lunes, 7 de septiembre de 2015

La poesía como artefacto explosivo. Recitales y lecturas en revoluciones y conflictos armados




[Filippo Tomaso Marinetti, 1876-1944]



Estamos en Moscú, en 1914. Un Marinetti de mirada arrogante y ceño fruncido llega a la ciudad rusa en medio de una helada descomunal. Su Manifiesto Futurista ha sido leído en Rusia hasta el aburrimiento, y su visita entusiasmaba a todos los aspirantes a ocupar el trono de la vanguardia artística y literaria. “Un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia”, gritaba Marinetti en un francés absurdo. “Un coche de carreras con su capó adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo es lo más hermoso que veréis nunca”. El italiano no está consiguiendo el fervor que espera, pero sigue cacareando desde el estrado con aquellas manos diminutas y aquel bigote lleno de grasa.

“No entendemos nada, Marinetti, tu francés es lo más deplorable que he oído en mi vida”, gritó alguien en ruso desde el público. “No importa que no sepamos francés, eres un impostor, no dices más que mentiras de ricachón aburrido”. El que había hablado era un joven alto y delgado, con la mirada más dura y desafiante que el italiano había visto nunca. “Eres un imbécil, eres profundamente imbécil”, gritó el joven, y comenzó la fiesta. Marinetti no entendía nada en medio de todos esos golpes, no entendía por qué aquellos cuatro energúmenos se habían abalanzado sobre él para darle la paliza de su vida mientras gritaban en ruso. No entendía que aquellos jóvenes se estaban riendo de él mientras le daban patadas y puñetazos sin descanso. No entendía que aquello era un baile y todos querían bailar con él. No entendía que era una fiesta. “¿No decías que no hay nada más poético que la violencia de los puños devorando un rostro hermoso, Marinetti?” gritaba el joven mientras se reía a carcajadas. “Tu coche no es bello, imbécil, solo es la expresión de tu riqueza. Hay que ser idiota para decir que un coche de carreras es más hermoso que la Victoria de Samotracia”, le gritaba entre patada y patada, “lo único que dices es que una cosa es más bella que otra, cuando lo que hay que hacer es extirpar la belleza de las cosas que son bellas. No para transplantársela a las máquinas, sino para aborrecerlas por ser la expresión de una clase dominante”.

En algún momento alguien llamó a la policía y se acabó la fiesta, pero mientras se los llevaban detenidos seguían gritando y riéndose. “Los puños son la verdadera poesía, Marinetti”, gritó uno de los jóvenes mientras se lo llevaban a rastras, y los demás estallaron en carcajadas. En comisaría les identificaron y les metieron en el calabozo durante unas horas. Aquel joven de mirada desafiante era Vladimir Maiakovski y Marinetti nunca olvidaría su nombre.





Un solo poema es más peligroso que veinte comandos enemigos. Los recitales de poesía como arma política


Maiakovski apenas tenía veintiún años cuando interrumpió a puñetazos el recital de Marinetti, pero aquello estaba muy lejos de ser una simple provocación de juventud. Era un acto político. Un sabotaje. El Manifiesto Futurista contenía los gérmenes de una ideología que, bajo la apariencia de una ruptura estética radical, no hacía más que perpetuar las relaciones de dominación existentes. Marinetti desplazaba la belleza de unos objetos a otros, pero todos eran símbolos de las clases dominantes. El poder ya no necesitaba expresarse a través de estatuas que conmemorasen victorias militares, sino a través de la maquinaria y la industria de un capitalismo cada vez más salvaje, y eso era lo que Marinetti alababa. Debajo de su aparente radicalidad, la propuesta del Manifiesto Futurista era una en realidad una mera renovación de los objetos estéticos con los que las clases dominantes expresan su poder, y Maiakovski lo sabía. Solo necesitó dos o tres puñetazos para explicar su postura.
Aquellos puñetazos eran un acto político porque la intervención de Marinetti también lo era. En la medida en que reproducen de forma pública un determinado discurso, todos los recitales poéticos son actos políticos. No importa qué tipo de poesía se lea o qué ideología haya detrás de ella: al recitar, el autor se está posicionando en un determinado lugar dentro del entramado de las relaciones de dominación. Puede que ese posicionamiento sea más fácil de detectar en la poesía social o militante, pero está también en todas las demás temáticas. Un poema sobre el amor, por ejemplo, reproduce también un determinado discurso social sobre éste, ya sea porque perpetúa una determinada forma de entender el amor o porque rompe con ella. Como el resto de relaciones sociales, las relaciones amorosas también están atravesadas por el conflicto, el poder y la dominación, lo que las convierte en relaciones políticas. De esta forma, los poemas de amor son también poemas políticos porque hablan de esas relaciones de dominación, poder y conflicto que se dan dentro de las relaciones amorosas. Aunque no lo parezca, el poema cursi que te escribieron en quinto de primaria también era política.

El posicionamiento del autor se produce ya en el acto de escribir el poema, pero cuando se publica es cuando ese posicionamiento se convierte en un acto político. El discurso que hay en él se convierte en parte de los diferentes discursos sociales sobre un determinado tema, contribuyendo a mantener o destruir las relaciones de dominación de ese momento concreto. Si además de circular de forma impresa ese poema se recita en público, su potencial para conservar o desestabilizar las relaciones de dominación se hace mucho más grande. La lectura pública dota al poema de una capacidad para convertirse en una herramienta política muy potente, ya sea para perpetuar un determinado estatus quo o para luchar contra él. El recital se convierte en un lugar de socialización política, en un acto de lucha en sí mismo. La lectura privada en la intimidad puede hacer que el poema sirva como herramienta de difusión de unas determinadas ideas, pero la lectura pública es lo que permite que se convierta en una herramienta capaz de generar movilización a favor o en contra de esas ideas. El recital socializa el poema, lo convierte en un arma que puede ser utilizada colectivamente para fines políticos, sea en el sentido que sea.


[Vladimir Maiakovski 1893-1930]


Aunque se da también en otros momentos históricos, este potencial político de los recitales de poesía es especialmente significativo durante las revoluciones y los levantamientos populares, ya que se trata de momentos de cambio social en los que los discursos tienen una capacidad de movilización mucho mayor. El propio Maiakovski era consciente de ello: tras el estallido de la Revolución Soviética sus recitales se convertirán en armas de lucha a favor de la consolidación del nuevo poder político. Con cada lectura, Maiakovski engrasará más y más una maquinaria de guerra que utilizará para dinamitar los escombros del régimen anterior, cuyas relaciones de dominación aún seguían atravesando muchos ámbitos de la sociedad rusa. El éxito de esta maquinaria se verá en que Maiakovski será convertido en el poeta oficial de la revolución, en el símbolo del nuevo poder político. Con la consolidación del régimen soviético, lo que hasta entonces había sido un discurso rupturista se convertirá en conservador, pero el potencial político de sus recitales no disminuirá. Simplemente, será asimilado por el Estado y convertido en propaganda, pero esa es otra historia y aún tendrán que pasar algunos años.

Otro de los momentos históricos en los que el potencial político del acto de recitar adquirirá una fuerza especial es durante los conflictos armados. En medio de una guerra, el recital no solo será un lugar de socialización política, sino también de reafirmación de los ideales por los que se lucha. El 4 de diciembre de 1936, un Miguel Hernández de pelo rapado y chaqueta de pana visita la emisora del Quinto Regimiento para recitar sus poemas. Solo hace tres meses que se ha alistado y su cara no es todavía el rostro pálido y cansado de las fotografías de un par de años más tarde. El fusil que lleva colgado al hombro escupe todavía muchas más victorias que derrotas. Durante toda la guerra, Hernández escribirá tres poemarios y sus textos circularán mucho por el frente. Alejado de las élites intelectuales que recitaban en la trinchera por la mañana y dormían en su casa por la noche, las lecturas de Hernández tendrán una capacidad de movilización mucho mayor. Al verle como uno de los suyos, los asistentes a los recitales, que no eran otros que milicianos que peleaban en el frente como él, sentirán de forma mucha más intensa los poemas, por lo que las lecturas cumplirán mejor su función de reafirmación de los valores y los ideales del bando antifascista. Los poemas dejarán de ser simples textos para convertirse en artefactos explosivos.



[Fadwa Tuqan, 1917-2003]


La capacidad desestabilizadora de los recitales de poesía en los conflictos armados será una constante en todas las guerras, incluidas las actuales. Después de la publicación del libro “Mártires de la Intifada” por la poeta palestina Fadwa Tuqan, el general israelí Moshe Dayan declaró en la prensa que un solo poema de su autora era mucho más peligroso que veinte comandos enemigos. Dayan sabía de lo que hablaba. La larga tradición de poetas existente en Palestina había servido como arma de lucha contra la todopoderosa maquinaria de guerra israelí, que a pesar de su enorme superioridad militar es incapaz de aplastar definitivamente la resistencia de un pueblo sumido en la miseria. Si algo han aprendido los palestinos es que todo es susceptible de convertirse en un arma si la arrojas con la suficiente fuerza, sea una piedra o un poema. El Estado de Israel también lo ha aprendido: para contrarrestar la capacidad movilizadora de este tipo de iniciativas, ha intentado desactivarlas apropiándose de ellas en numerosas ocasiones. En junio de 2007, uno de los grandes poetas palestinos, Mahmud Darwish, daba un recital delante de 2000 personas en la ciudad israelí de Haifa. En uno de los poemas que leyó criticaba el fundamentalismo de Hamás, y eso fue aprovechado por la prensa israelí para utilizar políticamente la figura de Darwish. Poco importaba que el compromiso político del poeta con la causa palestina le hubiese puesto en peligro de muerte y llevado al exilio en numerosas ocasiones: sus poemas eran un arma de guerra y tenían que ser desactivados. Un solo poema era más peligroso que veinte comandos enemigos.





Cada poema es una bomba. La poesía como forma de socialización del dolor.


A principios de 1967, un joven de aspecto serio y gesto decidido llamado Leonel Rugama se internaba en las montañas nicaragüenses para unirse al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Solo tenía 18 años, pero qué importaba. Cualquiera de aquellos guerrilleros era demasiado joven para morir en una guerra. En sus tres años de clandestinidad, Rugama escribirá mucho. La selva maltrata a los sandinistas atrozmente y Leonel escribe. Sus poemas circularán por el frente, pasándose de unas manos a otras. De vez en cuando, alguien lee uno de esos textos en voz alta y todos murmuran. Algunos de esos murmullos son oraciones, otros saben que Rugama no va a salvarse. A veces los muertos continúan andando y cantan canciones hermosas como aquellas y parecen vivos, pero en realidad están ya condenados. La selva nunca dejará escapar a Rugama. El 15 de enero de 1970 es abatido por un batallón de la Guardia Nacional de Somoza.


[Leonel Rugama, 1949-1970]



Como Rugama, Isaac Rosenberg también está condenado. Estamos en otro momento y otro lugar, pero Rosenberg también demasiado joven. Quizá todos lo sean. Tiene solo veintiocho años y va a morir en el frente occidental, después de escribir uno de los poemas más atroces de todos los que se compusieron durante la contienda. El poema, llamado “Break of day in the trenches” y escrito en plena batalla del Somme, pasará de mano en mano a lo largo de toda la trinchera. Los soldados se lo leerán unos a otros y murmurarán en voz baja. La crueldad de la batalla no siempre deja tiempo para recitales, pero la lectura en común de los poemas hará que estos sirvan como un vehículo de difusión de las ideas y las emociones de los soldados. De alguna manera, aquellos poemas servirán para socializar el dolor que les destrozaba por dentro y, en la medida que dejaba de ser individual, el dolor no solo se convertía en una herramienta política sino que además era más asimilable.

En muchas ocasiones, como sucederá con Leonel Rugama o Isaac Rosenberg, estos poemas pasaban de mano en mano en revistas o pasquines que se distribuían por el frente. Otras veces, su utilización como herramienta política será mucho más planificada. En enero de 1942, miles de copias del poema “Libertad”, de Paul Éluard eran lanzadas por aviones ingleses sobre la población de París, que permanecía bajo ocupación nazi. Leídos antes de que el ejército ocupante pudiese hacer nada, las hojas se convirtieron en artefactos explosivos en manos de los habitantes de la ciudad.  Cada poema era una bomba.

El ejército nazi aprendió la lección. Ningún otro poema iba a provocar detonaciones delante de sus ojos. En la Grecia ocupada, decidieron poner la solución antes de que eso pasase: el poema “Epitafio”, escrito por un miembro de la resistencia llamado Yannis Ritsos, era quemado a los pies de la Acrópolis poco después de ser distribuido de forma clandestina. Sin embargo, nunca encontraron todas las copias. El poema siguió circulando y siendo leído entre susurros, convirtiéndose en un arma de lucha aún más poderosa que antes. La explosión aún tardaría en producirse, pero los incendios que la provocaron ya habían sido encendidos.


[Yannis Ritsos, 1909-1990]



El potencial de la poesía como herramienta política durante los conflictos armados y las revoluciones será tan grande que acabará devorando a muchos de los que la habían utilizado. Convertido en el poeta oficial de la revolución y utilizado por el Estado soviético como forma de propaganda, Vladimir Maiakovski se pegó un tiro en el corazón el 14 de abril de 1930. Había convocado tormentas demasiado grandes, y los recitales de poesía que antes le había convertido en un héroe del proletariado ahora le hacían parecer un elemento peligroso para el orden social. Maiakovski sabía que todo poema que merezca llamarse así acaba con un disparo. A veces, tiene que ser en el corazón. 



[Este artículo fue publicado originalmente en el número de julio de 2015 de la revista Quimera]

domingo, 16 de agosto de 2015

De accidentes de tren, zoos humanos en el parque del Retiro y reclusiones en hospitales psiquiátricos.


[Jules Sébastien César Dumond d´Urbille]


El momento exacto en el que Jules Sébastien César Dumond d´Urbille, célebre navegante y explorador francés, se da cuenta de que la puerta de su vagón ha sido cerrada con llave y de que, probablemente, va a morir asfixiado. Viajero incansable, Dumond ha recorrido el mundo entero debido a sus estudios de astronomía, botánica, geología y entomología, pero el destino le ha preparado un final irónico. Dumond no va a morir consumido en fiebres extrañas, ni va a ahogarse en el naufragio de su barco, ni va a perderse en el desierto de Atacama. La muerte le espera mucho más cerca, a solo unos kilómetros de París. En 1842, Dumond sube al tren que inaugura la primera línea de ferrocarril entre París y Versalles. Debido a las fiestas de los jardines de Versalles, se habían reforzado los trenes con dos nuevas locomotoras, en una de las cuales viajaba el almirante. La primera locomotora, más ligera y menos potente, se vio empujada por la segunda y descarriló. Las dos locomotoras ardieron y sus ocupantes murieron dentro sin poder escapar a las llamas ya que por medida de seguridad los vagones habían sido cerrados con llave antes de la salida.





[Inauguración del Palacio de Cristal, con decoración que simula la selva filipina]


El momento exacto en el que un obrero de nombre hoy desconocido acaba por fin el lago del Palacio de Cristal, en el parque del Retiro. El lago ha sido construido para que puedan lucirse las canoas de un grupo de nativos malayos que son exhibidos en el parque como parte de un zoo humano, una de las principales atraciones del Retiro en aquel momento. En 1900, por el módico precio de una peseta, se podía asistir a un "desayuno esquimal a base de pescado y carne seca", y tres años antes eran los ashantis, "raza poco inteligente de figura tan bestial que se les podría confundir con un orangután", los que vivaquearon en el parque, dando ocasión a que los antropólogos asistieran a un parto. En el caso de los esquimales a lo que pudieron asistir es a una muerte -o más bien muchas-, ya que de los cincuenta ejemplares exhibidos solo nueve volvieron a su tierra de origen. Lo mismo sucedió con malayos y ashantís, pero como no hay mal que por bien no venga, sus fondos acabaron enriqueciendo el fondo del Museo de Antropología, dando un bello ejemplo de sacrificio por la ciencia. 





[Leonora Carrington]


El momento exacto del día 23 de agosto de 1940 en el que Leonora Carrington, escritora y pintora surrealista, fue ingresada en la clínica psiquiátrica del Dr. Luis Morales, en Santander. Varias circunstancias conducen a este encierro. Tras la invasión nazi de Francia, Marx Ernst, compañero sentimental de Leonara Carrington, fue por segunda vez apresado e ingresado en un campo de concentración en mayo de 1940. A partir de ese instante, ella entra en un estado de alteralción mental agudo que le conduce hasta Madrid y, considerada loca, al citado sanatorio. El Dr. Luis Morales, de ideología nazi, la acoge en su clínica y experimenta con ella, al igual que lo hacía con otros pacientes, una cura ejemplar. En sus palabras, Leonora Carrington sanó "con solo tres sesiones de meduna (choque convulsivo químico con cardiazol)", lo que permitió que "recuperase un buen y bien vivir". La narración de Carrington de este periodo de su vida será, sin embargo, bastante diferente: en sus texto "Abajo" hablará de dolor, de torturas y de tristeza, pero no de curación. 




[Remy de Gourmont]


El momento exacto en el que Remy de Gourmont, novelista y crítico de arte, rompe la relación con su amigo Alfred Jarry, que se había burlado de amada Berthe. Conocida como "Berthe la blanda", "Berthe de los pies grandes" y "la gran dama", Berthe de Courrière había comenzado su relación con el escritor en 1887, después de quedar viuda del escultor Auguste Clésinger. Berthe era una mujer gigantesca, pero las burlas de Jarry no se debían a su físico, sino al gusto un tanto peculiar de Berthe por los sacerdotes. A lo largo de su vida, fue detenida e ingresada en hospitales psiquiátricos en numerosas ocasiones debido a las burlas obscenas y los gestos sexuales con los que acosaba a todos los sacerdotes que aparecían en su camino.




[La primera y última historia las conocí gracias al libro "¡La libertad o el amor!", de Robert Desnos (Cabaret Voltaire). La segunda y tercera gracias al periódico "El rapto", publicado por el Grupo Surrealista de Madrid]

miércoles, 24 de junio de 2015

La ciudad es un campo de batalla


[Derribos en El Cabanyal, Valencia. 2010]


[Derribo de Ofelia Nieto 29, Tetuán, Madrid. 2015]



[Derribos y tapiados en Bon Pastor, Barcelona, 2008]


[Derribos en La Ventilla, Tetuán, Madrid. 2007]


[Derribos en la Colònia Castells, Barcelona. 2011]



"La distribución circular de las chozas alrededor de la casa de los hombres tiene una importancia tan grande en lo que concierne a la vida social y a la práctica del culto que los misioneros salesianos de la región del Río das Garças comprendieron rápidamente que el medio más seguro para convertir a los bororo es el de hacerles abandonar su aldea y llevarles a otra donde las casas estén dispuestas en filas paralelas. Desorientados con relación a los puntos cardinales, privados del plano que les proporciona un argumento, los indígenas pierden rápidamente el sentido de las tradiciones."

Lévi-Strauss, "Tristes trópicos" (1955) 





lunes, 15 de junio de 2015

De flagelantes envueltos en túnicas llenas de sangre, profetas capaces de convocar multitudes y urdir milagros delante de los incrédulos, revolucionarios sociales que predicaban la abolición de las diferencias sociales y agitadores protoanarquistas que defendían la propiedad común




A pesar de ser finales de primavera, en Colonia hace un día oscuro y tormentoso. El cielo llena la ciudad alemana de sombras, pero las verdaderas tempestades bullen en la oscuridad de los callejones. Jean de Brünn, miembro de la Hermandad del Espíritu Libre, está siendo torturado por la Inquisición. La tormenta ahoga sus gritos, pero los rumores se han extendido por toda la ciudad. La consigna del poder ha sido clara, y sus órdenes se cumplirán una por una. El Espíritu Libre debe ser erradicado.
Desde casi un siglo antes de aquel oscuro día de 1335, la doctrina predicada por los adeptos al movimiento herético amenaza con destruir toda forma de poder y dominación en los lugares en los que ha ido arraigando. Las herejías y los movimientos contestatarios se han extendido como una plaga por la mayor parte de las ciudades del centro y oeste de Europa ante la mirada impotente de los guardianes del orden, pero el Espíritu Libre será diferente a todas ellas. Sus adeptos no buscan apuntalar las ruinas de una Iglesia que se hunde en la corrupción y la decadencia ni imponer nuevas formas de dominación. Lo que distinguirá a los miembros del Espíritu Libre de todos los demás herejes medievales será su total falta de moralidad. No se trataba de imponer un nuevo orden, sino de destruirlos todos.

Los miembros de la Hermandad se consideraban a sí mismos hombres y mujeres libres, y, por tanto, creían que no tenían por qué someterse a ninguna norma, fuese del tipo que fuese. Johan Hartman, un adepto arrestado y torturado en Erfurt al mismo tiempo que Brünn, lo había expresado con toda claridad en uno de los escritos que dejará tras su muerte: “El hombre verdaderamente libre es rey y señor de todas las criaturas. Todas las cosas le pertenecen, y tiene derecho a usar todo lo que le agrade. Si alguien intenta impedírselo, el hombre libre puede matarle y tomar sus bienes.” Los textos de Brünn, por los que será torturado hasta la muerte, serán todavía más explícitos. En ellos afirmaba que Dios había creado todas las cosas en común, lo que significaba que todas las cosas debían ser compartidas por los “libres de espíritu”. Si alguien poseía alimentos, era porque debía servir a las necesidades de los hermanos del Espíritu Libre. En la práctica, esta afirmación implicaba que el adepto era libre de comer en una taberna y negarse a pagar. Si el tabernero intentaba cobrarle, merecía ser azotado. En el caso de que un hermano necesitase dinero, debía pedir limosna. Si se la negaban, tenía total libertad para tomarla por la fuerza, y no debía sentir escrúpulos ni siquiera en el caso de que la otra persona muriera de hambre como consecuencia del robo. Cualquier tipo de acto violento estaba justificado, desde las amenazas y las extorsiones a los asaltos a mano armada o los asesinatos. En sus textos, Brünn reconocía haber cometido todos esos actos y afirmaba que eran muy comunes entre los miembros de la fraternidad. Los adeptos no sentían ningún respeto por nadie que no perteneciese a la comunidad y no reconocían la propiedad privada, por lo que sostenían que no tenían por qué someterse a ella. “Creen que todas las cosas son propiedad común”- escribía el obispo de Estrasburgo en 1317- “de donde deducen que el robo les está permitido”.

Esta doctrina de negación de todo orden existente que difundían los adeptos al espíritu Libre los convirtió en un enemigo peligroso para el poder. Durante más de cinco siglos, entre el XI y el XVI, los miembros del movimiento fueron perseguidos por papas, emperadores y príncipes. Primero de forma pública y luego en la clandestinidad, los miembros del Espíritu Libre predicaron su doctrina a lo largo y ancho del continente europeo, irradiándose a partir de Colonia, la ciudad que actuaría como epicentro de la herejía. El rechazo absoluto a cualquier tipo de sumisión o límite hizo a los miembros del Espíritu Libre sujetos peligrosos para los poderosos, que los persiguieron, torturaron y asesinaron sin descanso. Su desafío constante a todo tipo de límites y normas les llevará a rechazar todas las leyes y convenciones sociales, desde las bulas papales a las normas corrientes de conducta. En muchas ocasiones, los miembros de la Hermandad vestían como la nobleza, con joyas y tejidos caros. En la Edad Media, cuando la ropa era un signo claro del estamento al que se pertenecía, ese comportamiento creaba confusión y resentimiento entre los estamentos privilegiados, ya que suponían una amenaza a su posición: “No tienen uniforme”, se lamentaba un clérigo alemán, “a veces visten de modo costoso y disoluto, otras muy miserablemente, siempre según el tiempo y lugar. Como creen que no pueden pecar, piensan realmente que les está permitido cualquier modo de vestir”.


La mayoría de los miembros del Espíritu Libre acabarán asesinados por la Inquisición después de interminables sesiones de tortura. El poder no podía permitir la extensión de una doctrina que negaba cualquier tipo de norma o limitación y que dinamitaba el orden social existente, así que perseguirá sin descanso a cualquier sospechoso de profesar ideas sediciosas. Sin embargo, esta persecución será muchas veces en vano. Papas, reyes y príncipes se verán incapaces de contener la oleada de movimientos heréticos que se extenderá por el continente europeo. Procesiones de flagelantes envueltos en túnicas llenas de sangre, profetas capaces de convocar multitudes y urdir milagros delante de los incrédulos, revolucionarios sociales que predicaban la abolición de las diferencias sociales y agitadores protoanarquistas que defendían la propiedad común recorrían ciudades y pueblos llevando con ellos la semilla de la insurrección. En la base de su pensamiento estará la doctrina milenarista, que defendía la llegada del reino de los mil años después del Juicio Final. En ese reino, el hombre volvería a su condición primitiva, lo que implicaba la eliminación de los malvados, la abolición de la propiedad privada y la eliminación de las diferencias entre unos estamentos y otros. Cuando el milenarismo impregne las capas más desfavorecidas de la sociedad, se convertirá en un movimiento revolucionario cuyos partidarios no dudarán en levantarse en armas para acelerar la llegada del reino de los cielos. La toma de la ciudad de Münster por los anabaptistas o las revolución inglesa de los campesinos serán algunos ejemplos de estos levantamientos, pero el incendio será mucho más extenso y prolongado. Como señala Cohn en el monumental ensayo reeditado ahora por Pepitas de Calabaza, este incendio será finalmente extinguido por la llegada de un nuevo orden social que dará origen al capitalismo, pero las semillas plantadas por los revolucionarios milenaristas continuarán creciendo en la sombra, esperando el momento más adecuado para volver a germinar. Ese momento llegará con la eclosión de los movimientos anarquistas y comunistas a partir del siglo XIX, cuando los conspiradores vuelvan a abandonar las sombras para cuestionar de nuevo el orden social existente. 



[Artículo publicado originalmente en la edición en papel y digital del periódico Diagonal. Enlace aquí]

miércoles, 27 de mayo de 2015

Todo es más hermoso cuando arde




















¿Y si el sueño del ser humano siempre ha sido destruirlo todo? ¿Y si todo es más hermoso cuando arde? ¿Y si las ruinas son más confortables que los edificios? ¿Y si las torres caen? ¿Y si los museos arden? ¿Y si, en realidad, todos anhelamos el Gran Incendio?

jueves, 30 de abril de 2015

BSO de "Las canciones de los durmientes"




Hace unos días se publicó mi segundo libro, "Las canciones de los durmientes". Casi siempre que escribo me pongo música, así que todos mis relatos y poemas están ligados a una especie de banda sonora. Normalmente, cuando empiezo un proyecto nuevo, me suelo poner la radio de Spotify, que selecciona canciones aleatoriamente a partir de una lista de reproducción que tú hayas hecho o un estilo musical que te guste. Empiezo a escribir y las canciones que se me meten en el cerebro las voy enviando a una lista de reproducción. Cuando hay unas cuantas en la lista, la cierro y escribo solo con eso. A veces tardo varias semanas en hacer la lista definitiva, otras veces la tengo en unas horas. A partir de ese momento, la pongo una y otra vez. Normalmente eso acaba produciendo un bucle que me ayuda bastante a escribir. Como si cerrase las compuertas del cerebro que reciben estímulos de fuera y solo quedasen los túneles, los agujeros, los pasillos y los recovecos. Algo así como una especie de pequeño estado de hipnosis, pero consciente y mucho menos profundo. No sé si me explico, es complicado. El caso es que con "Las canciones de los durmientes" también tuve una banda sonora que me acompañó durante todo el proceso de escritura y reescritura, que duró algo más de un año. Las canciones que la componen forman parte del libro, porque al fin y al cabo es lo que tenía en el cerebro mientras estaba escribiendo. No sé si saber qué canciones son añaden algo a la lectura o si leer el libro con la música puesta genera un efecto similar al de escribir con ella, pero de todas formas dejo por aquí la lista de reproducción por si alguien quiere probar. La he hecho también en Youtube por si no tenéis cuenta de Spotify. 



Lista de reproducción en spotify AQUÍ

Lista de reproducción en youtube AQUÍ