viernes, 26 de diciembre de 2014

Descubrimientos de este año




 [Unica Zürn]


No suelo leer novedades, así que no sé si este post tiene mucho sentido. Casi todos los libros que leo son de la biblioteca, y las novedades suelen tardar bastante en llegar allí. Cuando lo hacen, normalmente ya se me ha pasado el interés o se me han acumulado otros libros que me atraen más. Esto es lo que me pasó con Limónov, por ejemplo. La parte mala de leer casi por completo de la biblioteca es que no estás muy al tanto de lo que se está haciendo. En poesía da bastante asco, porque me molaría leer más de las novedades que se publican. La parte buena es que aprendes a leer mejor, o al menos a mí me ha servido para eso. Aprendes a seleccionar, a leer a los grandes, a guiarte por la intuición mucho más que por lo que te han comentado de un libro o las reseñas que has leído de él. De alguna manera con este post quería hacer eso, un recuento de los descubrimientos que he hecho este año.


Confesiones de una máscara, Yukio Mishima (El País). A Mishima le tenía pendiente desde hacía mucho tiempo y este año por fin me decidí a leerle. La experiencia fue dolorosa y cruel, pero también luminosa de alguna forma extraña. Supongo que como la vida de Mishima, como su muerte. 

El hombre jazmín, Unica Zürn (Siruela). Si tuviese que elegir un solo libro de este año, probablemente elegiría éste. Zürn me hizo pedazos la cabeza. Me costó mucho volver a recomponerlas después de ella, volver a leer algo que me hiciese querer saltar y llorar y bailar de nuevo. Acabé regalándolo, porque los libros así tienen que circular.

Edge of the Orison, Iain Sinclair (Penguin). El libro de Sinclair fue un regalo que me trajeron de Londres. Aquí Sinclair no está traducido todavía, pero yo había oído hablar mucho de él con el rollo de la psicogeografía, sobre todo de su libro London Orbital. Ha sido la lectura más especial del año por muchos motivos, pero sobre todo por cómo Sinclair consigue narrar la huida y la persecución del poeta John Clare, llevadas a cabo con decenas de años de distancia pero que en realidad suceden en un mismo momento.

En las cimas de la desesperación, Émil Cioran (Tusquets). El primer libro de Cioran, escrito con solo 23 años y en medio de una de sus muchas crisis personales. Este año he leído mucho a Cioran, pero este fue el libro que me permitió descubrirlo, el que me dio la clave. “Soy uno de esos que, por millones, se arrastran sobre la superficie de la tierra. Uno más solamente. Esa banalidad justifica cualquier conclusión, cualquier conducta: libertinaje, castidad, suicidio, trabajo, crimen, pereza, rebeldía. Cada cual tiene razón en hacer lo que hace”.


 [Gonzalo Rojas]



Quedeshim quedeshoth, Gonzalo Rojas (Fondo de Cultura). El mejor libro de poesía que he leído este año, sin ninguna duda. En realidad es trampa, porque no lo cogí de la biblioteca. Fue un regalo de alguien a quien ni siquiera he visto en persona, pero que de alguna manera intuyó que yo debía tenerlo. Y no se imagina cuánto se lo agradezco. “Me enamoré de ti cuando llorabas/a tu novio, molido por la muerte,/ y eras como la estrella del terror/ que iluminaba el mundo”.

Poesía vertical, Roberto Juarroz (El País). El libro de Juarroz no lo tomé prestado de la biblioteca, lo compré de segunda mano en uno de los puestos que hay junto al Retiro, en la Cuesta de Moyano. Era el mes de junio y hacía un sol radiante. Tenía que hacer tiempo porque había quedado y era pronto, así que me puse a echar un vistazo al libro. Lo abrí por un poema en concreto, el que empieza con los versos más demoledores de todo el poemario: “El hombre es siempre/ el constructor de una cárcel./ Y no se conoce a un hombre/ hasta saber qué cárcel ha construido”. Recuerdo que lo leí tantas veces que llegué tarde a la cita. Me daba vergüenza decir el motivo, así que dije que me había equivocado en el metro. 

Claus y Lucas, Agota Kristof (El Aleph). Si Quedeshim quedeshoth ha sido el mejor poemario que he leído este año, Claus y Lucas ha sido sin duda la mejor novela. Una especie de fácula cruel llena de laberintos, de niños malvados que aprenden demasiado pronto cómo funciona el mundo de los adultos.

                                                                       [Robert Walser]


Diario de 1926, Robert Walser (La uña rota). De Walser supe mucho antes de su muerte que de su obra. Conocía el último lugar en el que había estado, el trayecto que había recorrido, el sitio exacto donde se había desplomado en medio de la nieve. Supongo que no significa nada, pero este año me ha pasado bastantes veces. También conocía el suicidio de Mishima, el internamiento en un centro psiquiátrico de Zürn, la deriva por París de un Cioran anciano y solitario.

Un hombre que duerme, Georges Perec (Impedimenta). A Perec le leí en un momento complicado, casi sin curro y sin nada de pasta, pero con decenas de dudas. Tardé mucho en devolver el libro a la biblioteca, porque no quería hacerlo. Es una de las peores cosas de leer de biblioteca, tener que devolver los libros. Me da muchísima envidia cuando veo las bibliotecas de la gente, yo solo tengo un par de estanterías. Unas semanas después volví a coger el libro y vi que se había prestado otra vez después de la mía. Me alegré de no habérmelo quedado.

Las ciudades invisibles, Italo Calvino (Siruela). Calvino ha sido mi último descubrimiento del año. Ha llegado en un diciembre complicado, sin luz en casa desde hace veintidós días. Pero la literatura siempre ha sido un refugio, incluso a oscuras. Lo he leído mientras dormía en casa de colegas, mientras llevaba de un lado a otro de Madrid mis cosas dependiendo del sitio donde me quedase, mientras recorría la red de metro cargada de maletas. Y menos mal. 
 
Poesía completa de Alberto Caeiro, Fernando Pessoa (DVD). A Pessoa lo leí en Lisboa, en un viaje de unos días que hice con mi hermano. Encontré el libro de DVD en una librería pequeña al lado de la catedral y decidí comprarlo. Era finales de agosto y Lisboa estaba radiante, con ese aspecto de ciudad en ruinas, de posguerra permanente. Hasta entonces no había leído nada de Pessoa, excepto un poema cuyos cuatros primeros versos habían estado escritos en la pared de mi casa durante mucho tiempo: “No soy nada./ Nunca seré nada./ No puedo querer ser nada./ A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”. Ese poema en concreto no estaba en aquel libro, pero a cambio descubrí a Pessoa.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Recuento de sueños y pesadillas





[Andrea Kowch]



Últimamente apenas sueño. En la libreta donde apunto los sueños que voy teniendo hay un vacío enorme en las últimas semanas. Todo ese espacio en blanco me resulta inquietante. No recuerdo haber estado tanto tiempo sin soñar nunca. Despertarme sin ningún recuerdo me genera una especie de soledad extraña. Como si hubiese perdido algo. Por suerte, hace seis días las cosas cambiaron. Exactamente el día en que me cortaron la luz en casa, volví a soñar. Después los sueños parecen haber regresado con normalidad. Supongo que tiene que ver con el estrés que produce la precariedad y la pobreza, o quizá con el hecho de haber dormido en cinco camas diferentes en estos seis días. 


Viernes 5 de diciembre

Tengo el brazo izquierdo extendido, con la palma de la mano hacia arriba. Está apoyado sobre una mesa o una superficie de madera con aspecto de gastada. Con la otra mano introduzco una cuchilla en la piel del antebrazo, cerca del codo. Entra limpiamente, sin que se derrame sangre y sin producirme apenas dolor. La hoja es plana y muy fina, de un metal plateado y sin ningún tipo de inscripción o dibujo. Sé que es una cuchilla, pero no se parece a las cuchillas normales. Es mucho más larga y parece hecha para algún fin concreto, como si fuese instrumental quirúrgico. Cuando consigo que la cuchilla salga por el codo, giro el brazo para mirar cómo sobresale por ambos lados. Abro y cierro la mano y noto algo de dolor. Al ver mi gesto, unas manos masculinas me sujetan el brazo y sacan la cuchilla. Cuando me despierto todavía noto algo de dolor. 


Sábado 6 de diciembre

Estoy sola en una habitación enorme. La habitación está vacía, salvo por el escritorio en el que estoy sentada. La pared del fondo está tan lejos que apenas puedo verla, pero a mi derecha hay una cristalera enorme que deja entrar un montón de luz. El sueño es agradable hasta que veo a alguien parado junto a la cristalera. Es un hombre alto y fuerte, vestido con un jersey azul. Con calma, el hombre empieza a quitar uno de los cristales. Cuando lo consigue, lo aparta a un lado y entra en la habitación. Me levanto del escritorio y empiezo a buscar una salida. La sensación es de mucho miedo, pero no consigo acordarme de más.


Lunes 8 de diciembre

Estoy en casa cosiendo trajes de disfraces diminutos. Son para vestir a ratones, para una especie de concurso en el que participo. El agua me llega a las rodillas, pero es algo normal, no me alarma. Al cabo de un rato, el agua empieza a subir. Cuando me llega al cuello ya no puedo seguir trabajando y empiezo a alarmarme. Voy nadando hasta la ventana, pero no puedo abrirla. Empiezo a golpearla con los puños intentando romperla. El agua ha subido tanto que apenas hay ya espacio para respirar. Intento golpear el cristal con un trozo de madera que he encontrado. Cuando estoy haciéndolo, veo al otro lado de la ventana, a lo lejos, al hombre del jersey azul mirándome.

domingo, 30 de noviembre de 2014

sobre ciudades subterráneas, ciencia ficción y murmullos en el fondo de la cabeza




Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de los viajes entre dimensiones inducidos pos sustancias psicoactivas. En concreto desde el verano del año pasado, cuando leí "La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías". No sé si os pasa esa sensación de tener un murmullo en la cabeza que no os deja en paz. A mí me pasa bastante a menudo y por lo general la única manera de solucionarlo es escribiendo. A veces ni siquiera eso funciona, pero normalmente sí. Con ese libro me sucedió. Me dejó esa sensación de murmullo constante en el fondo del cerebro. 

El primer resultado fue un artículo que trataba de darle un sentido político a esa idea de que la realidad está desdoblándose permanentemente en múltiples realidades paralelas. Mi propuesta iba en la línea de que, siguiendo esas teorías, el caos es el único orden que rige la realidad, y que, por tanto, esta no puede ser controlada. Aquel artículo finalmente pudo publicarse, pero el murmullo seguía. Tenía ganas de hacer algo más, una especie de reinterpretación de ese argumento de los viajes entre dimensiones mediante el uso de sustancias psicoactivas. El resultado fue un relato ambientado en una colonia subterránea, algo así como una especie de reverso húmedo y oscuro del Madrid que continuaba existiendo en la superficie. 

Decidí llamar "Croatoan" a esa colonia por una otra historia que me obsesionaba desde hace tiempo y que ya conté por aquí. Supongo que a todo eso se añadió un montón de referencias que me daban vueltas en la cabeza desde hacía tiempo de forma más o menos consciente: el primitivismo punk de Mad Max, las referencias a Blade Runner en la lluvia constante que cae en el Madrid del relato, la idea de entender las ciudades como entes orgánicos, el biopunk de Francisco J. Pérez, las teorías sobre el control social a través de la tecnología, la trilogía postapocalíptica de Rafael Pinedo, las tesis postestructuralistas sobre el cuerpo y decenas de cosas más que se van acumulando sin ni siquiera darnos cuenta. El resultado fue un relato lleno de drogas, de mutilaciones, de viajes entre dimensiones, de sótanos oscuros y de amores bastante obsesivos. Normalmente me cuesta explicar el argumento de lo que escribo, pero esta vez tengo la suerte de que lo han hecho por mí:

 "Layla Martínez firma “Bienvenidos a Croatoan”, un relato de viajes en el tiempo y terror. Tiene como escenario una ciudad subterránea, paralela a Madrid, en un futuro que se presiente post-apocalíptico. El consumo de una droga, la dextralina, consigue romper las reglas de la física conocida en este contexto, provocando consecuencias inesperadas en la integridad física y mental de Hakim, el protagonista. El terror llega de la mano del sentimiento de culpa y del amor exacerbado hacia su hermana, como motores de la desintegración paulatina, en un sentido literal, de la persona."

El relato quedó finalista de un concurso convocado por la editorial Palabristas y se ha publicado en "Alucinadas", una antología de ciencia ficción escrita por mujeres. La noticia fue un alegrón enorme, sobre todo cuando he visto las autoras que forman parte de la antología y los relatos tan alucinantes que la componen. Esto suena regulero si lo escribo yo, que al fin y al cabo estoy ahí, pero de verdad que es un subidón publicar tu pequeña ida de olla al lado de autoras a las que llevas leyendo un montón de tiempo y de las que te tatuarías párrafos de algunos de sus relatos. El libro se puede pillar por 1 euro en formato ebook AQUÍ, por si os apetece echarle un vistazo. 


martes, 18 de noviembre de 2014

De la distancia entre Nueva York y México DF






Nueva York. El centro del poder financiero se alza imponente en medio de un perímetro de seguridad prácticamente impenetrable. Decenas de bloques de cemento, vallas de metal, barricadas de acero, cámaras de vigilancia, bolardos antivehículos, policías armados y perros antibomba defienden el edificio donde se encuentra la Bolsa de Nueva York. Tras ellos, un segundo perímetro formado por seguridad privada y circuitos de cámaras de vigilancia controla los pasos del puñado de privilegiados que han podido acceder al recinto. El resultado es similar al de una ocupación militar. No importa que en realidad la mayoría de operaciones bursátiles se realicen en las pantallas de ordenadores situados por todo el planeta: lo que importa es el símbolo. Después de la caída de las Torres Gemelas, Wall Street debe mantenerse en pie a toda costa. Mucho más que la Casa Blanca, la Bolsa representa el poder de un imperio que mantiene su control sobre el resto del planeta a base de operaciones económicas, pero también a base de ocupaciones militares. El capitalismo se haya permanentemente en guerra. 

A escasa distancia de allí, el solar donde se encontraban las Torres Gemelas representa el fracaso en los intentos de ejercer un poder omnímodo. Siempre hay grietas, y a veces son tan grandes que hacen que se derrumben edificios enteros. Pero los imperios deben seguir demostrando su poder. El proyecto para el solar es un edificio aún más imponente, símbolo del estado de guerra perpetuo. La Torre de la Libertad contará con un zócalo de cemento armado a prueba de coches bomba que se extenderá hasta el piso veinte. En esos veinte primeros pisos no habrá nada a excepción del vestíbulo de entrada. El poder se eleva sobre la calle, que es sucia y peligrosa. Alrededor del edificio, una serie de enormes bloques rectangulares similares a lápidas protegerán la estructura contra todo tipo de ataques potenciales. La vida y la muerte se confunden.







México DF. El arquitecto Luis Barragán construye una casa en el barrio de Tacubaya. Por primera vez está levantando un edificio que él mismo va a habitar. Tacubaya es un barrio popular, poblado de casas modestas y un gran número de talleres, tiendas y fondas. Barragán decide construir una casa guiada por una única idea: que carezca de comunicación con el exterior. La fachada principal de la casa ha sido eliminada y sustituida por un muro con las mínimas aberturas posibles. La sensación que se tiene al observarla es la de un cubo herméticamente cerrado, a excepción de alguna elevada ventana reticular  o las puertas de acceso peatonal y del vehículo, especialmente anodinas. De hecho, la pared es tan sobria y austera que parece inacabada. Con ello se consigue la creación de un exterior anónimo y vulgar que protege el lujoso interior. La casa es un búnker. En el estado permanente de guerra, son los únicos edificios que tienen sentido, los únicos capaces de administrar la vida y la muerte. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

mañana estaremos por aquí




Mañana sábado estaremos todo el día aquí con nuestra distri, Antipersona. Llevaremos todos nuestros fanzines, incluido el que acaba de salir hoy mismo de la fotocopiadora: "La verdadera historia de la nihilista Olga Liubatovitch", escrito por Sergei Stepniak, miembro de la sociedad secreta Naradnoia Volia y responsable del atentado que costó la vida al jefe de la policía secreta rusa. También tendremos camisetas, pegatinas y probablemente varios microinfartos después de doce horas seguidas sin salir del museo de ABC. Estaremos encantados de que veros por allí y que nos recojáis la baba producida por la parálisis cerebral. 


domingo, 9 de noviembre de 2014

Dientes de leche o La utilidad de los pequeños huesos de los niños para fabricar peines



Hoy se publica "Dientes de leche", una antología en la que participio con un cuento pequeño y raro sobre un fabricante de ataúdes yugoslavo. El cuento pertenece a "Las canciones de los durmientes", un poemario que acabé hace casi un año pero que desde entonces he estado corrigiendo. Si todo sale según lo planeado, se publicará a mediados del año que viene. Me hace mucha ilusión que se edite en papel, pero verlo ahora acompañado de una de las fotografías de Dara Scully ha sido una pasada. Es difícil que alguien pueda captar lo que tienes en la cabeza, sobre todo si lo que tienes en la cabeza también es pequeño y raro, pero a veces tienes la suerte de cruzarte con gente como Dara que te hace una radiografía en el cerebro. Un placer estar en este libro y sobre todo rodeada de esas fotografías y de esos poemas.


[para leer el poemario, haced clic AQUÍ]