domingo, 18 de mayo de 2014

cartas, revistas e incendios




Londres, 1871. Friederich Engels se sienta en su escritorio y saca la pluma y el tintero del cajón. Su labor como secretario de la Primera Internacional le obliga a escribir decenas de cartas a diario, pero en esta ocasión no tiene que ver con la política. O no solo con ella. Engels le está escribiendo a Paul Lafargue, el marido de Laura, una de las hijas de Marx. Durante toda su vida, Engels tratará a las hijas de su amigo como si fuesen las suyas, así que es una carta personal. Lafargue se encuentra en un París a punto de arder en uno de los incendios más hermosos y trágicos que se recuerdan, y en la carta aparecen referencias continuas a la situación política que se vive en la ciudad. Los anarquistas conspiran en cada esquina y llenan París del petróleo que hará que todo salte por los aires cuando alguien encienda una cerilla. Engels se queja de los libertarios. Le molesta que acusen a los socialistas de autoritarios, que les guste juntarse con la chusma de los barrios bajos de la ciudad, que sean una canalla indisciplinada e ingobernable. En público se muestra mucho más comedido, pero se trata de una carta privada, y Engels se siente en libertad para reírse de los anarquistas y burlarse de su gusto por la chusma, el vino y la dinamita. Bakunin tampoco saldrá indemne. Engels se burla de él sin piedad, se ríe de lo gordo que está, de que con su "obeso cuerpo" podría "hacer una barricada él solo". Cuando Lafargue reciba la carta, no tendrá mucho tiempo para leerla. Las predicciones se han cumplido. París arde.





Londres, 1983. Los jóvenes activistas de una pequeña revista local llamada The Alarm se mudan a Londres y entran en contacto con el movimiento autónomo. De ese contacto saldrá Class War, una publicación mucho más ambiciosa que se acabará convirtiendo en un referente generacional. Con un humor negro y macabro, Class War llamará a la violencia directa contra las clases privilegiadas. El capitalismo puede ser atacado y lo más sencillo es hacerlo en su encarnación más directa: los ricos. Una a una, sus portadas dejarán claro su punto de vista. Uno de los primeros números recogía la imagen de un cementerio acompañada de la frase "Hemos encontrado un nuevo hogar para los ricos". El nacimiento del príncípe William en septiembre de 1984 será celebrado con un número titulado "Otro puto parásito" y el de la boda del duque y la duquesa de York con un especial llamado "Mejor muertos que casados". Pero Class War será mucho más que una revista. Con el nombre de "Golpea a los ricos", entre 1983 y 1984 organizarán varias campañas que consistían en incursiones a barrios acomodados y eventos en los que se reunía la gente de clase alta. Allí, ante los ojos aterrirzados de los presentes, desplegaban una pancarta en la que se podía leer "¡Contemplad a vuestros futuros verdugos!".





Londres, 1666. Un relojero francés llamado Robert HUbert confiesa bajo tortura ser un agente del Papa y haber provocado el incendio que acaba de consumir la ciudad. Londres ha ardido durante tres días, convirtiéndose en la puerta del infierno. Cinco sextas partes de la ciudad han quedado destruidas y las llamas han devorado más de trece mil viviendas. Las pruebas demuestran que el fuego ha comenzado en una panadería de Pudding Lane, pero la realidad no tiene mucha importancia. Solo unos días después del incendio, el 28 de septiembre, Hubert era ahorcado en Tyburn, Londres. 

1 comentario:

  1. Incendios e incendiados, recurrir al fuego es un recurso entre mágico y horroroso... Un abrazo.

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