular. la senda fue haciéndose cada vez más estrecha, hasta el punto de que el caballo se negó a seguir adelante, resultando también imposible, por falta de sitio, dar la vuelta o apearme. en este apuro, golpeé con la fusta que empuñaba con la mano izquierda la roca vertical y lisa, invocando el nombre Dios. La fusta se alargó infinitamente, cayó la roca y apareció antes mis ojos un amplio camino, al fondo del cual se extendía un bello paisaje de colinas y bosques, semejante al de Bohemia, por el que avanzaba un ejército prusiano con las banderas desplegadas. Al mismo tiempo, me preguntaba cómo podría comunicar rápidamente tal suceso a V.M. Desperté contento y fortificado. El sueño llegó a cumplirse.

Carta de Otto von Bismarck a Guillermo I
En algún momento de la primavera de 1863
El sueño resultaría premonitorio: la revuelta polaca fue aplastada y 
la guerra contra Austria solo duró siete semanas. 







Es una pesadilla, Maruja. Paso todo el día en una trinchera y cuando cierro los ojos vuelvo a verla, una y otra vez. Todas las noches sueño con este mismo infierno. Anoche, por ejemplo, soñé que Enrique moría a mi lado, que una bala le atravesaba la cabeza mientras estaba junto a mí en la trinchera. En lugar de apenarme, yo le quitaba las botas y la chaqueta y me las ponía. Me he despertado sudando. Cuando Enrique me ha preguntado si me pasaba algo, he mirado su chaqueta un momento y he pensado que efectivamente es mejor que la mía. 

Carta de José Pellicer a su novia, Maruja Veloso
En algún momento de principios de 1937.
Es probable que Pellicer se refiera a Enrique Marco, uno de los primeros en alistarse a la Columna de Hierro que él había contribuido a fundar. Enrique sobreviviría a la guerra y a varios campos de concentración; Pellicer no. Curiosamente, después de la lectura de la biografía de Pellicer, yo también soñé durante un tiempo con las botas de un muerto.






He asesinado a mi mujer y la corto groseramente en pedazos que luego envuelvo y amarro apresuradamente en papel. Todo cabe en una caja fácilmente manejable. Mi única opción es convertirla en vino o alcohol. Voy a la destilería. Entro sin llamar a la puerta en un cuarto donde se encuentran tres jovencitas vestidas con una blusa. Dos están sentadas y la tercera está de pie cerca de una puerta mediana (como de una cantina). O bien yo les hago un guiño, como si nos conociéramos, o bien espeto en un tono desenfadado, cualquier cosa, algo así: "¡Traigo 50 kilos de buena barbacoa!" La joven que estaba de pie me lleva a una esquina, donde comienza a examinar mi mercancía. Mi paquete tiene todos los sellos de calidad deseables, pero la joven asegura que la compañía que yo represento no es cliente de su Sociedad y que voy a tener problemas para cerrar el trato. Para una muestra, le saco de mi paquete una serie de botellas pequeñas. Esto sin ningún compromiso, más que como una mera formalidad banal, pero, para mi sorpresa, encuentro cada vez más y más botellitas, unas de vino rojo, otras de vino blanco y vino rosado, toda clase de alcohol, incluso una garrafa de agua minúscula más bien llena y sobre todo sin corcho. Se podía meter el dedo en el cuello de la garrafa sin que se vertiera, lo que me parecía una indubitable demostración experimental de ósmosis o de capilaridad. Al final, toda esta representación se muestra inútil. Un hombre sale de de una oficina de al lado y me dice que tendré problemas si no encuentra mi nombre en unos ficheros. 

La cámara oscura. Georges Perec
Mayo de 1971

sábado, 16 de noviembre de 2013

registro de los sueños acontecidos entre el veintiocho de septiembre y el quince de noviembre


[The grub stake, 1923]




29 de septiembre

Mi hermano va montado en algo parecido a un monopatín, se cae y le veo llorar y gritar de dolor. Cuando me acerco, está sentado en el suelo agarrándose la rodilla de la pierna derecha. Le digo que no es nada y que deje de quejarse, pero cuando me acerco más veo que uno de los huesos de la pierna está roto y le atraviesa la piel y el músculo del gemelo. Mi hermano es mucho más pequeño, tiene como unos once o doce años, pero yo tengo la misma edad que ahora.



4 de octubre

Me duele mucho un diente, uno en concreto del fondo de la boca. El dolor es cada vez más intenso, hasta que casi no me deja hablar ni abrir los ojos. Le pido a mi padre que mire qué me pasa. Él mira dentro de mi boca y me dice: "es normal que te duela, te está creciendo una galaxia". Me acerca un espejo de mano y veo la espiral de una galaxia al fondo de mi boca, cerca de la campanilla. 



5 de octubre

Estoy sola en un bosque, de noche. Se oyen muchos sonidos, pero no tengo miedo. De alguna manera es un sitio conocido, aunque no he estado antes. A lo lejos veo a un hombre que avanza entre los árboles con paso decidido. Intento caminar más deprisa para alcanzarle. Va vestido con un traje que parece de principios del siglo XX, aunque no distingo bien sus ropas. La maleza no me deja avanzar con rapidez, y le acabo perdiendo de vista. Cuando vuelvo a verlo está parado junto a un árbol. Me mira unos instantes y se pega un tiro en la cabeza con un revólver que saca del bolsillo. Antes de que pueda acercarme a él, una chica vestida de blanco sale de entre los arbustos, le coge de las muñecas y se lo lleva arrastrando por el bosque. Antes de desaparecer, se detiene y me dice: "No te preocupes, lo hace todas las noches".



20 de octubre

Estoy sentada en una habitación vacía que tiene los muros de piedra. No hay ventanas, pero por el techo entra algo de claridad. Tengo el pelo muy largo, tanto que se extiende por el suelo de la habitación. Durante todo el sueño estoy trenzándolo. En la trenza voy metiendo todo lo que encuentro por el suelo de la habitación: varios helechos, una dentadura postiza, una peonza, una cuerda de colores.



27 de octubre 

A mi amigo Diego le pone una multa la policía. No tiene dinero para pagarla, así que le obligan a ir a limpiar cubos de basura. Decido acompañarle para que no tenga que estar tantos meses yendo a limpiar. Nos dan un chaleco fluorescente, un cepillo y un cubo de agua con jabón. Los cubos están vacíos, pero nos obligan a entrar dentro de cada uno de ellos para limpiar todas las esquinas. 



2 de noviembre

Estoy en un entierro, vestida de luto y con un ramo de flores en las manos. No sé quién se ha muerto, porque el ataúd está cerrado. Solo estamos el enterrador y yo, no hay ningún familiar del muerto ni ningún conocido. Cuando acaba de echar tierra sobre la caja, el enterrador me dice "márchate ya, no merece la pena". Le respondo que no sé quién ha muerto. "Eres imbécil" - me dice - "Ha muerto un laberinto". Tira la pala al suelo con rabia y se marcha. 

martes, 3 de septiembre de 2013

de lo que dijo Clara Bow cuando Robert Savage intentó suicidarse o de cómo los hombres de verdad utilizan pistolas




Mi padre me inculcó desde pequeña el gusto por las películas antiguas, especialmente el cine mudo. Las veíamos casi siempre los domingos por la tarde, y mi padre nunca me dejaba hacer palomitas. Decía que las películas no estaban hechas para atiborrarse a comida mientras las veías, ni siquiera los bodrios actuales de Hollywood. Era una falta de respeto. Mis preferidas eran las de Chaplin y Keaton, porque me hacían reír. No entendía aún la crítica social que había en ellas, pero era gracioso ver cómo perseguían y golpeaban a los protagonistas. Con seis o siete años ya había visto varias veces la filmografía completa de ambos. A los doce o trece empecé a sentir fascinación por las actrices del cine mudo, y es algo que todavía me sigue pasando. Las actrices actuales no me dicen nada, me recuerdan a estatuas de diosas antiguas: hermosas, pero distantes e inexpresivas. Las divas del cine mudo eran todo lo contrario. Tenían esa belleza extraña y tenebrosa de los cuentos de terror. Ese aire macabro que el maquillaje que se usaba en el cine mudo acentuaba aun más: para que el público pudiese apreciar mejor los gestos de los actores en una cinta en blanco y negro y de baja calidad, se les pintaban los labios y el contorno de los ojos de color negro y la piel de blanco. 

De todas aquellas actrices, mi preferida siempre fue Clara Bow. De alguna manera, Bow había conseguido sobrevivir a una infancia marcada por la enfermedad mental de su madre y las palizas de su padre, un disminuido psíquico. Fue la única de sus hermanos que lo consiguió. La madre era propensa a sufrir ataques, y atormentaba continuamente a su hija diciendo que tenía que matarla. Una noche, la muchacha se vio despertada de un sueño profundo por su madre, que blandía un cuchillo de cocina con el que pretendía cumplir la promesa que tantas veces había repetido. "Este mundo es terrible, estarías mejor muerta", la oía repetir. Afortunadamente, se desmayó antes de poder cumplir la tarea.

Supongo que esto marcó a Bow, que nunca se tomó la vida demasiado en serio. En una ocasión, Robert Savage, uno de sus múltiples amantes, se obsesióno con ella hasta la locura. Viendo sus avances burlados, Savage se tumbó sobre un diván y se cortó ligeramente la muñecas de modo que la sangre fluyera sobre un retrato de Bow. Ésta convocó una rueda de prensa, y todos los periodistas imaginaron que iba a expresar su pena por el desgraciado incidente. Sin embargo, Bow no era el tipo de persona que lamenta las idioteces de los demás. Dijo que cómo se atrevía Savage a insultarla con una demostración tan tibia. Un hombre de verdad habría utilizado una pistola. 


sábado, 10 de agosto de 2013

transcripción de los sueños acontecidos entre el 24 de junio y el 10 de agosto




28 de junio

Estoy en una casa baja, de campo. Es de noche y miro por la ventana. Fuera hay una gran tormenta, con muchos rayos. De repente, cae un rayo sobre la casa de enfrente. No me sorprende, de alguna manera sé lo que va a suceder. Otro rayo cae sobre otra casa cercana, que empieza a arder. Miro el reloj, sé que está a punto de pasar algo. Dan las doce y cae un rayo sobre la casa en la que estoy. A mí no me sucede nada, pero un gato que hay en la casa estalla en miles de chispas blancas.


5 de julio

Mis dientes comienzan a ponerse negros. Meto un dedo en la boca y noto cómo las muelas se deshacen en pequeñas bolas negras que se caen de la boca. Meto más dedos y empiezo a palpar más muelas, pero a todas les sucede lo mismo. Me miro en el espejo y veo que apenas me quedan dientes. 

17 de julio

Voy andando por el parque que había cerca de mi anterior casa. No hay mucha luz y está vacío. Han crecido mucho los arbustos y las plantas, como si hubiese sido abandonado. Aparto la maleza y al otro lado veo a unos ciervos enormes comiéndose el cadáver de otro ciervo.

22 de julio

Oigo pasos corriendo por el tejado de mi casa. No me sorprende, pero sí me da miedo. De repente, los pasos se paran y veo cómo se hace un agujero en el techo. En el agujero aparece una mano y parte de un brazo. La piel es muy blanca y los dedos son muy largos. La mano parece buscar algo. Yo intento correr hacia la puerta para salir de la habitación, pero la mano me agarra del pelo y caigo al suelo. 


30 de julio

Una chica desconocida me regala su trenza del pelo. El regalo me gusta mucho, así que lo cuelgo con una chincheta en la pared de la habitación.


2 de agosto

Mi madre pierde los dos dientes de delante, de la parte superior de la boca. Miro esos dos agujeros negros y sé que a mí va a pasarme lo mismo.


3 de agosto

Estoy en medio de unos disturbios enormes. Es de noche. Corremos por una calle y de repente vemos cómo la Policía estrella contra un muro una furgoneta ardiendo que pasa justo a nuestro lado. Después de la furgoneta, se estrella otro coche y otro más. Dentro de los coches no va nadie. Nos damos cuenta de que al otro lado de la calle está pasando lo mismo, y de que nos hemos quedado atrapados en medio de dos incendios. Alguien nos grita que saltemos la valla de un colegio que tenemos enfrente. Yo no estoy muy de acuerdo porque el colegio es como una ratonera, pero acabo saltando porque no hay muchas más opciones. A pesar de todo, dentro del colegio conseguimos despistarlos y salir por otro lado de la vaya sin que nos vean. 

martes, 23 de julio de 2013

sobre el cronovisor, la física cuántica y las máquinas capaces de fotografiar el pasado



Últimamente leo de forma obsesiva sobre física cuántica. No tengo ninguna formación en física, así que las lecturas son desordenadas y confusas, y tengo que leer delante del ordenador para poder consultar algunos términos en el buscador. Pero merece la pena. Me siento como si hubiese encontrado un libro de fórmulas alquímicas que nadie más conoce. Algunas palabras incluso las repito en voz alta, como si fuesen capaces de abrir una puerta a dimensiones ocultas en la pared de mi habitación: antiquark, partículas mensajeras, brana, supergravedad de la dimensión superior, antimateria, transición blanda, espuma cuántica. No sé si a los físicos les pasa eso, pero yo tengo la sensación de que falta un único término, una única fórmula, para que todas las piezas encajen y sea posible casi cualquier cosa: puertas a otras dimensiones, viajes en el tiempo, rupturas deliberadas del espacio-tiempo. 

De hecho, puede que ya alguien lo haya conseguido. Que alguien haya dado con esa fórmula que permite encajar todas las piezas, con el mapa que permite montar la máquina del tiempo. En los años 50, el físico Marcello Pellegrino Ernetti afirmó haber creado junto con otros científicos una máquina capaz de captar imágenes del pasado. La llamó cronovisor. La máquina, compuesta de tres cuerpos, constaba de un prisma central donde se formaban las imágenes, como una especie de holograma. 




Los científicos afirmaron haber captado imágenes de hechos tan lejanos como la captura de Napoleón, uno de los más famosos discursos de Cicerón o la agonía de Jesús de Nazaret durante su crucifixión. Supuestamente, esas imágenes proyectadas en el interior del cronovisor habrían sido fotografiadas por los científicos, que asistieron a su proyección fascinados por la posibilidad de ver el pasado. En los años setenta, la prensa italiana difundió algunas de esas imágenes, pero Ernetti dijo que eran falsas, que las auténticas fotografías del pasado nunca habían salido a la luz. Después de que la investigación fuese divulgada, el Vaticano, que había financiado el proyecto de Ernetti, decidió cerrarlo. El cronovisor fue desmontado y almacenado en un sótano cubierto de polvo. 

Me pregunto qué verían aquellos científicos, que imágenes se proyectarían en aquel extraño aparato. Según la física, el tiempo es otra dimensión más, algo más parecido a una superficie que a una línea, como normalmente estamos acostumbrados a pensar. Me pregunto si serían capaces de saltar de un lugar a otro de aquella superficie, si realmente fueron capaces de abrir una puerta que permitía conectar con otras dimensiones. Dimensiones en las que Napoléon estaba siendo arrestado y encarcelado, en las que Cicerón repetía una y otra vez el mismo discurso. Dimensiones en las que yo escribía esto en un ordenador y vosotros lo leíais. 

domingo, 23 de junio de 2013

transcripción de los sueños acontecidos entre el 7 de mayo y el 23 de junio de 2013

Posle Smerti, Yevgeni Bauer, 1915



Durante los dos últimos meses se me han estado repitiendo con especial intensidad dos sueños recurrentes. En uno, del que ya hablé aquí, sueño que estoy en una trinchera y que me pongo las botas de un muerto. En el otro sueño con un chico vestido de gris. Hace unas semanas decidí apuntar los sueños para ver cuántas veces se repetían. Esta es la transcripción:

7 mayo

Subo unas escaleras muy estrechas, que giran sobre sí mismas. Intento ir rápido, pero el vestido no me deja avanzar porque me lo piso continuamente. Las escaleras no se acaban nunca. Sé que debo darme prisa.  Miro hacia atrás como si algo o alguien me persiguiese, pero está muy oscuro y no se ve nada. Delante de mí tampoco veo nada, solo los escalones más próximos.

11 de mayo

El chico vestido de gris está junto a mi cama, de pie. Lleva la misma ropa de siempre, el jersey de rombos blancos y grises y unos pantalones oscuros. Yo estoy en la cama, durmiendo, a pesar de que sé lo que él hace. Pasados unos segundos, se agacha junto a mi cama y me grita al oído "¡Layla!". En ese momento me despierto.

17 de mayo

Me regalan un gato que lleva pantalones de rayas negras y verdes. Yo quiero quitárselos, pero me dicen que tengo que dejarlo así porque esa raza es especial. Cazo saltamontes para alimentar al gato.

18 de mayo

La casa está llena de gente que no conozco. Todos hablan entre sí, pero no me prestan atención, como si no me viesen. Voy a la habitación y hay una chica de cuclillas en un rincón. Me dice "¿No ves que no pueden verte?". Me coge la mano con violencia, la abre y me señala un dibujo que tengo en la palma. El dibujo es una M mayúscula. "A este lado eres invisible", me dice.

22 de mayo

Soy una de las supervivientes de una especie de plaga extraña. Consigo llegar a una base donde hay otros supervivientes. Nos sientan en una enorme mesa de reuniones y nos reparten unos planos y unos aparatos electrónicos, una especie de radar. Los militares de la base nos dicen que la plaga ha sido provocada por ellos, porque la humanidad necesita regenerarse. Debemos ir a los lugares que indican los planos y esperar allí un año. Después, podemos salir y reconstruir la civilización. El edificio que tengo en mi plano tiene forma de flor.

1 de junio

El chico de gris está de pie a unos metros de mí. Estamos en un parque, y parece otoño. Le miro, y él levanta la mirada y sonríe levemente. Como si esperase encontrarme allí. Va vestido como siempre, con una moda como de principios de los ochenta. El pelo también lo lleva así.

3 de junio 

Voy vestida de militar, con botas y ropa de camuflaje. Estoy apostada en un sitio alto, desde el que tengo mucha visibilidad. El paisaje es desértico y polvoriento. Hace calor. Oigo un ruido y apunto con la mirilla del rifle. Tengo en el objetivo a un militar rubio, alto y fuerte. Apunto a la cabeza y disparo. Cae al suelo fulminado. Sin detenerme, apunto a la cabeza de otro que llega corriendo hasta el primero. Disparo y acierto de nuevo. A mi lado, un compañero me dice "Venga, Layla, son nuestros, son nuestros". Apunto a un tercero y a un cuarto y acierto también. Mi compañero se ríe. Por la frente me cae un sudor frío.

12 de junio

Me regalan un libro forrado en piel oscura. Sé que es muy importante que no le pase nada, así que lo envuelvo en papel de aluminio.











viernes, 14 de diciembre de 2012

la plaga de libélulas del 17 de abril de 1803






"Al principio la muchacha apenas notó la existencia del escarabajo, porque la cuerda que los unía era larga como los hilos que se desprenden del verano o como los cabellos de las monjas que rezan a santos de dientes afilados. Sin embargo, pronto llegó el invierno, y el escarabajo no pudo seguir alimentándose del vino azul que desprendían los enebros, así que comenzó a masticar la cuerda que le unía con la muchacha. Poco a poco la cuerda fue haciéndose más corta, hasta que solo le separaba un palmo de la muñeca de ella. La excesiva ingesta de cuerda le había hecho crecer hasta alcanzar el tamaño de la mano derecha de un enterrador portugués, que como todo el mundo sabe tienen derecho a estrangular a los agonizantes desde que la ciudad fue asolada por una plaga de libélulas el 17 de abril de 1803. Cuando no quedó cuerda, el escarabajo empezó a morder la mano de la muchacha".


Layla Martínez
[poemario en construcción]

lunes, 3 de diciembre de 2012

el viento traía extraños gemidos




"Seguimos a la muchacha sin ojos entre los tentáculos fríos y silenciosos. Entre los tentáculos que crecían cada noche en voz baja y atrapaban a los caminantes que se quedaban dormidos en la espesura. Cuando dejábamos de verla a causa de la maleza seguíamos la luz de su candil y el rastro de polen que salía de sus ojos. El polen que caía formando pequeñas gotitas translúcidas como las larvas de los insectos. El viento traía gemidos extraños del fondo de los pozos, pero nosotros caminábamos en silencio para no molestar a las mujeres sin cabeza. A las mujeres que buscaban sus cabellos pero solo encontraban hilos negros que en realidad eran trampas colocadas por las tribus que acechaban en la espesura. Después las encerraban en jaulas y se las vendían a los turistas a cambio de llaves que no abrían ninguna puerta y de libros en lenguas desconocidas."


Layla Martínez
(proyecto en construcción)


viernes, 26 de octubre de 2012

Manifiesto Antropófago

[Oswald de Andrade]



1. Solo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente.

2. Tupi, or not tupi, that is the question.

3. Estamos cansados de todos los maridos católicos sospechosos en situación dramática. Freud puso fin al enigma mujer y a otros temores de la psicología impresa.

4. Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Perezosos en el mapamundi de Brasil.

5. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos.

6. Pregunté al un hombre lo que era el Derecho. Él me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba Galli Mathias. Lo devoré.

7. La fijación del progreso por medio de catálogos y televisores. Solo la maquinaria y los transfusores de sangre.

8. La alegría es la prueba del nueve.

9. Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.

10. Catiti Catiti Imara Natiá Notiá Imara Ipejú.


Manifiesto Antropófago
Oswald de Andrade, 1928


[el texto completo está disponible en la biblioteca del blog. Un consejo: no leáis las notas a pie de página, al menos en la primera lectura. Explican demasiado]

miércoles, 17 de octubre de 2012

como si te despertases de un sueño muy, muy espeso o como si tuvieses un líquido oscuro y denso en el cerebro




Odio usar el blog para quejarme, pero ayer tuve un día de mierda. Llevo casi un mes arrastrando mogollón de cansancio y de problemas de salud. En este último mes he tenido que mudarme de casa, he perdido amigos que se han ido a trabajar fuera de Madrid y de España, he perdido el curro que representaba casi todos mis ingresos y he tenido que hacer frente a problemas económicos importantes en la familia. En realidad no es nada que no le esté pasando a la mitad de este país de mierda que se está cayendo a pedazos, y ni siquiera es tan grave como lo que le pasa a mucha gente que tiene que afrontar desaucios o que tiene que dar de comer a sus hijos, pero supongo que ayer mi cuerpo dijo que ya estaba bien. A las seis y media me desplomé en el suelo del salón. Se me empezó a nublar la vista y después solo recuerdo a mi hermano zarandeándome y al perro aullando como un lobo. Estuve poco tiempo inconsciente, pero es una sensación muy rara, como si te despertases de un sueño muy, muy espeso o como si tuvieses un líquido oscuro y denso en el cerebro. Me llevaron al hospital y me hicieron varias pruebas, pero solo era un bajón físico. El médico me dijo que lo veía a diario, que desde hacía un par de años los problemas derivados del estrés y del cansancio estaban en límites alarmantes. La Máquina debe de haber decidido que la contaminación, las jornadas de trabajo extenuantes y los transgénicos son métodos de genocidio demasiado lentos, y ha optado por acelerar el proceso. Para qué matar de obesidad a alguien si puedes matarlo de hambre. O mejor: de las dos cosas a la vez.

Acabo de despertarme después de dormir quince horas seguidas y tengo la sensación de haber estado toda la noche soñando los mismos sueños, como en un bucle. He vuelto a soñar con que estaba en una trinchera y alguien cantaba, creo que ya lo conté una vez. También he vuelto a soñar con el chico del jersey gris, con el que sueño tan a menudo que tengo la sensación de conocerle. Y he soñado una forma de arreglar que ayer no pudiese estar en el recital. Creo que la pondré en práctica este fin de semana, y espero que sirva como disculpa y como agradecimiento por todas las muestras de cariño, que han sido muchas. Ya lo veréis, espero que os guste.

[no me deja comentar en el blog, pero muchas gracias a todos por los ánimos, de verdad que me llegaron. El perro se llama Urko]

domingo, 14 de octubre de 2012

una historia sobre ciervos



Un amigo me dijo que el collage era el arte de los locos, porque sacabas lo que tenías en el fondo de la cabeza, lo que ni siquiera tú sabías que existía. No sé si será cierto, pero a mí es de las cosas que más me relajan. La poesía a veces duele y el análisis político exige mucho, pero para el collage puedes dejar la mente en blanco y preocuparte solo de recortar brazos, de encajar cabezas de insectos con cuerpos de ancianos,  estampas de santos con fotografías viejas de niños disfrazados. Hace poco descubrí que también podía hacer collage en vídeo, y ahora cuando necesito parar de darle vueltas a algo, me paso tardes enteras buscando vídeos en Youtube, los edito y salen cosas como la de más arriba. Supongo que tiene mucho que ver con "El libro de la crueldad", que hay imágenes y obsesiones parecidas. Está hecho a partir de escenas de películas como "Gummo" o "Fausto", de documentales, de imágenes tomadas con cámaras nocturnas en el bosque, de programas de sucesos paranormales, de vídeos caseros colgados en Youtube. Supongo que cuenta una historia. Sobre los ciervos, o sobre la crueldad o sobre mí, no lo sé. 

viernes, 5 de octubre de 2012

espero que mi abuela se me aparezca




Mi familia es muy católica, sobre todo mi abuela materna. He vivido con ella mucho tiempo, tanto de pequeña como de más mayor y todavía recuerdo cómo me aterraban sus historias. Yo dormía en una habitación con dos camas y ella me decía que en la otra dormía mi ángel de la guarda. Yo me imaginaba al ángel tumbado sobre la colcha mirándome fijamente y tenía pesadillas casi todas las noches. Mi ángel de la guarda siempre me aterró, me lo imaginaba pegado a mí constantemente, vigilándome con sus dos ojos enormes abiertos.

Por la tarde yo era demasiado pequeña para salir a la calle sola, así que mi abuela me llevaba con ella. Normalmente íbamos a casa de algún familiar, una tía o una prima. Me ponían a merendar y ellas hablaban de sus cosas en la habitación de al lado. La mayoría de las veces no era interesante, cotilleos sobre todo, pero a veces sí. A veces empezaban a acordarse de alguien que ya había muerto y entonces una de ellas decía "¿pues sabes que la Marta dice que la ha visto? Me lo contó llorando el otro día, la pobre, dice que la vio en la esquina de su habitación.", "Pues esa chica es muy formal, si lo dice es que es verdad", "Ea, ¿y para qué iba a mentir la Marta en eso? Dice que la vio allí mismo, con la misma ropa con la que la enterraron", "¿Y la dijo algo?", "No, dice que la miró y volvió a desaparecer." "Pues eso es que la muerta no está contenta.", "Eso la dije". Y seguían hablando de sus cosas.

Mi abuela también ha visto a su madre. Dos veces. Una en el que era su dormitorio, al lado de la cama, y otra bajando las escaleras de la casa. Desde entonces reza el rosario todos los días, y parece que la muerta está contenta con eso, porque no ha vuelto a aparecerse. En mi pueblo, en la zona de la Alcarria, esas historias eran frecuentes. La muerte no era definitiva. El muerto seguía presente por todas partes: en la casa se ponían velas a su foto, se iba a limpiar la lápida y a contarle las novedades, e incluso podía volver a aparecerse por muchos motivos, generalmente porque algo no se había hecho como ellos querían. Normalmente bastaba con darles una misa o rezar para que se contentasen, pero había que hacerlo. Si no lo hacías, se iban enfadando y entonces tiraban cosas por la casa o te arañaban las piernas por la noche. De pequeña todo eso me aterrorizaba, me imaginaba a mi bisabuela bajando por las escaleras o a mi bisabuelo apareciéndose en la esquina de mi cuarto. Sin embargo, ahora que mi abuela es muy mayor y está enferma, me parece una idea bonita. Espero que venga a casa a tirar cosas por la noche.


martes, 25 de septiembre de 2012

una historia de las que hacen y curan heridas para un día como hoy


Severino Di Giovanni


América Scarfó



Investigando para un artículo que espero que se publique pronto (he puesto velas a Marilyn Manson y a Santa Gema bonita) me encontré con una historia de esas que hacen heridas. O que las curan, no lo sé. De todas formas me apetecía contarla, sobre todo un día como hoy, en que la gente sencilla y valiente saldrá a la calle para luchar por lo que es suyo.

Argentina, 1928. Severino Di Giovanni es perseguido por la policía por luchar para que unos pocos no decidan sobre la vida de todos, por creer que es posible cambiar las cosas. Acepta la invitación de la familia Scarfó, que se ofrece a refugiarlo en una habitación de su casa, una especie de piso franco. Di Giovanni llega allí de noche, con su mujer y sus dos hijos pequeños. Solo tiene veinticuatro años, pero aparenta muchos más. Quizá porque su mirada hace daño incluso cuando se ríe. Se sienta en la mesa de la cocina y le pregunta a los tres hijos del matrimonio Scarfó si son anarquistas. Todos dicen que sí. El mayor solo tiene unos años menos que Di Giovanni, y pasa a formar parte de su grupo de afinidad, de los compañeros con los que seguirá luchando a pesar de estar perseguido. La menor tiene quince y se llama América. Él la mira y sonríe. No lo ha dudado ni un momento.

Pasan las semanas y la estancia en casa de los Scarfó comienza a prolongarse. El matrimonio de Di Giovanni hace mucho que no funciona, quizá nunca lo hizo, y él empieza a enamorarse de América. En medio de una casa llena de gente y de una cuidad llena de plomo y cenizas. Ella es solo una adolescente y él empieza a ser atacado por todos los frentes, incluso dentro del propio movimiento. América le defiende escribiendo una carta a Émile Armand, el teórico más importante del amor libre, un francés loco que creía en el amor por encima de todas las cosas:

"Creímos, al principio, que sería imposible. Cada uno continuó viviendo entre la duda y el amor. El destino hizo lo demás. Abrimos nuestros corazones, y nuestro amor y nuestra felicidad comenzaron a entonar su canción en medio de la lucha y del ideal. El amor libre que no conoce barreras ni obstáculos. También su mujer simpatiza con nuestras ideas. Fue así como la esposa de mi compañero y yo hemos llegado a ser amigas. Ella no ignora nada de lo que representa para mí el hombre que vivía a su lado, porque él se lo confió. Por otra parte, él la dio libertad de actuar como ella deseara. [..] Pero he aquí que algunos se han erigido en jueces. Hay también otros que nos tratan de degenerados y de enfermos. A todos ellos les contesto: ¿por qué? ¿porque vivimos la vida en su verdadero sentido? ¿porque amamos sin importarnos los códigos o las falsas morales?"

Sin embargo, la militancia es arriesgada y Di Giovanni acaba siendo detenido en 1930, junto al hermano de América, Paulino. La orden del Presidente Uiburu es clara: deben ser ejecutados. América tiene que huir y las cartas de amor que le escribía a Severino son confiscadas por el gobierno. No las recuperará hasta sesenta años más tarde, con 86. "No vengo a pedir nada, vengo a reclamar lo que es mío", dijo.





[La obra más importante sobre amor de Émile Armand, "Vida sensual y camaradería amorosa", puede encontrarse en la biblioteca del blog.]
 [Esta entrada va con especial cariño a todos lo que me leen desde Argentina, que sé que son algunos]

domingo, 23 de septiembre de 2012

los bosques de maleza



Preparamos la tarima
donde serán ahorcados
los ancianos
que hablaron de la sífilis
demasiado alto,
las ancianas
que fingieron ser
muchachas leprosas
de piel delicada.

Observamos los cuerpos
que flotan en el lago,
pero el pelo de los muertos
fermenta despacio:

no tenemos tiempo
de rociar con ácido
los bosques de maleza.





jueves, 19 de julio de 2012

el corto verano de la anarquía




Ayer, día 18 de julio, se cumplieron 76 años del golpe de Estado que instauró la dictadura del general Franco. Pero es una fecha que no me importa en absoluto. Lo que me importa es lo que pasó el día siguiente, el 19, cuando comenzó la Revolución Social. En España ha habido varias guerras civiles, pero lo que pasó entre 1936 y 1939 no fue una guerra civil. No os creáis a los que os digan que fue una guerra fraticida, porque no lo fue. Lo que sucedió entre 1936 y 1939 fue una revolución social y una contrarrevolución, una guerra de clases.

El día 19 estalló la insurrección y, con ella, la fiesta. Las milicias se organizaron en unas pocas horas, de forma autónoma, y los milicianos se armaron y partieron al frente. En las zonas en las que los contrarrevolucionarios no consiguieron tomar el poder enseguida, la sociedad comenzó a organizarse de forma autogestionada: se tomaron fábricas, se colectivizaron tierras, se organizaron consejos obreros, se tomaron los medios de producción, e incluso en algunos sitios se abolió el dinero. Y empezó el verano más hermoso que ha habido nunca aquí, el corto verano de la anarquía, como lo llamó Enzensberger. Luego llegó el invierno, y el frío y la nieve, pero ésa es otra historia. 

lunes, 16 de abril de 2012

sueño con las botas de un muerto




Hoy me contaron la historia de José Pellicer y lloré. Decían que antes de la guerra José leía casi un libro diario, que leía hasta cuando iba andando por la calle. Que se afilió a la CNT y a la FAI con dieciocho años, que era vegetariano, que pertenecía a un grupo naturista, que hacían excursiones por la sierra y se bañaban en el río desnudos. Dicen que conoció a su mujer en una clase de Esperanto, que nunca se casó con ella porque no creía en los contratos. Dicen que durante la República estuvo varias veces en la cárcel por participar en disturbios durante las huelgas. La primera de ellas detuvieron a tanta gente que tuvieron que habilitar un matadero como cárcel. Los esposaron y los pusieron en fila. Un policía lo reconoció y le dijo que no iba a parar hasta que lo fusilasen. Él le pegó una patada tan fuerte que el policía cayó al suelo y después le escupió. A José le pegaron una paliza y le condenaron a muerte, pero estalló la guerra y la revolución y pudo salir de la cárcel. Fundó la Columna de Hierro junto con unos compañeros y luchó hasta el final en el frente. Dicen que creyó en la revolución hasta su muerte. Que se negó a marcharse al exilio aunque todo esta perdido. Que lo fusilaron junto a su hermano, el 8 de junio de 1942.

Me contaron su historia y lloré porque siempre lloro cuando me cuentan historias de la guerra. Lloro y sueño con ellas. Casi todos los meses sueño que estoy en una trinchera y alguien canta a mi lado y cierra los ojos. Se oyen aviones que nos bombardean y yo sólo pienso que ojalá no haya que correr porque las botas no son mías y me quedan grandes. Son las botas de un muerto. A veces en el sueño disparo y otras no, pero nunca sé si mato a alguien. Solo sé que el retroceso del fusil hace que me duela el hombro cada vez que disparo y el dolor hace que se me salten las lágrimas.

Una amiga mía dice que son recuerdos, no sueños, que cuando tienes sueños tan reales y tan recurrentes es porque son recuerdos de vidas pasadas. Yo no creo en ningún tipo de vida depués de la muerte, pero me gusta la idea de que los sueños son recuerdos. A lo mejor podemos recordar cosas que no hemos vivido y a personas que no hemos conocido. A lo mejor podemos seguir soñando hasta que lo recordemos todo.