viernes, 28 de febrero de 2014

últimas lecturas: Albert Camus, Fleur Jaeggy y Diego Luis Sanromán.



Los justos, Albert Camus (Alianza). Siguiendo la pista de mi obsesión por Boris Savinkov llego al texto de Camus, que cuenta la planificación y ejecución de un atentado por parte de un grupo terrorista ruso. Los personajes están directamente inspirados en los miembros de la célula a la que pertenecía Savinkov, y los conflictos que se plantean en la obra son también los que obsesionan al ruso en sus diarios. El terrorismo como socialización del dolor, la dialéctica del fin y los medios, el potencial transformador de la violencia, la incidencia de las acciones en la sociedad, la represión, el miedo, las dudas. Camus hace girar la obra en torno a dos personajes principales, el idealista Ivan Kaliayev, lleno de dudas, y el implacable Stepan Fedorov, hombre de acción y firme defensor del uso de la violencia como herramienta política. El enfrentamiento constante entre los dos personajes le permitirá desplegar todas las tensiones ideológicas y personales a las que se ven sometidos los personajes, que irán evolucionando a medida que se suceden los acontecimientos. Como siempre que leo teatro, me deja con las ganas de escribir algo que se pudiese representar, por el simple placer de ver a los personajes cobrar vida.



Convertiré a los niños en asesinos, Diego Luis Sanromán (Plaza y Valdés). Uno de mis asesinos en serie preferidos de todos los tiempo es David Richard Berkowitz, conocido como el "Hijo de Sam". Sus crímenes no eran muy originales -se limitaba a disparar con un revólver del 44 a víctimas escogidas al azar-, pero la historia que hay detrás es muy curiosa. Cuando fue detenido, Berkowitz aseguró que había cometido los crímenes obligado por un demonio que había poseído al perro de su vecino. Por supuesto, la policía no le dio ningún crédito, pero cuando acudieron a su casa, encontraron algo bastante sorprendente: las paredes de su apartamento estaban llenas de extrañas frases que Berkowitz había escrito con pintura roja. En las pinturas podían leerse frases como "En este agujero vive el Rey Malvado" o "Convertiré a los niños en asesinos". Desde hacía meses, Berkowitz había iniciado una extraña vida ascética en el apartamento, cuyas ventanas estaban cubiertas con sábanas. Casi nunca salía de él y los vecinos apenas le veían: solo abría la puerta cuando oía ladrar o jadear en el descansillo al perro del vecino. Esa idea de los demonios interiores, de las casas que se convierten en una extensión de nuestra propia mente, sirve al autor para construir una serie de relatos de terror que tienen como hilo conductor los abismos que todos llevamos dentro, los agujeros oscuros que guardamos en la mente y que esperan agazapados para poder salir. La narración en primera persona le da fuerza al relato, porque hace que el autor nos introduzca en la mente de los asesinos y las víctimas, muchas veces indistinguibles unos de otros. 




El temor del cielo, Fleur Jaeggy (Tusquets). No había leído nada de Fleur Jaeggy hasta que uno de mis mejores amigos me puso este libro en las manos en mi última visita a Jaén. Me resulta dificil describir las sensaciones que me ha producido. La atmósfera de crueldad cotidiana, la forma precisa y fría de narrar de la autora, su capacidad para generar desasosiego, dolor, intranquilidad. Todos los personajes de los distintos relatos tienen en común una especie de contención, de autodisciplina que raya en la locura. Todos son crueles, todos guardan secretos, todos esconden una especie de violencia latente que guía sus actos. Jaeegy me ha parecido una narradora enorme, capaz de hacerte un nudo en el estómago con dos frases. Esta tarde voy a la biblioteca a por "Los hermosos años del castigo".

viernes, 21 de febrero de 2014

Las historia de Geronimo Caserio, que vengó la muerte de Émile Henry; quien a su vez había vengado la de August Vaillant; quien había vengado la de Ravachol; quien había vengado la de catorce obreros en una manifestación.

[Ejecución de August Vaillant]


El primero de mayo de 1891 una multitudinaria manifestación recorrió Fourmies, un pueblo minero del norte de Francia. La patronal había estado utilizando a sus pistoleros para disparar a los huelguistas y los ánimos estaban caldeados. No sería la primera ni la última vez que se levantasen los adoquines de las calles  para ser lanzados contra escaparates, edificios y furgones policiales, pero aquel día la rabia vibraba en el ambiente con especial intensidad. Los guardianes del orden supieron percibirlo, y comenzaron a hacer funcionar los mecanismos de La Máquina, de La Reluciente Apisonadora. Los disparos de la policía causaron catorce muertos.


[Ravachol]


François Claudius Koënigstein observa las muertes y sienten también esa vibración leve pero sostenida que produce la rabia. Encuentra el hilo y tira. Todavía no sabe que será conocido como Ravachol, que se escribirán canciones sobre sus hazañas, que se convertirá en un mito. Tres atentados, todos con dinamita. Uno contra un juez, otro contra un procurador y otro contra una comisaría. No se produce ninguna muerte, pero a pesar de ello Ravachol es condenado y ejecutado en la guillotina. Su cabeza rueda, pero Ravachol ha conseguido cumplir su cometido: la primera venganza se ha consumado.

[August Vaillant]

August Vaillant ve rodar la cabeza de Ravachol sobre la tarima de madera. Ve también el hilo y decide tirar de nuevo. Los mecanismos de La Reluciente Apisonadora siguen su marcha, pero qué importa mientras la dinamita siga explotando, mientras los revólveres sigan escupiendo plomo. Vaillant coloca una bomba en la Cámara de Diputados, en París. Más de ciencuenta heridos, de nuevo ninguna muerte. A pesar de ello, también es condenado a muerte y ejecutado en la guillotina. Otra cabeza rueda sobre la tarima, pero Vaillant también ha cumplido su cometido vengando la muerte de Ravachol. Las segunda venganza se ha consumado.


[Émile Henry]


Émile Henry conoce las dos ejecuciones, las ha leído en la prensa, pero la de Vaillant le ha dolido especialmente. Él también puede ver el hilo, sentir la leve inclinación del suelo que producen las sacudidas de la rabia, percibir los engranajes. Coloca una bomba delante de la sede de la principal empresa minera de Fourmies, aunque el artefacto acabará estallando en una comisaría de policía, cuando alguien sospeche del paquete y lo lleve allí . Esta vez sí habrá muertes: cinco personas fallecen como consecuencia directa de la explosión y una por un ataque al corazón. Henry abandona el lugar a toda prisa, pero un oficial de policía le persigue. Sin pensárselo dos veces, abre fuego sobre el policía, que es herido de gravedad. Henry consigue escapar. Las cuentas se han igualado, pero el hilo sigue estando en sus manos, la venganza no se ha completado. Un año más tarde, atenta en el lujoso Café Terminus, uno de esos sitios que los ricos utilizan para no tener que acercarse a los pobres. Un muerto y veinte heridos. Esta vez el plomo no sirve, y Henry es detenido en aquel mismo lugar. Es condenado a muerte, pero ha conseguido igualar la cuenta, vengar la muerte de Vaillant, poner el contador a cero. La tercera venganza se ha consumado.



[Sante Geronimo Caserio]


Sante Geronimo Caserio es italiano, pero vive en Lyon. Tiene muchas muertes en las retinas, y acaba de encontrar el hilo que las une a todas. Cuando se entera de que el Presidente de la República va a asistir a un banquete a finales de junio de aquel año, 1894, decide prepararlo todo. El día señalado acude al lugar donde se va a celebrar el banquete y espera en la puerta. Hay mucha gente, así que no es difícil pasar desapercibido. Cuando se abre la puerta del carruaje, Geronimo Caserio se abalanza hacia ella y clava un cuchillo en el pecho del Presidente, justo a la altura del corazón. No hace falta plomo ni dinamita para hacer chirriar la mecanismos de la Reluciente Apisonadora. A veces basta con un simple cuchillo de cocina. El Presidente muere, Geronimo Caserio será ejecutado unos días después. El hilo se rompe, pero ha conseguido su objetivo. La cuarta y última venganza también se ha consumado.

viernes, 14 de febrero de 2014

especie de apología sobre hablar con los desconocidos en la calle, con la colaboración de Al Pacino, Albert Libertad, el demonio y la antropología urbana

[Al Pacino y Keanu Reeves en "Pactar con el diablo"]



En una charla que dio el antropólogo Manuel Delgado en la librería Traficantes de Sueños proyectó una secuencia de la película "Pactar con el diablo" (The Devil´s Advocate en inglés). En esa secuencia, Al Pacino, que interpretaba al diablo, subía a un vagón de metro y empezaba a hablar con la gente que había en él. Simplemente eso, hablaba con la gente. Mendigos, inmigrantes, personas con aspecto de ir o volver de un trabajo precario y mal pagado. Además, como el diablo conoce todas las lenguas, hablaba con ellos en su propio idioma. Castellano, árabe, ruso, polaco. Les preguntaba por su familia, por su país, por su día a día, por cualquier cosa sin importancia. 

Si conocéis la película, sabéis que no tiene contenido político, al menos no a simple vista. Es una película más de las que hace Hollywood casi a diario, con un Al Pacino correcto en su interpretación y un Keanu Reeves que la industria trataba de convertir en el sex symbol de finales de los noventa. Sin embargo, al ponernos la escena, Delgado nos hizo reflexionar sobre la carga ideológica tan brutal que hay en ella. El que sale a la calle y habla con la gente es el personaje del diablo, la representación del mal más absoluta que hay en nuestra cultura. El mensaje que hay en esa escena es que salir a la calle, hablar con los demás y, sobre todo, hablar con desconocidos es algo propio de personas malvadas, es el mal. Es lo que hace el diablo. La gente buena no habla con los desconocidos: los teme. 

El director y el guionista tenían muchas opciones para hacernos ver la maldad del demonio -podría haberse puesto a acuchillar gente en el vagón-, pero curiosamente eligieron precisamente esa: la comunicación entre desconocidos. Ni siquiera era lo que se decían, el contenido de la conversación no era importante, eran charlas intrascedentes. Lo que importaba era el acto de comunicación en sí mismo. El hecho de salir a la calle y hablar con la gente. Probablemente el director y el guionista ni siquiera lo hicieron a propósito, la escena no es importante en la película. Simplemente reproducían el discurso de la dominación. Un discurso que propaga el miedo porque nos teme, porque le aterroriza la idea de que hablemos entre nosotros. De que la calle sea un sitio en el que encontrarse con los demás y compartir experiencias. Un discurso que nos quiere metidos en casa detrás de cuatro cerrojos porque en el interior de las casas no puede haber actos de comunicación directos, que no estén mediados por su tecnología. Porque la calle es el escenario de lo político, no los platós de televisión ni el Congreso. Porque la calle es el lugar del encuentro con los demás, el sitio donde hablamos con otros y compartimos experiencias.

Por eso me gusta cada vez más la gente que habla con los desconocidos en la calle, las charlas intrascendentes en la cola de la frutería, saber el nombre del tendero que me vende el pan, que el conductor del autobús me cuente que le duelen los ojos de las luces de los coches, que el chico que curra por las tardes en la biblioteca de Aluche me diga que el último libro de Franzen le ha hecho dar cabezadas de aburrimiento. Por eso me gustan cada vez menos las teorías perfectamente construidas, la gente que solo ve la realidad a través de los libros, los que pretenden cambiar el sistema con tesis impecables.

Cuando abrí el libro que recoge los escritos de Albert Libertad, en la primera página había una frase de Víctor Serge en la que decía que a Libertad le gustaba la calle, la bronca, el vino, las mujeres. Que no tenía tesis brillantes ni teorías irrebatibles, pero que no las necesitaba. Creo que por eso me ha gustado tanto. 




domingo, 9 de febrero de 2014

Georges A. Cochon: la lucha contra los desahucios en 1911

[Georges A. Cochon]


Estamos a 13 de diciembre de 1911 y el frío es intenso en París. En el número 52 de la calle Dantzing la portera acaba de llamar a la policía. Uno de los inquilinos, un tal Georges A. Cochon, se niega a abandonar el domicilio que acaban de embargarle. En lugar de recoger sus cosas y marcharse, ha montado una barricada con los muebles que tenía en la habitación y ha empezado a gritar que no van a echarle de "Fuerte Cochon". Decenas de curiosos comienzan a arremolinarse alrededor del edificio, creando un tumulto cada vez mayor. Cuando llegan los gendarmes, Cochon despliega una bandera roja y un cartel en el que puede leerse: "Respetuoso de la ley violada por la policía al servicio de la propiedad, solo saldré obligado por la fuerza". 


[desahucio del Fuerte Cochon]


Los desahucios no son raros en aquel París hambriento y helado, pero Cochon no es uno más. Las amenazas de la policía no van a amedrentarle. Dos años antes, en 1909, ha sido nombrado presidente de la Unión Sindical de Inquilinos Obreros y Empleados, la primera organización de la historia centrada en la lucha contra los desahucios. Salvo algunos privilegiados, la mayor parte de la población vive de alquiler en pisos miserables que se caen a pedazos y que carecen de luz y de agua. La renta se paga semanalmente, y basta un pequeño retraso para que el propietario pueda echarte a la calle, con la ayuda de la policía si es necesario. La organización se ha creado con la forma legal de un sindicato, peor en realidad su función no está relacionada con la lucha laboral, sino con los problemas de vivienda. Desde allí se combatirán los embargos de mobiliario, los contratos abusivos y las prácticas fraudulentas de los propietarios, pero sobre todo los desahucios. 


[Cochon siendo detenido]



Cochon aguantará durante cinco días el asedio de la policía, que intenta entrar a la fuerza en su domicilio. Cuando finalmente le expulsen, el desahucio producirá el efecto contrario al esperado, y la lucha por la vivienda se radicalizará. Cochon funda el famoso Raffût de Saint-Polycarpe, una especie de pelotón que acudía a las casas que iban a ser desahuciadas. Allí, ayudaban a la familia a meter sus pertenencias en una carreta, les llevaban a una casa vacía que habían localizado previamente y la abrían por la fuerza para que la familia la okupase. De esa forma realojaron a cientos de familias de todo París, pero las okupaciones de domicilios privados no fueron sus únicas acciones. Para darle visibilidad al problema de la vivienda, entraron por la fuerza también en numerosos edificios públicos: el 10 de febrero de 1912 okuparon el patio de la jefatura de policía, el 1 de marzo la Cámara de los Diputados, el 12 de abril asediaron el ayuntamiento de París junto a miles de personas que no tenían vivienda, y el 24 tomaron por asalto la iglesia de la Madeleine. 

[Cochon en plena okupación]

jueves, 6 de febrero de 2014

Recital en Madrid


Mañana estaré recitando en Vallecas junto a Aurora Pintado y Luis Miguel Rabanal. Es la primera vez que recito en Madrid, así que será divertido. Leeré poemas nuevos. Si os apetece, es a las 20.00h en La esquina del zorro, una librería que está en la calle Arroyo del Olivar nº34 (metro Nueva Numancia).

lunes, 3 de febrero de 2014

Asesoría sexológica en el CSO La Morada




A partir de febrero empiezo una asesoría sexológica en el CSO La Morada, en Madrid. La idea es crear un espacio en el que se pueda hablar, informarse y resolver dudas sobre la sexualidad (o mejor, sobre las sexualidades) desde una óptica distinta a la que normalmente se suele adoptar en las instituciones públicas. Además de que muchos servicios relacionados con la sexualidad han desaparecido con la excusa de la crisis, los pocos que existen adoptan un enfoque basado únicamente en prevenir las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados entre adolescentes. No hay espacios ni para personas de otras edades (adultos, ancianos y niños) ni para tratar temas distintos también relacionados con la sexualidad (pareja, erótica, dificultades en los encuentros sexuales, deseos, fantasías, prácticas, etc). 

Así que los que estéis interesados en hablar sobre cualquiera de estas cosas o resolver cualquier tipo de duda relacionada con la sexualidad, solo tenéis que pasaros por La Morada los miércoles de 18.00 a 20.00. Podéis venir solos, en pareja o con amigos y no es necesario avisar antes ni pedir cita. Por supuesto, privacidad garantizada, tenemos una sala para nosotros solos en el primer piso de La Morada. Si queréis plantear cualquier tipo de jornada o de charla en centros sociales o espacios autogestionados, también estáis invitados. 

Os dejo la dirección de un blog que acabo de abrir sobre sexología y al que iré subiendo artículos sobre distintos temas poco a poco. Si me enviáis dudas o preguntas también las resolveré encantada en el blog, respetando el anonimato de la persona que la envía. También lo podéis hacer a través del correo o de la página de Facebook de la asesoría.

Blog: http://sexologiaysexualidad.com/
Dirección de correo: sexologiaysexualidad@gmail.com