viernes, 31 de enero de 2014

últimas lecturas de poesía




Últimamente no leo mucho. Después de casi nueve meses fuera, creo que el cuerpo todavía tiene que acostumbrarse al ritmo frenético de este agujero infernal que es Madrid. La energía de la ciudad me sobrepasa. Solo tengo ganas de ir a la calle Preciados y empezar a correr de arriba a abajo, chocando con todo el mundo. De entrar en cualquiera de las cadenas de librerías de Callao y empezar a tirar todos los libros al suelo, uno por uno. Cientos de libros al suelo. Por ninguna razón en concreto, simplemente por exceso de energía. Por la necesidad de procesar el ritmo de la ciudad. El único momento en el que logro concentrarme para leer es en algún punto entre la una y las dos de la mañana, cuando el cerebro empieza a entrar en una especie de estado de semi inconsciencia. Todas las lecturas que he hecho últimamente han sido en ese estado, así que no sé hasta qué punto es fiable lo que pueda decir de ellas, pero aquí va. 

El mejor descubrimiento que he hecho últimamente en poesía ha sido "La falta de lectura", de José Ramón Otero Roko. El libro fue publicado por DVD hace ya algunos años y no sabía nada de su existencia, pero tengo la suerte de tener amigos que me ponen en las manos los libros necesarios en el momento justo. La poesía de Otero Roko es compleja, no porque sea rebuscada o esté llena de palabras incomprensibles, sino porque juega con la idea de la desestructuración del lenguaje. Además, con una intención política que queda clara en las citas que acompañan al libro, tomadas de textos como "El discurso sobre la servidumbre voluntaria" de La Boétie o el "Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones", de Vaneigem. Es decir, no se trata solo de desestructurar el lenguaje, sino más bien de detonarlo. De hacerlo pedazos. 





Otro préstamo, otro descubrimiento: "No", de Manuel Lombardo Duro. Cuando me dejaron el libro, hablamos sobre el odio. Eran casi las tres de la mañana, dábamos vueltas por los callejones del centro de Madrid y hablábamos de lo poderoso que es el odio. De lo liberador que es odiar algo con todas tus fuerzas. De eso va el poemario de Lombardo Duro, de la aniquilación y la destrucción, del "feroz terrorismo de la muerte", y "la feroz dictadura de los órganos". Versos que son citas de Stirner: "He fundado mi causa en la nada". Otros que hablan de la belleza y de la muerte como si fuese una vieja conocida: "Si un hombre/se acerca a otro hombre/ es con la secreta intención de aniquilarlo"

Un regalo: "Luna muerta", de Teresa Domingo Catalá. A Teresa la conocía por "Luzbel de penumbra" y por algunos poemas sueltos en antologías, y me gustaba desde entonces. Pero su último poemario es aún mejor. O igual es que simplemente ya no me acordaba de lo buena que era. Quince sonetos ricos y complejos fuertemente ligados con la obra de Juan Eduardo Cirlot. Como si, de alguna manera, la autora contestase a los versos de Cirlot. Una maravilla. "Tu luz me apartará de los barrancos,/lágrimas de pesar que pertenecen/ al cadáver que dejo en tu ladera". 




domingo, 26 de enero de 2014

del rito que repitieron Violeta Gibson y Monika Ertl con cuarenta y cinco años de diferencia


[Violeta Gibson]


Son exactamente las once de la mañana del siete de abril de mil novecientos veintiséis. Benito Mussolini lleva cuatro años en el poder, y ya tiene ese gesto de autosuficiencia que le acompañará el resto de su vida. Estamos en la plaza del Campidoglio, en Roma, y el Duce está a punto de presidir la ceremonia de inauguración de un congreso internacional de cirujanos. La patria está necesitada de vísceras, de instrumentos cortantes, de manos firmes. En medio de la multitud, Mussolini se detiene y alza el brazo para hacer el saludo fascista. A menos de un paso de él, una mujer saca un revólver de su bolsillo y apunta directamente a la cabeza del Duce. El futuro tiende a salir de los cañones de las pistolas, y en Roma está a punto de llegar. Tiene la sien derecha del dictador en el punto de mira. No puede fallar. De repente, la banda de música comienza a tocar el himno fascista. Se han adelantado unos minutos, y Mussolini se gira contrariado hacia el lugar de donde procede la música. Son imbéciles, la patria está llena de imbéciles. En lugar de hacer estallar la cabeza del Duce, la bala apenas le roza la nariz. El futuro ha llegado demasiado pronto o demasiado tarde. El futuro soy yo, dirá Mussolini, entendedlo de una vez, estúpidos.

La mujer que acaba de atentar contra el dictador se llama Violeta Gibson, y no tendrá la oportunidad de hacer un segundo disparo. En apenas unos segundos el tiempo va a acelerarse: se abalanzarán sobre ella, le quitarán el arma y la encerrarán en un psiquiátrico durante treinta años, hasta que muera de asco o de aburrimiento. Alguien redactará un informe en una máquina de escribir, un informe capaz de secuestrarla durante treinta años, un informe en el que pondrá "solterona irlandesa con problemas mentales". El tiempo se acelerará para Gibson, pero no para Mussolinni. El Duce será vendado en aquella misma plaza y continuará con los actos previstos para ese día. Unas horas después, en la comida de gala, reirá a carcajadas al recordar lo sucedido. Imaginaos, dirá, una mujer. 



[Monika Ertl]


Lo que no sabe Mussolini es que el tiempo avanza mediante la repetición de ritos. Que no importan las caras ni los nombres porque lo que hace retroceder y avanzar el tiempo es la repetición incesante de unos mismos rituales. El Duce no murió aquel día, pero el ritual sería repetido varios años más tarde con otros rostros, y entonces no habrá un himno fascista capaz de salvar a nadie. 

Esta vez ella se llama Monika Ertl, aunque eso en realidad no importa. Son exactamente las nueve y cuarenta minutos de la mañana del uno de abril de mil novecientos setenta y uno, y estamos en Hamburgo, Alemania. En su despacho, el cónsul general de Bolivia se ha engalanado para recibir a una turista australiana que necesita arreglar un visado para viajar al país sudamericano. No suele encargarse de esas cosas, pero le han dicho que ella es joven y hermosa, y además ha insistido mucho en verle personalmente. Mientras la espera, Roberto Quintanilla revisa unos documentos en su despacho. Su apariencia es la de un burócrata, la de un funcionario que no ha hecho otra cosa que acumular papeles, pero las apariencias engañan. Quintanilla es un militar, uno de los coroneles responsables de las miles de muertes que se están cometiendo en su país de origen. Él es el que ha dirigido las principales ofensivas contra el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, la guerrilla que lucha en la selva desde 1960, y él es el que tendrá que pagar por ello. Es un militar laureado, pero el gobierno ha decidido sacarlo del país por su propia seguridad. Tres años antes, ha posado orgulloso junto al cadáver de Ernesto Guevara, después de ordenar que se le cortasen las manos. Desde entonces, el cerco se ha ido estrechando a su alrededor.

Monika entra en el despacho de Quintanilla y le da la mano. Antes de que él tenga tiempo a decirle algo más que hola, ella abre el bolso y saca un revólver. Otro revólver. A solo unos pasos, levanta el brazo y le descerraja tres tiros en el pecho. Mismo rito, idéntica aceleración del tiempo. Mientras Quintanilla se desangra en el suelo, Ertl guardará la pistola, se quitará la ropa y la peluca y saldrá del edificio. Tomará un avión y volverá a Bolivia, donde continuará luchando junto al ELNB. El tiempo no volverá a detenerse hasta dos años más tarde, concretamente el doce de mayo de mil novecientos setenta y tres, pero esa es otra historia. 


[Sobre Violeta Gibson existe el libro "La mujer que disparó a Mussolini", de F. Stoner Saunders y editado por Capitán Swing. Sobre Monika Ertl, "La mujer que vengó al Che Guevara", de Jüngen Schreiber, en Fondo de Cultura Económica]


martes, 21 de enero de 2014

de cuando Marinetti no entendió que estaba en medio de una fiesta

[Marinetti, 1876-1944]



[Maiakovski, 1893-1930]




Moscú, 1914. Un Marinetti de mirada arrogante y ceño fruncido llega a la ciudad rusa en medio de una helada descomunal. Su Manifiesto Futurista ha sido leído en Rusia hasta el aburrimiento, y su visita entusiasmaba a todos los aspirantes a ocupar el trono de la vanguardia artística y literaria. Un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia, gritaba Marinetti en un francés absurdo. Un coche de carreras con su capó adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo es lo más hermoso que veréis nunca. El italiano no está consiguiendo el fervor que esperaba, pero sigue cacareando desde el estrado con aquellas manos diminutas y aquel bigote lleno de grasa.

No entendemos nada, Marinetti, tu francés es lo más deplorable que he oído en mi vida, gritó alguien en ruso desde el público. No importa que no sepamos francés, eres un impostor, no dices más que mentiras de ricachón aburrido. El que había hablado era un joven alto y delgado, con la mirada más dura y desafiante que el italiano había visto nunca. Eres un imbécil, eres profundamente imbécil, gritó el joven, y comenzó la fiesta. Marinetti no entendía nada en medio de todos esos golpes, no entendía por qué aquellos cuatro energúmenos se habían abalanzado sobre él para darle la paliza de su vida mientras gritaban en ruso. No entendía que aquellos jóvenes se estaban riendo de él mientras le daban patadas y puñetazos sin descanso. No entendía que aquello era un baile y todos querían bailar con él. No entendía que era una fiesta. ¿No decías que no hay nada más poético que la violencia de los puños devorando un rostro hermoso, Marinetti? gritaba el joven mientras se reía a carcajadas. Tu coche no es bello, imbécil, solo es la expresión de tu riqueza. Hay que ser idiota para decir que un coche de carreras es más hermoso que la Victoria de Samotracia, le gritaba entre patada y patada, lo único que dices es que una cosa es más bella que otra, cuando lo que hay que hacer es extirpar la belleza de las cosas que son bellas. No para transplantársela a las máquinas, sino para aborrecerlas por ser la expresión de una clase dominante. 

En algún momento alguien llamó a la policía y se acabó la fiesta, pero mientras se los llevaban detenidos seguían gritando y riéndose. Los puños son la verdadera poesía, Marinetti, gritó uno de los jóvenes mientras se lo llevaban a rastras, y los demás estallaron en carcajadas. En comisaría les identificaron y les metieron en el calabozo durante unas horas. Aquel joven de mirada desafiante era Vladimir Maiakovski, y Marinetti nunca olvidaría su nombre. 


jueves, 16 de enero de 2014

De lo que le dije a Boris Savinkov cuando descubrí su cadáver a los pies de la Lubianka

[Boris Savinkov 1879-1925]

Una belleza terrible ha nacido
W.B Yeats


El invierno me maltrata
despiadadamente, Boris,
pero incluso aquí,
tumbada sobre la colcha 
de una pensión moscovita,
preferiría tenerte
que acabar con los mecanismos
de la destrucción perpetua
que bailar entre los ardores
de los venenos silvestres
que desencadenar
la más terrible de las bellezas.

Incluso aquí,
cubierta de pólvora y de rabia,
prefiero tu belleza anarquista
de soldado adolescente
tu rostro nocturno
coronado de lilas
tu cuerpo febril y salvaje
enterrado con vida
bajo el hielo y la nieve.

Incluso aquí,
enferma de frío y de violencia,
sé que a nosotros,
que hemos conocido
la deambulación generalizada
de todos los objetos, 
nunca nos será concedido
el don de la pureza.

Pero qué importa, Boris.

La pureza
es solo otra forma
de llamar 
a la oscuridad. 



[Boris Savinkov, terrorista ruso autor de más de veintisiete atentados y responsable, entre otras, de la muerte del ministro del interior del zar y del gobernador general de Moscú. Fue finalmente apresado por el régimen soviético y torturado durante días en la peor prisión de Rusia, conocida como la Lubianka. Su cuerpo se encontró una mañana a los pies del edificio, después de su supuesto suicidio. Sus diarios han sido publicados por la editorial Impedimenta]

lunes, 13 de enero de 2014

registro de sueños entre el 3 de diciembre y el 6 de enero

[The Lonely Villa, 1909]




3 de diciembre

Estoy esperando en la cola de un cine. No hay ninguna película que me interese, pero estoy con más gente y es una especie de compromiso. Entramos en el cine y la sala es gigantesca. Su forma es similar a las aulas magnas de las facultades, esas que tienen las filas de asientos en una cuesta bastante pronunciada, pero su tamaño es mucho mayor, como un anfiteatro gigantesco. Abajo del todo está la pantalla de cine, tan pequeña que apenas se ve. Las luces están apagadas pero hay velas encendidas por todas partes. Me siento en mi butaca. Pasan los minutos y las horas pero la película no empieza, aunque nadie parece quejarse. El cine se va llenando cada vez más. 



6 de diciembre 

Camino sola por las calles de un pueblo pequeño. Es de noche, pero el pueblo está bien iluminado y parece haber gente viviendo en las casas. La calle es estrecha y las paredes de las casas están encaladas. He quedado en algún sitio cercano, así que ando deprisa. De repente, de un callejón a la derecha sale una sombra negra que se abalanza hacia mí y me hace caer al suelo. El impacto es tan fuerte que me golpeo contra el suelo y me empieza a salir sangre de la boca. Cuando me giro la sombra ya no está. Me levanto y voy a la plaza donde están mis amigos esperándome. Llevo toda la ropa manchada de sangre, pero nadie parece darse cuenta. Les cuento lo que me ha pasado y se echan a reír. Me cogen de la mano y me llevan de nuevo a la calle donde ha tenido lugar el ataque. Abren una puerta que hasta entonces no había visto y me encuentro la sala enorme del sueño anterior. Reconozco la sala, sé que he estado allí, aunque en ese momento no sé que ha sido en otro sueño. "La sombra que viste no quería atacarte. Era solo un actor. Su entrada la hace a través del patio de butacas para asustar a la gente. Simplemente se chocó contigo". 



13 de diciembre

Estoy sentada en una terraza. Es verano y hace mucho calor. Delante de mí, en mi misma mesa, está sentado Sartre. Estamos discutiendo, aunque ninguno de los dos parece muy enfadado ni alzamos la voz. "Sus libros son una puta mierda, señor Sartre" le digo varias veces. Él se ríe. "La gente solo los lee porque cree que los tiene que leer, pero todos piensan que son una mierda". Él se ríe más fuerte, coge el jarrón de flores que hay encima de la mesa, saca las flores y tira el jarrón al suelo. El jarrón se hace añicos. Después tira las tazas de café y los platos, que también se rompen.



22 de diciembre

Estoy desnuda en una habitación. A mi alrededor hay un montón de gente que me está pintando espirales por todo el cuerpo. Algunas de las espirales son diminutas, otras son enormes. Tengo que hacer algo que no quiero hacer y que me da miedo, pero no recuerdo qué. Me entran ganas de llorar, pero no lo hago para que no se borren las espirales que me han pintado en la cara. 



23 de diciembre

Camino por una ciudad llena de gente. La mayoría de las mujeres llevan velo y mucho hombres visten chilabas. Sé que estoy en un país árabe pero no sé en cuál. Hace mucho calor y me siento en una plaza, a la sombra de un árbol enorme. Veo llegar a un chico montado en una bicicleta que lleva varias bolsas colgadas del manillar. Aparca la bici delante de la verja de un edificio. Me fijo en que no le pone cadena ni candado y pienso que se la van a robar. De repente hay una explosión enorme, la bici ha estallado y el edificio entero se ha derrumbado. Veo salir a gente de entre los escombros, llenos de polvo y de sangre. Oigo gritos de dolor y voces pidiendo ayuda. A pesar de que estoy muy cerca del edificio a mí no me ha pasado nada, ni siquiera tengo la ropa manchada de polvo. El chico se me acerca, me coge de la mano y me saca de la plaza. Tiene un ojo azul y otro verde. 



2 de enero

Estoy sentada en la sala de espera del dentista. A mi lado hay una señora con un sombrero de copa en la cabeza. La miro y veo que empieza a salirle sangre de los oídos. Me levanto y la pongo las manos en las orejas para intentar que no siga saliendo, pero no sirve de mucho. A la mujer no parece importarle y se ríe a carcajadas de mis intentos.



3 de enero

Tengo un gato subido a la cabeza. Intento bajarlo todo el rato, pero vuelve a subirse cada vez que lo consigo. Después de varios intentos, me resigno a dejar que viva allí. El gato se fabrica una especie de nido con mi pelo y tengo que llevarlo a todas partes ahí subido. Al cabo de un tiempo, la gente empieza a acostumbrarse. 


6 de enero

Estoy paseando a un perro por el parque. Me detengo y miro al cielo para ver si hay nubes. Un anciano se me acerca, señala las nubes y dice "lo peor va a ser cuando empiecen a llover murciélagos de la fruta".


viernes, 3 de enero de 2014

sexualidad infantil y control social



Hace unos días se publicaba el tercer número de la revista Estudios. El año pasado ya colaboré en ella con un artículo llamado "Hartémonos de amor ya que no podemos hartarnos de pan" que se ha difundido bastante a través de la red. En él hacía un repaso de cómo el anarquismo siempre se había ocupado de todo lo relacionado con el sexo y la sexualidad, llevando la iniciativa en la reflexión de temas como los métodos anticonceptivos, la familia, el amor o la maternidad consciente. En el artículo también proponía volver a recuperar esa iniciativa, porque la sexualidad es uno de los escenarios claves de la dominación. El disciplinamiento de los cuerpos, y especialmente de la sexualidad (entendida en un sentido amplio como los deseos, los afectos, las fantasías, las prácticas, etc.) es una de las estrategias claves con las que cuenta el sistema en la actualidad para imponer unas determinadas relaciones de poder y de dominación. Como dicen los de Tiqqun, el capitalismo no es el FMI o el BCE: el capitalismo es sobre todo un poder de fascinación, un ideal de seducción, una promesa de paraíso en la tierra, y esa promesa tiene mucho que ver con unas determinadas ideas sobre la sexualidad y los cuerpos. El amor se ha convertido en una máquina de guerra, y la están utilizando contra nosotros.

Siguiendo con esa línea de recuperar la reflexión sobre la sexualidad, el artículo de este año trata sobre la etapa de la infancia. En concreto sobre cómo el discurso de los abusos infantiles que tanto oímos repetido en los medios una y otra vez esconde una voluntad de control social, un método de disciplinamiento. Bajo una supuesta intención de proteger a los niños, lo que se esconde es la repetición constante de una única idea: la asociación del sexo con el peligro. Esa idea nos la repetirán a lo largo de toda la vida (charlas sobre sexualidad que únicamente tratan de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados, películas en las que la víctima siempre es una mujer a la que han violado, asesinos en serie que fueron abusados sexualmente de pequeños, etc), pero se empieza a fijar en una etapa clave para la sexualidad como es la infancia. Esto no significa que los abusos no existan, pero sí que la continua repetición de ese discurso cumple unos objetivos que no tienen que ver con proteger a los niños. Así, consiguen convertir nuestra vida sexual en algo miserable, algo así como una gestión de los genitales de otra persona. El sexo pasa a convertirse en una especie de trabajo, y como todo trabajo es aburrido, monótono y alienante. La dominación se ha introducido así en todos los resquicios de nuestra existencia.


Por si queréis leerla, la revista entera está en libre descarga AQUÍ.