viernes, 20 de diciembre de 2013

reseña nada objetiva de "Contra la niebla"



Ha sido una semana rara. De esas en las que intuyes que las cosas van a salir bien pero no puedes explicar la razón, porque la realidad es que no sabes dónde vas a vivir el mes que viene, tienes que seguir buscando (más) curro, todo lo que tienes está guardado en un trastero lleno de goteras y lo demás se ha perdido en una casa a la que no crees que vayas a volver. Es decir, la realidad es objetivamente una mierda pero aún así estás bien, seguramente porque tienes a un montón de gente que te quiere, y después de haber estado lejos y sola durante varios meses, eso es mucho. 

Nada más volver a Madrid, Gio me puso en las manos su poemario, "Contra la niebla". A Gio le conozco desde hace tres años, he leído decenas de poemas suyos y hasta he bailado cumbia psicodélica con él, así que ni puedo ni quiero ser objetiva con lo que escribe. Sé que todo esto va a hacer que os cueste mucho más creer lo que voy a decir a continuación, pero "Contra la niebla" es alucinante. Creo que Gio es el poeta que conozco que tiene el mejor manejo del lenguaje, de los pocos que saben hacer música con las palabras. Si habéis tenido la suerte de oírle recitar, os habréis dado cuenta de lo que digo, de la sonoridad de sus poemas, de cómo logra que las palabras se deslicen y te lleven. Los poemas de Gio están llenos de términos que resuenan de un verso a otro, que van y vienen y estallan, y no importa que no sepas qué significan algunos de ellos -a mí me vaciló durante semanas con el significado de "calato"- porque lo que importa es te están estallando dentro. Si tenéis la oportunidad, haced la prueba de cerrar los ojos cuando oigais recitar a Gio. Es alucinante, de verdad, más aún incluso que leerle. 

"Contra la niebla" es un libro de esos que te dan envidia, de los que querrías haber escrito tú. Lo tengo tan subrayado que hay poemas que ya casi no se distinguen, tan lleno de anotaciones en los bordes es casi como si hubiese escrito un libro paralelo al suyo. Es un poemario tan hermoso que asusta. De esos que te paralizan durante unos días porque la belleza tiene un efecto paralizante cuando sabes que no puedes igualarla. Pero también de esos que te hacen sentarte a escribir, porque los poemas se te han quedado dentro y tienes que sacarlos antes de que te empiecen a crecer en los pulmones. "Contra la niebla" es un poemario inmenso, de los que te agarran y te sacuden y te rompen algo dentro. Ojalá todos podáis leerlo y os sacuda como lo ha hecho conmigo.




domingo, 15 de diciembre de 2013

registro de sueños ajenos acontecidos entre la primavera de 1863 y la primavera de 1971





La habitación se hallaba llena de animales inmóviles, que esperaban una señal desconocida para animarse y caer sobre mí; especialmente había serpientes y seres que parecían varas de mimbre.


80 sueños, Juan Eduardo Cirlot
En algún momento de 1951




Lo que V.M me escribe me anima a relatarle un sueño que tuve en la primavera de 1863, cuando la gravedad de la situación política había llegado a su punto máximo y no se vislumbraba ninguna salida política practicable. Así las cosas, soñé esa noche (y a la mañana siguiente lo conté a mi mujer y a otras personas) que iba a caballo por una angosta senda alpina, bordeada a la derecha por un abismo y a la izquierda por una roca perpendicular. la senda fue haciéndose cada vez más estrecha, hasta el punto de que el caballo se negó a seguir adelante, resultando también imposible, por falta de sitio, dar la vuelta o apearme. en este apuro, golpeé con la fusta que empuñaba con la mano izquierda la roca vertical y lisa, invocando el nombre Dios. La fusta se alargó infinitamente, cayó la roca y apareció antes mis ojos un amplio camino, al fondo del cual se extendía un bello paisaje de colinas y bosques, semejante al de Bohemia, por el que avanzaba un ejército prusiano con las banderas desplegadas. Al mismo tiempo, me preguntaba cómo podría comunicar rápidamente tal suceso a V.M. Desperté contento y fortificado. El sueño llegó a cumplirse.

Carta de Otto von Bismarck a Guillermo I
En algún momento de la primavera de 1863
El sueño resultaría premonitorio: la revuelta polaca fue aplastada y 
la guerra contra Austria solo duró siete semanas. 







Es una pesadilla, Maruja. Paso todo el día en una trinchera y cuando cierro los ojos vuelvo a verla, una y otra vez. Todas las noches sueño con este mismo infierno. Anoche, por ejemplo, soñé que Enrique moría a mi lado, que una bala le atravesaba la cabeza mientras estaba junto a mí en la trinchera. En lugar de apenarme, yo le quitaba las botas y la chaqueta y me las ponía. Me he despertado sudando. Cuando Enrique me ha preguntado si me pasaba algo, he mirado su chaqueta un momento y he pensado que efectivamente es mejor que la mía. 

Carta de José Pellicer a su novia, Maruja Veloso
En algún momento de principios de 1937.
Es probable que Pellicer se refiera a Enrique Marco, uno de los primeros en alistarse a la Columna de Hierro que él había contribuido a fundar. Enrique sobreviviría a la guerra y a varios campos de concentración; Pellicer no. Curiosamente, después de la lectura de la biografía de Pellicer, yo también soñé durante un tiempo con las botas de un muerto.






He asesinado a mi mujer y la corto groseramente en pedazos que luego envuelvo y amarro apresuradamente en papel. Todo cabe en una caja fácilmente manejable. Mi única opción es convertirla en vino o alcohol. Voy a la destilería. Entro sin llamar a la puerta en un cuarto donde se encuentran tres jovencitas vestidas con una blusa. Dos están sentadas y la tercera está de pie cerca de una puerta mediana (como de una cantina). O bien yo les hago un guiño, como si nos conociéramos, o bien espeto en un tono desenfadado, cualquier cosa, algo así: "¡Traigo 50 kilos de buena barbacoa!" La joven que estaba de pie me lleva a una esquina, donde comienza a examinar mi mercancía. Mi paquete tiene todos los sellos de calidad deseables, pero la joven asegura que la compañía que yo represento no es cliente de su Sociedad y que voy a tener problemas para cerrar el trato. Para una muestra, le saco de mi paquete una serie de botellas pequeñas. Esto sin ningún compromiso, más que como una mera formalidad banal, pero, para mi sorpresa, encuentro cada vez más y más botellitas, unas de vino rojo, otras de vino blanco y vino rosado, toda clase de alcohol, incluso una garrafa de agua minúscula más bien llena y sobre todo sin corcho. Se podía meter el dedo en el cuello de la garrafa sin que se vertiera, lo que me parecía una indubitable demostración experimental de ósmosis o de capilaridad. Al final, toda esta representación se muestra inútil. Un hombre sale de de una oficina de al lado y me dice que tendré problemas si no encuentra mi nombre en unos ficheros. 

La cámara oscura. Georges Perec
Mayo de 1971

miércoles, 11 de diciembre de 2013

mis ochenta libros de todos los tiempos seleccionados por criterios personales y caóticos.


Aquí van mis ochenta libros. La lista debía ser lo más espontánea posible y no se podían repetir autores. Salvo esas dos condiciones, la elección se debe a criterios personales y caóticos. Hay novela, poesía, teatro y ensayo, y su disposición en la lista no sigue un orden concreto. Podéis ver otras listas en el blog de Francisco J. Pérez, en el de Marco Antonio Raya Ruiz o en el de Rubén Martín.  


- Hombres salmonela en el planeta porno. Yasutaka Tsutsui
- Historia del ojo. Georges Bataille
- Viaje al fin de la noche. Louis-Ferdinand Céline
- En la llama. Juan Eduardo Cirlot.
- Inferno. August Strindberg
- Internados. Erving Goffman
- Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll
- Plop. Rafael Pinedo.
- Los cantos de Maldoror. Isidore Ducasse
- Vigilar y castigar. Michael Foucault.
- Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones. Raoul Voneigum
- La función del orgasmo. Wilhem Reich
- ¿Estáis locos?. René Crevel

[René Crevel]

- Altazor. Vicente Huidobro
- El almuerzo desnudo. William Borroughs
- Los 120 días de Sodoma. Marqués de Sade
- Pedro Páramo. Juan Rulfo
- El matrimonio del cielo y el infierno. William Blake.
- Porno. Irvine Welsh
- Trilce. César Vallejo
- Terrorismo. Walter Laqueur
- Q. Luther Blisset
- El Apocalipsis, El libro de Job y El Génesis. La Biblia
- Una temporada en el infierno. Arthur Rimbaud.
- El asesinato considerado como una de las bellas artes. Thomas de Quincey
- Las criadas. Jean Genet
- Morgue y otros poemas. Gottfried Benn
- Neuromante. William Gibson.
- La piel fría. Albert Sánchez Piñol.
- Corona de flores. Javier Calvo.


[Georg Trakl]

- Poemas. Georg Trakl
- Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Étienne de La Boétie
- El libro de la ley. Alesteir Crowley
- Realidad daimónica. Patrick Harpur
- En las montañas de la locura. H.P. Lovecraft
- Antología. Leopoldo María Panero
- Cómo la no violencia protege al Estado. Peter Gelderloos
- Los demonios. Dovstoyevski
- El corto verano de la anarquía. Hans Magnus Enzensberger.
- La narración de Arthur Gordon Pym. Edgar Allan Poe
- La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías. Colectivo Juan de Madre
- La ciudad y la ciudad. China Miéville.
- La conquista del pan. Piotr Kropotkin
- La leyenda dorada. Santiago de la Vorágine


[Boris Savinkov]


- El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso. Boris Savinkov
- Las flores del mal. Charles Baudelaire.
- El libro de Monelle. Marcel Schwob
- Lolita. Nabokov.
- La venus de las pieles. Leopold Sacher-Masoch
- Meridiano de sangre. Cormac McCarthy
- No podrán pararnos. Alfredo María Bonnano
- Futuro primitivo. John Zerzan
- Universos paralelos. Michio Kaku.
- Infancia, sexualidad y peligro. Agustín Malón.
- La condesa sangrienta. Alejandra Pizarnik.
- Los detectives salvajes. Roberto Bolaño
- La conjura de los necios. John Kenney Toole.
- Cinco canciones de cuna. Francisco J. Pérez.
- Valis. Philip K. Dick
- Nosotros. Yevgeni Zamiatin
- La casa roja. Juan Carlos Mestre

[Guy Debord]

- La sociedad del espectáculo. Guy Debord.
- Historia de un incendio. Servando Rocha.
- Ácido sulfúrico. Amélie Nothomb
- Máquinas de amar. Pilar Pedraza
- Las once mil vergas. Guillaume Apollinaire.
- Ubú Rey. Alfred Jarry
- El pabellón número 6. Antón Chéjov.
- Frankenstein o el moderno prometeo. Mary Shelley.
- Alquimia y mística. Alexander Roob.
- La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Casilda Rodrigáñez.
- Antología de Spoon River. Edgar Lee Masters
- Un mundo feliz. Aldous Huxley
- Los muertos y los vivos. Sharon Olds.
- Bello como una prisión en llamas. Jules Van Daal.
- Testo yonki. Beatriz Preciado.
- El enigma de la docilidad. Pedro García Olivo.
- Hiela sangre. Francisco Ferrer Lerín.
- Del enebro. Hermanos Grimm
- Cumbres borrascosas. Emily Brönte.

lunes, 9 de diciembre de 2013

sobre viajes en furgoneta, canciones de Kortatu e ideas que están empezando a dar vueltas en los cerebros adecuados

[Kortatu en concierto en 1987]



Hace un par de años, uno de mis mejores amigos comenzó su tesis doctoral en Sociología sobre el rock radical vasco. Por aquel entonces yo solo trabajaba los fines de semana, así que le acompañé varias veces en sus frecuentes viajes a Euskadi para entrevistar a gente o tratar de encontrar maquetas y grabaciones de las que nadie se había vuelto a acordar desde hace veinte años. Los viajes los hacíamos en una C15 que había sobrevivido a tres dueños y tres accidentes, y a la que había que dar patadas para que se abriesen las puertas. La furgoneta no pasaba de ninguna manera de los noventa kilómetros por hora, así que el viaje era una especie de infierno de siete horas de duración con varias paradas para que el motor no se recalentase. 

La primera hora la solíamos pasar hablando de cualquier cosa, pero después del puerto de Navacerrada empezaban a sonar cinta tras cinta los grupos sobre los que él estaba haciendo la tesis: Cicatriz, Eskorbuto, Hertzainak, Jotakie o Kontuz Hi!, pero sobre todo Kortatu, que en el fondo era la razón de todos aquellos viajes. Después de escuchar tres o cuatro veces las canciones más famosas de Kortatu y cantarlas a gritos, Alberto me empezaba a contar cosas sobre su tesis, porque decía que hablar conmigo le ayudaba a pensar. "Joder, Lay, es que lo que más mola de aquella época es la efervescencia social. Ahora estamos medio muertos comparado con lo que se vivió en aquel momento en Euskadi." Lo que él trataba de analizar con su investigación era todo el movimiento social que había dado lugar al nacimiento de aquellos grupos, que formaban parte de algo mucho más amplio. Kortatu o Hertzainak fueron solo una expresión más de todo un movimiento popular que supuso la aparición de fanzines, radios libres, periódicos, centros sociales y luchas de todo tipo, como la feminista o la antinuclear. De alguna manera, en Euskadi no se habían tragado del todo aquel montaje vergonzoso de la Transición, así que ésta no había tenido tantos efectos desmovilizadores como en otras partes del Estado. 

Después de aquellos viajes no había vuelto a pensar mucho más en todo aquello, pero al leer el libro que acaba de publicar Lengua de Trapo sobre Kortatu me he alegrado de ver que los autores defienden muchas de las tesis que Alberto y yo intuíamos en esos viajes. Que la violencia de ETA y del Estado habían acabado fagocitando mucho de aquel movimiento, pero que todas aquellas iniciativas merecían la pena porque suponían salir de la dinámica protesta-represión y hacer cosas, y cosas que además eran divertidas. La militancia seria, moralista y coherente fue sustituido por algo que estaba fuera de los parámetros de la coherencia y la integridad, que al fin y al cabo son parámetros del sistema. Editar fanzines es divertido, hacer tu propio grupo de música es divertido, liberar espacios es divertido. Por eso debería hacerse. De hecho, en los últimos meses he conocido a un montón de gente que ha comenzado iniciativas parecidas, y creo que está volviendo a haber una cierta efervescencia en ese sentido. Ojalá prosperen y dentro de poco vuelva a haber iniciativas tan importantes como el fanzine musical Muskaria o la agencia de noticias Tas-Tas. De hecho, estoy bastante segura de que estas ideas ya está rondando la cabeza de mucha gente. 



[Cubierta del libro de Lengua de Trapo]


martes, 3 de diciembre de 2013

algo así como el acto de terrorismo literario definitivo


Hace unos días me pasó algo extraño. Estaba leyendo “La cena de los notables”, de Constantino Bértolo, y de repente descubrí algo a lo que no dejo de darle vueltas desde entonces. “La cena de los notables” es un ensayo sobre la lectura y la escritura, o más bien sobre la enfermedad que supone la lectura y la soberbia que implica la escritura. En un momento dado, Bértolo hace un repaso de algunos personajes literarios que a su vez enferman de literatura a lo largo de la novela, como el Martin Eden de Jack London o el Quijote de Cervantes. Y entonces llega a Emma Bovary.

Por alguna razón, yo estaba completamente convencida de haber leído "Madame Bovary". Es más, creía recordar haberlo leído hace dos veranos en un pdf que nos pasó el profesor de una de las asignaturas que tuve en el primer año del máster. Creía recordar incluso estarlo leyendo en casa de unos amigos en Granada. Y digo creía porque ya no lo sé. A medida que leía el fragmento que Bértolo dedica a Emma Bovary me iba dando cuenta de que no era lo mismo que yo había leído. Que lo que Bértolo contaba no tenía nada que ver con lo que yo pensaba que era el argumento de "Madame Bovary". O, más bien, sí tenía algo que ver: recordaba el personaje, su forma de actuar, incluso su enfermedad con la literatura. Pero no recordaba a los personajes secundarios que cita Bértolo, y estaba bastante segura de que el final que yo había leído era completamente diferente.

Decidí buscar el pdf para ver qué había leído realmente, pero no lo he encontrado. Debí de eliminarlo del ebook y ya no tengo acceso a la plataforma virtual del máster, así que no puedo volver a descargarlo. Sin embargo, yo recuerdo haberle dicho al profesor que lo había leído, recuerdo haber hablado sobre el personaje y  recuerdo que me gustó bastante más de lo que pensaba en un principio. Por supuesto, estaba segura de que la que estaba equivocada era yo y no Bértolo, pero al ir a la biblioteca a por otro libro no pude evitar echar un vistazo al ejemplar de "Madame Bovary". Y sí, efectivamente el final y los personajes coincidían con lo que se contaba en “La cena de los notables”. ¿Qué libro he leído yo entonces? ¿Leí realmente el pdf del profesor o solo recuerdo haberlo leído? ¿Qué otros libros que recuerdo no he leído? ¿El pdf era realmente de "Madame Bovary"? ¿Puede ser que estuviese manipulado y el profesor no se hubiese dado cuenta?


No dejo de darle vueltas sobre todo a esta última pregunta, porque la posibilidad de alterar los libros en los pdfs que circulan por internet me parece maravillosa. Hacer que miles de personas crean que Emma Bovary quema la casa con su marido dentro, que miles de adolescentes respondan mal su examen sobre “El guardián entre el centeno”, que cientos de personas piensen que el tío Tom escondía cadáveres de niños bajo el suelo de su cabaña. Algo así como el acto de terrorismo literario definitivo. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

El momento exacto en el que aún no sabían nada.

[José Canalejas]


El momento exacto en el que José Canalejas decide detenerse frente al escaparate de la librería San Martín, en la Puerta del Sol, para contemplar un mapa de la guerra de los Balcanes. El instante en el que levanta la cabeza y ve reflejado en el cristal a un joven rubio y bien vestido que se acerca hacia él con paso decidido. Aún no sabe que ese joven es Manuel Pardiñas Serrano, al que solo le quedan unos minutos de vida. Aún no sabe que lleva una pistola Browning en el bolsillo y que la pistola va a funcionar a la perfección. Aún no sabe que le va a disparar un único tiro en la cabeza y que, antes de dispararse otro a él mismo, ese joven gritará "¡Viva la anarquía!"




[Louis de Saint-Just]

El momento exacto en el que Louis de Saint-Just, hermoso y terrible como la turbulenta noche en que lo engendraron, es abandonado por su amor de adolescencia, que le deja para casarse con un partido más ventajoso. El instante en el que decide marcharse a París y roba las joyas de su madre para costearse el viaje. Él aún no lo sabe, pero en París la revolución acecha ya en todas las alcantarillas. Él aún no lo sabe, pero será el responsable directo de la ejecución de miles de personas como miembro del Comité de Salud Pública. Él aún no lo sabe, pero la Historia le conocerá como el arcángel del terror. 




[José Pellicer]

El momento exacto en el que José Pellicer, algo aburrido en su clase de esperanto, levanta la cabeza y cruza la mirada con Maruja Veloso, que le observa desde hace un rato. El instante en que se sonríen y Pellicer tiene la certeza absoluta de que será el amor de su vida. Ninguno de los dos lo sabe todavía, pero está a punto de estallar la revolución social española. Ninguno de los dos lo sabe todavía, pero él fundará la Columna de Hierro y luchará hasta el último aliento. Ninguno de los dos lo sabe todavía, pero la guerra se perderá y José será fusilado junto a su hermano Pedro el triste año de 1942.




[Louise Michel]

El momento exacto en el que Louise Michel alza la vista y sonríe divertida porque se acaba de proclamar la Comuna de París y los comuneros lo están celebrando disparando a los relojes de la ciudad. El instante en el que sabe que el tiempo acaba de detenerse y que el hecho de ganar o perder no tiene mucha importancia. Ella aún no lo sabe, pero será juzgada y deportada a una colonia en Nueva Caledonia, donde ayudará al movimiento independentista. Ella aún no lo sabe, pero el pueblo de París la llenará de flores a su regreso. Ella aún no lo sabe, pero se enamorará y él se llamará Ernest Girault.