lunes, 17 de marzo de 2014

registro de sueños del 7 de febrero al 16 de marzo



[Nicolas Bruno, de su trabajo sobre la parálisis del sueño]



7 de febrero

Estoy tumbada en el fondo de un río. La corriente me balancea suavemente, pero tampoco me lleva, porque estoy sujeta con una especie de hilos verdes que salen de la arena que tengo debajo. Apenas puedo moverme y me da miedo respirar, aunque pasan los minutos y tampoco me ahogo. Estoy atrapada y siento verdadero terror. A pesar de que tengo varios metros de agua por encima de mí, sé dónde estoy. Me he bañado muchas veces en ese río. No sé cuánto tiempo pasa, pero mi terror no hace más que aumentar. De repente, veo el cuerpo de alguien que se está bañando en el río, justo encima de mí. Intento gritar, pero el agua amortigua los sonidos. Lucho por liberar el brazo derecho de los hilos y consigo romper algunos de ellos, los suficientes para alzar el brazo e intentar agarrar el tobillo del bañista. Me despierto cuando le estoy rozando con la punta de los dedos.


8 de febrero

Sueño con el chico del jersey gris, uno de mis sueños más recurrentes junto con el de la trinchera en el que me pongo las botas de un muerto. Los sueños con él siempre tienen algo de inquietante y esta vez no es una excepción. El chico va vestido como siempre, con su jersey de rombos y sus pantalones de pana. También lleva el mismo corte de pelo de siempre, como sacado de algún momento de mediados de los setenta. Esta vez estamos en una sala de paredes blancas, como un hospital o un centro de salud. Llevo puesto una de esas batas blancas de los enfermos y tengo el pelo suelto. Él está a unos metros de mí, haciéndome fotografías. Estoy nerviosa y no puedo quedarme quieta, así que él deja la cámara a un lado y me grita que me esté quieta con una voz muy enfadada. Cuando me despierto estoy completamente rígida y me duele todo el cuerpo.


9 de febrero

Estoy en un supermercado enorme. Empujo un carro por pasillos interminables, todos vacíos. No encuentro la salida y cada vez me voy angustiando más. doy vueltas y vueltas, pero todos los pasillos me parecen iguales. Me da la sensación de que estoy andando en círculos, porque siempre veo los mismos productos.




24 de febrero

Ian Curtis empieza a cantar, y de repente una cascada enorme de agua inunda Madrid entero. Mucha gente se ahoga, pero yo consigo salir a la superficie. La corriente me ha arrastrado hasta Plaza de España, donde encuentro la cornisa de un edificio a la que poder subirme. A mis pies todo está inundado, pero la música de Curtis sigue sonando, como uno de esos extraños hums que se graban por la noche en las ciudades.
 



12 de marzo

Tengo la piel llena de tatuajes. Todos son de insectos enormes y preciosos. En el gemelo derecho tengo un escarabajo y en el izquierdo una mantis religiosa. En la espalda tengo un saltamontes y una libélula. El pecho lo tengo lleno de polillas gigantes. En los brazos tengo insectos extraños, ya extinguidos. Los tatuajes son tan realistas que la gente se aparta hasta que se da cuenta de que solo son dibujos. Siento latir a los insectos debajo de la piel, pero es una sensación agradable. Como si me protegiesen.


16 de marzo

Sueño con mi perro. Se sube a la cama donde estoy durmiendo y se echa sobre mis pies. Nunca le dejaba hacer eso porque pesaba demasiado y lo manchaba todo, pero en el sueño me resulta agradable. Me despierto en mitad de la noche y me da la sensación de que todavía siento el peso en los pies durante un buen rato. 

jueves, 13 de marzo de 2014

el instante preciso antes de que todo cambiase

[Gabriele D´Anunzio]


El instante preciso en el que Gabriele D´Annunzio, poeta alucinado, canalla y héroe de la Primera Guerra Mundial, abre a patadas las puertas del cementerio de Venecia. Está a punto de forzar la cerradura del osario, sacar varias calaveras humanas y oficiar un rito de magia negra. Necesita la protección que los muertos puedes proporcionar, la suerte que se esconde en el interior de los huesos. Unos días después marchará a la conquista de la ciudad yugoslava de Fiume con un ejército de aventureros y canallas como él, aburrido ante la perspectiva de la vida monótona que se le viene encima después de haber regresado triunfante del infierno de las trincheras. Aún no sabe que logrará conquistar la ciudad, que los espíritus convocados aquel día le protegerán durante años y que él les rendirá culto el resto de su vida. Hasta que un día esa suerte se acabe. Benito Mussolinni, capaz de convocar también a las oscuras fuerzas que residen en el interior de los hombres, ordenará que le arrojen desde un balcón, temeroso de las dudas que están empezando a ensombrecer el rostro de D´Annunzio, hasta entonces devoto fiel de los ritos fascistas.


[Arthur Conan Doyle]


El instante preciso en el que Arthur Conan Doyle decide contratar como chófer a un joven francés de aspecto serio y mirada desafiante llamado Jules Bonnot. El joven acaba de llegar a Londres y apenas habla inglés, pero tiene un brillo de determinación en la mirada que Doyle sabe apreciar. El escritor no sabe que Bonnot ha tenido que abandonar Francia porque está incluido en todas las listas negras que manejan los patrones y nadie le da trabajo, pero sabe que no es quien dice ser. Doyle es capaz de percibir el brillo de interés en la mirada de Bonnot cuando habla de política, la leve agitación de su rostro cuando el chófer lee la prensa. Lo que no sabe todavía es que dentro de unos años Bonnot se convertirá en el atracador de bancos más famoso del mundo, que será el primero en utilizar el coche para huir después de los robos, que la policía le perseguirá sin descanso pero él será más rápido.


[Agustín Rueda]



El instante preciso en que Agustín Rueda, militante libertario nacido en una chabola de la colonia minera de Sallent, en Barcelona, termina el túnel con el que planea escapar de la cárcel de Carabanchel. Agustín solo tiene veinticinco años, pero ya sabe que no le dejarán salir vivo de aquella prisión si no es él mismo el que se escapa. Lo que no sabe es que los carceleros están a punto de descubrir el túnel, que los días siguientes será torturado sin descanso por los funcionarios, que la Transición va a hacerse sobre los cadáveres de cientos de militantes y sindicalistas. No sabe que nunca le dejarán salir, que aquellas palizas van a costarle la vida, pero también que su muerte encenderá la lucha en las prisiones y que esa lucha será feroz, como todas las que libran los animales enjaulados.



[Lucy Parsons]

El instante preciso en el que Lucy González ve por primera vez a Albert Parsons, un ex soldado que cojeaba por el tiro en la pierna que acababa de recibir y que estaba amenazado por defender el derecho al voto para los negros. El instante en el que se enamoran y deciden marcharse a Chicago, donde los matrimonios interraciales no están prohibidos y los movimientos revolucionarios conspiran en cada esquina. Lo que Lucy no sabe es que la felicidad no durará para siempre, que Albert será detenido y ejecutado junto con otros cuatro anarquistas por luchar por la jornada laboral de ocho horas, que su ejecución será la causa de que el 1 de mayo se fije como el día de los trabajadores. Tampoco sabe que ella luchará el resto de su larga vida, que será feliz, que se convertirá en el un referente del movimiento feminista y en una figura clave de las luchas obreras en Estados Unidos. Que morirá con ochenta y nueve años y una sonrisa enorme en el rostro.

domingo, 9 de marzo de 2014

De lo que le dije a Vladimir Maiakovski cuando supe de la infinita extensión de su tristeza




Serás disecado en un día de enero
y hablarás sin embargo en el frío

Juan Camós


Vinieron a buscarnos
a mediados de agosto,
cuando el cielo
acababa de ser estrangulado
y la gramática era todavía 
hermosa y terrible.

Si un hombre 
se acerca a otro hombre
es con la secreta intención 
de aniquilarlo, dijiste,
y yo cerré tus párpados.

Serás enterrado
en medio del verano, Vladimir,
y hablarás sin embargo del frío.
Todos caeréis, uno tras otro,
a los pies de los cosacos,
todos seréis aplastados
por la Reluciente Apisonadora,
todos seréis devorados
por la amada virgen
nacionalsocialista 
y solo yo cerraré 
vuestros párpados.

Ahora que sabemos
que no moriremos
asesinados a golpes 
quizás podamos comprender
el terrorismo cruel de la belleza,
las decapitaciones ferroviarias
que acechan a los caimanes,
la metralla que contienen
todos los cuerpos celestes. 

O quizás no importe. 

No tenemos ya 
vínculos con los vivos, Vladimir. 




[Este poema le debe mucho a Manuel Lombardo Duro, cuyos versos están en la segunda y la sexta estrofa., y a Juan Camós, que también encontrará versos suyos en el poema. Las modificaciones que los empeoran son responsabilidad mía]

martes, 4 de marzo de 2014

por qué le dije que no a la revista Glamour




Hace unas semanas, un periodista de la revista Glamour me envió un email para invitarme a participar en un reportaje sobre poetas jóvenes. Según me contaba en el email, la idea era acordar un día para que acudiese a la revista. Allí me harían unas fotos con la ropa que ellos decidiesen y respondería a una serie de preguntas, una especie de entrevista breve. En realidad no necesité ni dos segundos para decidir que no quería participar, pero la respuesta me llevó algo más de tiempo, porque quería que estuviese argumentada. Pensaba publicar la respuesta en este post eliminando las referencias personales, pero ya que la invitación no fue pública, no creo que la respuesta deba serlo. Lo que sí quiero es contar algunas de las razones que le di para negarme y algunas reflexiones que me surgieron a raíz de aquella invitación.

Mi negativa se debió fundamentalmente a dos razones: no quiero participar en un dispositivo de dominación tan brutal para las mujeres como es una revista de moda y no quiero que me utilicen como producto para vender su revista. Me explico. Desde mi punto de vista, las revistas de moda son dispositivos de disciplinamiento de los cuerpos, en la medida en que establecen cómo deben ser y cómo no nuestros cuerpos. Reproducen el discurso de la dominación, que busca despojarnos de la posibilidad de decidir cómo quiero que sea mi cuerpo y qué quiero hacer con él. El control social no se ejerce únicamente mediante un control físico directo, sino sobre todo mediante la alienación respecto a nosotros mismos. Es decir, el poder no es solo que nos encarcelen, que nos obliguen a estar en una silla ocho horas al día o que la policía nos pegue en una manifestación, sino también todos los dispositivos que me quitan la posibilidad de decidir sobre mi cuerpo, mis deseos y mis afectos. Como dicen los miembros del colectivo francés Tiqqun, el capitalismo no es el BM o el FMI: el capitalismo es un poder de fascinación. Y en ese poder de fascinación, las revistas de moda juegan un papel fundamental como mecanismos de control. Detrás de esas letras brillantes y esos papeles satinados, no está otra cosa que la intención de fascinarnos con una determinada forma de vida, con una organización social concreta como es el capitalismo, para que justifiquemos todo el dolor y la dominación que comporta, incluso para nosotros mismos.

Además, eso es especialmente grave en el caso de las mujeres, que sufren una dominación mucho más intensa como consecuencia de la estructura patriarcal del sistema. Aunque los cuerpos de los hombres también son fuertemente disciplinados (otro día podemos hablar de la viagra, por ejemplo), los de las mujeres lo son aún más. Siempre me he sentido feminista, pero desde hace unos meses además milito activamente en un colectivo que se define así. Por respeto a mí misma, a mis compañeras y al resto de mujeres y hombres que se parten la cara literalmente en la calle para luchar contra este sistema, creo que no debía participar. No pretendo ser ningún ejemplo de coherencia –de hecho yo misma tengo cientos de contradicciones-, sino simplemente no hacer cosas con las que no me siento bien, y participar en una de estas revistas es una de ellas. No me sentiría bien conmigo misma apareciendo en esta revista y después yendo a alguna acción con mi colectivo. Sentiría que me estoy engañando.

Algo parecido sucede con el hecho de que sea sexóloga. Desde hace unas semanas, participo en una asesoría sexológica gratuita en un centro social de Madrid. Mi labor allí me permite ver día a día el daño que hacen a la gente las ideas sobre lo que es “normal” y lo que no en el sexo. Esa distinción entre “normal” y “anormal”, entre “sano” y “patológico”, genera cantidades ingentes de sufrimiento, cuando en realidad no existe lo normal y lo que no lo es, porque igual que no hay dos personas iguales no hay dos sexualidades iguales. Esa distinción es totalmente arbitraria, podría haberse fijado en cualquier otro punto, pero cumple un objetivo: controlarnos, ajustarnos a un molde, restringir nuestra libertad. Hacernos funcionales a unos determinados intereses. En esa labor, revistas como Glamour juegan un papel fundamental. Con artículos como “Cómo comportarte en la primera cita”(enlace aquí) o “Cómo ligar en la cena de empresa” (enlace aquí) ,  no hacen otra cosa que fijar esa distinción, que profundizar en una forma de entender la sexualidad que no genera más que dolor y sufrimiento. No me sentiría bien conmigo misma si participase en una revista en la que tres páginas más allá puede leerse un reportaje como ese. Cuando tuviese que ir a la asesoría el miércoles siguiente sentiría que me engaño, que he defraudado algo en lo que creo.

Me queda la segunda motivación: no quiero que me vendan como un producto. No quiero acudir a un sitio donde me van a vestir y hacer posar como ellos quieran, donde me van a hacer parecer una cosa que no soy. Cualquiera que me conozca sabe que llevo zapatillas de diez euros, camisetas de dos y que ni siquiera me peino la mayoría de los días. La moda siempre me ha dado igual. Hay camisetas que tengo desde los diecisiete años, en parte porque detesto ir de compras. Esto no pretende ser un ejemplo de nada -si quisiera podría comprar más ropa, no estoy en la indigencia-, pero simplemente prefiero gastar mi dinero en comprar libros, irme de cañas con los amigos o ahorrar para irme a un camping en verano. Así que no creo que tenga ningún sentido que me ponga una ropa que yo no compraría para salir en unas fotos. Como he dicho antes, no me sentiría bien conmigo misma.

Este post es simplemente para explicar todo eso, para contar todas esas razones que me hicieron decir que no. No significa que crea que mi postura sea la correcta o más correcta que otras, entiendo que hay gente a la que le puede gustar leer esas publicaciones y participar en ellas. Es solo no me sentiría bien si lo hiciera, pero yo no soy un ejemplo de nada. Por supuesto, agradezco la invitación a las personas que pensaron en mí para el reportaje. Creo que ellos lo hicieron de corazón y yo también se lo agradezco de corazón. Espero que entiendan que no tiene nada que ver con ellos, es solo que creo que no hay que hacer cosas que no nos hagan sentir bien, al menos cuando no dependa de ello nuestra comida.


También quiero aclarar que esto no significa que no colabore nunca con nadie, todo lo contrario. Siempre que me han pedido una colaboración para cualquier fanzine, blog y revista lo he hecho, porque me parece que es un honor que alguien se interese por tu trabajo y quiera incluirte en su publicación. Pero se trataba de fanzines o blogs que estaban interesados en lo que yo escribo (no en hacerme fotos) y que funcionaban con parámetros muy distintos al de una revista de moda. Para decirlo brevemente, participar en ellos me hacía sentir feliz. 

viernes, 28 de febrero de 2014

últimas lecturas: Albert Camus, Fleur Jaeggy y Diego Luis Sanromán.



Los justos, Albert Camus (Alianza). Siguiendo la pista de mi obsesión por Boris Savinkov llego al texto de Camus, que cuenta la planificación y ejecución de un atentado por parte de un grupo terrorista ruso. Los personajes están directamente inspirados en los miembros de la célula a la que pertenecía Savinkov, y los conflictos que se plantean en la obra son también los que obsesionan al ruso en sus diarios. El terrorismo como socialización del dolor, la dialéctica del fin y los medios, el potencial transformador de la violencia, la incidencia de las acciones en la sociedad, la represión, el miedo, las dudas. Camus hace girar la obra en torno a dos personajes principales, el idealista Ivan Kaliayev, lleno de dudas, y el implacable Stepan Fedorov, hombre de acción y firme defensor del uso de la violencia como herramienta política. El enfrentamiento constante entre los dos personajes le permitirá desplegar todas las tensiones ideológicas y personales a las que se ven sometidos los personajes, que irán evolucionando a medida que se suceden los acontecimientos. Como siempre que leo teatro, me deja con las ganas de escribir algo que se pudiese representar, por el simple placer de ver a los personajes cobrar vida.



Convertiré a los niños en asesinos, Diego Luis Sanromán (Plaza y Valdés). Uno de mis asesinos en serie preferidos de todos los tiempo es David Richard Berkowitz, conocido como el "Hijo de Sam". Sus crímenes no eran muy originales -se limitaba a disparar con un revólver del 44 a víctimas escogidas al azar-, pero la historia que hay detrás es muy curiosa. Cuando fue detenido, Berkowitz aseguró que había cometido los crímenes obligado por un demonio que había poseído al perro de su vecino. Por supuesto, la policía no le dio ningún crédito, pero cuando acudieron a su casa, encontraron algo bastante sorprendente: las paredes de su apartamento estaban llenas de extrañas frases que Berkowitz había escrito con pintura roja. En las pinturas podían leerse frases como "En este agujero vive el Rey Malvado" o "Convertiré a los niños en asesinos". Desde hacía meses, Berkowitz había iniciado una extraña vida ascética en el apartamento, cuyas ventanas estaban cubiertas con sábanas. Casi nunca salía de él y los vecinos apenas le veían: solo abría la puerta cuando oía ladrar o jadear en el descansillo al perro del vecino. Esa idea de los demonios interiores, de las casas que se convierten en una extensión de nuestra propia mente, sirve al autor para construir una serie de relatos de terror que tienen como hilo conductor los abismos que todos llevamos dentro, los agujeros oscuros que guardamos en la mente y que esperan agazapados para poder salir. La narración en primera persona le da fuerza al relato, porque hace que el autor nos introduzca en la mente de los asesinos y las víctimas, muchas veces indistinguibles unos de otros. 




El temor del cielo, Fleur Jaeggy (Tusquets). No había leído nada de Fleur Jaeggy hasta que uno de mis mejores amigos me puso este libro en las manos en mi última visita a Jaén. Me resulta dificil describir las sensaciones que me ha producido. La atmósfera de crueldad cotidiana, la forma precisa y fría de narrar de la autora, su capacidad para generar desasosiego, dolor, intranquilidad. Todos los personajes de los distintos relatos tienen en común una especie de contención, de autodisciplina que raya en la locura. Todos son crueles, todos guardan secretos, todos esconden una especie de violencia latente que guía sus actos. Jaeegy me ha parecido una narradora enorme, capaz de hacerte un nudo en el estómago con dos frases. Esta tarde voy a la biblioteca a por "Los hermosos años del castigo".

viernes, 21 de febrero de 2014

Las historia de Geronimo Caserio, que vengó la muerte de Émile Henry; quien a su vez había vengado la de August Vaillant; quien había vengado la de Ravachol; quien había vengado la de catorce obreros en una manifestación.

[Ejecución de August Vaillant]


El primero de mayo de 1891 una multitudinaria manifestación recorrió Fourmies, un pueblo minero del norte de Francia. La patronal había estado utilizando a sus pistoleros para disparar a los huelguistas y los ánimos estaban caldeados. No sería la primera ni la última vez que se levantasen los adoquines de las calles  para ser lanzados contra escaparates, edificios y furgones policiales, pero aquel día la rabia vibraba en el ambiente con especial intensidad. Los guardianes del orden supieron percibirlo, y comenzaron a hacer funcionar los mecanismos de La Máquina, de La Reluciente Apisonadora. Los disparos de la policía causaron catorce muertos.


[Ravachol]


François Claudius Koënigstein observa las muertes y sienten también esa vibración leve pero sostenida que produce la rabia. Encuentra el hilo y tira. Todavía no sabe que será conocido como Ravachol, que se escribirán canciones sobre sus hazañas, que se convertirá en un mito. Tres atentados, todos con dinamita. Uno contra un juez, otro contra un procurador y otro contra una comisaría. No se produce ninguna muerte, pero a pesar de ello Ravachol es condenado y ejecutado en la guillotina. Su cabeza rueda, pero Ravachol ha conseguido cumplir su cometido: la primera venganza se ha consumado.

[August Vaillant]

August Vaillant ve rodar la cabeza de Ravachol sobre la tarima de madera. Ve también el hilo y decide tirar de nuevo. Los mecanismos de La Reluciente Apisonadora siguen su marcha, pero qué importa mientras la dinamita siga explotando, mientras los revólveres sigan escupiendo plomo. Vaillant coloca una bomba en la Cámara de Diputados, en París. Más de ciencuenta heridos, de nuevo ninguna muerte. A pesar de ello, también es condenado a muerte y ejecutado en la guillotina. Otra cabeza rueda sobre la tarima, pero Vaillant también ha cumplido su cometido vengando la muerte de Ravachol. Las segunda venganza se ha consumado.


[Émile Henry]


Émile Henry conoce las dos ejecuciones, las ha leído en la prensa, pero la de Vaillant le ha dolido especialmente. Él también puede ver el hilo, sentir la leve inclinación del suelo que producen las sacudidas de la rabia, percibir los engranajes. Coloca una bomba delante de la sede de la principal empresa minera de Fourmies, aunque el artefacto acabará estallando en una comisaría de policía, cuando alguien sospeche del paquete y lo lleve allí . Esta vez sí habrá muertes: cinco personas fallecen como consecuencia directa de la explosión y una por un ataque al corazón. Henry abandona el lugar a toda prisa, pero un oficial de policía le persigue. Sin pensárselo dos veces, abre fuego sobre el policía, que es herido de gravedad. Henry consigue escapar. Las cuentas se han igualado, pero el hilo sigue estando en sus manos, la venganza no se ha completado. Un año más tarde, atenta en el lujoso Café Terminus, uno de esos sitios que los ricos utilizan para no tener que acercarse a los pobres. Un muerto y veinte heridos. Esta vez el plomo no sirve, y Henry es detenido en aquel mismo lugar. Es condenado a muerte, pero ha conseguido igualar la cuenta, vengar la muerte de Vaillant, poner el contador a cero. La tercera venganza se ha consumado.



[Sante Geronimo Caserio]


Sante Geronimo Caserio es italiano, pero vive en Lyon. Tiene muchas muertes en las retinas, y acaba de encontrar el hilo que las une a todas. Cuando se entera de que el Presidente de la República va a asistir a un banquete a finales de junio de aquel año, 1894, decide prepararlo todo. El día señalado acude al lugar donde se va a celebrar el banquete y espera en la puerta. Hay mucha gente, así que no es difícil pasar desapercibido. Cuando se abre la puerta del carruaje, Geronimo Caserio se abalanza hacia ella y clava un cuchillo en el pecho del Presidente, justo a la altura del corazón. No hace falta plomo ni dinamita para hacer chirriar la mecanismos de la Reluciente Apisonadora. A veces basta con un simple cuchillo de cocina. El Presidente muere, Geronimo Caserio será ejecutado unos días después. El hilo se rompe, pero ha conseguido su objetivo. La cuarta y última venganza también se ha consumado.