sábado, 2 de noviembre de 2013

yo, Lope de Aguirre, endemoniado y rabioso como habitante de las profundidades



De todos los personajes malditos de la historia, Lope de Aguirre es uno de mis preferidos. Traidor, alucinado, déspota y cruel, Aguirre fue todo lo sanguinario que pudo durante sus cuarenta y cinco años de vida, hasta que fue asesinado por uno de sus subordinados. Seguramente sea uno de los personajes más oscuros y detestables de la colonización española de América, responsable directo de la muerte de miles de nativos, pero sus odios nunca se dirigieron solo contra los indígenas. La desobediencia a los mandos militares del Virreynato de Perú provocó que fuese juzgado y castigado a ser azotado públicamente. Aguirre nunca perdonaría aquello. Con el orgullo herido, esperó que acabase el mandato del juez, y comenzó una persecución que duraría tres años. Tres años esperando para poder vengarse. Tres años siguiendo al juez de ciudad en ciudad, buscando su rastro, oliendo su miedo, acechándolo. Tres años hasta que lo encontró, después de haber recorrido más de seis mil kilómetros, y lo asesinó en su propia casa. 

Aguirre fue condenado a muerte, pero la sentencia nunca se cumpliría. La conquista necesitaba hombres violentos y crueles como él, y fue reclutado y enviado al campo de batalla. De él volvería con las manos quemadas por el arcabuz, una cojera que arrastraría para siempre y la mirada aún más cruel. Después de aquello, se enrolaría en una misión para buscar El Dorado. En ella Aguirre era solo un subordinado, pero no dudó en llevar a cabo una política de asesinatos selectivos para hacerse con el mando. Ejecutó a setenta y dos miembros de la expedición, porque consideraba que no eran útiles o que no cooperaban en la empresa. Los demás se arrodillaron ante él y le nombraron príncipe. A partir de entonces, Aguirre elegiría enemigos aún más poderosos. La expedición pronto se convirtió en una misión alucinada y febril para arrebatar el poder a los mandos militares que gobernaban los territorios conquistados por los españoles. Después de la toma de cada ciudad, Aguirre escribía personalmente a Felipe II para reírse de él e insultarlo. A veces firmaba como El Traidor. Otras como El Peregrino o El Príncipe de la Libertad. 

Cercado en Barquisimeto, una de las ciudades sobre las que había caído como una plaga, asesinó a su propia hija a puñaladas en medio de un delirio. Sus subordinados decidieron entonces acabar con su vida. Como castigo, su cuerpo fue descuartizado y enviado a varias ciudades de Venezuela para que sus restos fueran comidos por los perros. Su cabeza fue enjaulada y enviada a El Tocuyo. Ni siquiera muerto quisieron fiarse de ella. 

Esta historia la conocí en la universidad, donde tuve una asignatura sobre historia de Latinoamérica. No me había acordado de ella hasta hace unos días, cuando en un blog encontré por casualidad un poema a Lope de Aguirre escrito por José Ramón Signes. El poema es alucinante, pero copio solo una parte porque este post ya es demasiado largo. El que quiera leerlo entero, puede hacerlo aquí. 


Yo, Lope de Aguirre, el Peregrino, el Traidor,
que fui príncipe de estas tablas cuando todavía eran naves,
que fui cañones sin el reproche de tontas leyes,
que me permití pecar de lesa majestad y por escrito,
soy apenas el rostro de un vasco delirante surcado de lengua bárbara,
indiano de imposible retorno, falso criollo,
tosca pincelada de ambición y avaricia en todo caso
esquivando flechas envenenadas sobre una balsa de troncos
entre monos que chillan sin parar.

Yo, Lope de Aguirre, la ira de Dios,
entregaré mi cuerpo a esta isla con nombre de mujer
para que alguien lo desguace con mi propio cuchillo
y lo lleve en trozos selva adentro, para regocijo de los perros.

martes, 29 de octubre de 2013

He fundado mi obra en la nada, dijo Stirner, y escribió el mapa del abismo

[Max Stirner, 1806-1856]



Recuerdo la primera vez que me hablaron de Max Stirner. Estaba pasando unos días en una casa que habían ocupado unos amigos en la sierra de Madrid. Eran las once de la noche y había unos diez grados bajo cero y una nevada que nos llegaba a las rodillas. Casi todo el mundo se había acostado ya, solo quedábamos mi amigo José y yo con una botella de algo parecido al pacharán que tenía pinta de haber caducado antes de las guerras carlistas. Tienes que leerte esto, Lay, me dijo, y me tiró sobre la mesa el fanzine peor maquetado y más hecho polvo que he visto en mi vida. Recuerdo que estábamos bastante emocionados hablando casi a gritos de Wilhem Reich y "La función del orgasmo", que habíamos descubierto casi a la vez, así que yo pensé que tendría que ver con ese tema. Qué va, me dijo, es mejor aún.

El fanzine era un montón de fotocopias mal hechas de "El único y su propiedad", la obra más conocida de Max Stirner. Pero también era mucho más que eso. Yo todavía no lo sabía, pero José me acababa de regalar el libro más desestabilizador y peligroso que he leído en mi vida. Stirner había escrito un manifiesto para la destrucción de todo lo existente, una especie de mapa del abismo que rozaba el delirio. Demolía todas y cada una de las instituciones sociales existentes hasta que solo quedaba la nada. Hasta que la misma obra era arrastrada por esa nada. Hasta que solo quedaban las siete últimas palabras del libro: "He fundado mi obra en la nada".

De hecho, el propio Stirner sería arrastrado por el peso de su obra. Profesor de un colegio de señoritas, la publicación de "El único y su propiedad" obligaría a Stirner a abandonar su puesto de trabajo como consecuencia del escándalo producido. La obra era demasiado extraña, demasiado compleja, demasiado inquietante. Arruinado y abandonado por sus familiares y amigos, Stirner pasaría sus últimos meses de vida entrando y saliendo de la cárcel a causa de las numerosas deudas contraídas por su situación de indigencia. Nunca llegaría a ver la influencia que su obra generaría en muchos autores posteriores, desde anarquistas individualistas a nihilistas y existencialistas. Aunque supongo que a Stirner no le habría importado.

Hace unos días, recuperé la lectura de la obra para preparar un artículo. La idea era seguir con el ciclo sobre las claves de algunos autores que empezó con Emma Goldman y va a continuar dentro de unos días con Rosa Luxemburgo en Culturamas. Cuando se lo comenté a Juan, fue a la estantería y me puso entre las manos una edición preciosa de "El único y su propiedad". Es tuya, me dijo. No sé si sabe lo que acaba de regalarme. 


[versión editada y versión fanzine. Está libre de derechos, incluida su traducción al castellano, así que no es difícil de encontrar en internet si alguien está interesado]


martes, 22 de octubre de 2013

sobre Philip K. Dick y los mensajes emitidos por entidades externas

[Philip K. Dick]


He leído mucho de Philip K. Dick, pero, por alguna razón, la novela "Valis" no llegó a mis manos hasta hace unos días. Es curioso que su llegada coincidiese con la de otro libro muy similar en el fondo, aunque no la forma. Me explico. En "Valis", un personaje llamado Amacaballo Fat se ve inmerso en una especie de búsqueda teológica después de ser alcanzado por un rayo láser que ha sido enviado por una fuente divina de conocimiento. Se trata de una novela con un fuerte contenido autobiográfico, porque el propio K. Dick estaba convencido de que sus últimas novelas habían sido dictadas por una especie de entidad divina que hacía que las palabras brotasen en su mente. Se refería a esta entidad con el nombre de Valis, -acrónimo de Vast Active Living Intelligence System-, y la describía como "una invasión de mi mente por una mente transcendentalmente racional, como si yo hubiese estado loco toda mi vida y de repente me hubiese vuelto cuerdo". [entrevista a Charles Platt]

Las visiones, que habían comenzado en febrero de 1974, fueron haciéndose cada vez más complejas. Al principio se componían únicamente de rayos láser y patrones geométricos, pero luego comenzaron a incluir visiones de Jesucristo y de la vida en la antigua Roma. La entidad, que inducía estas visiones en su cerebro, comenzó a comunicarle frases y párrafos enteros, que K. Dick transcribió en su diario "Exégesis", de más de ocho mil páginas. Según él, la entidad llegó incluso a comunicarle que su hijo tenía una hernia, aunque carecía de síntomas. Cuando lo llevó al médico, la hernia resultó ser cierta y pudo ser extirpada antes de que causase problemas al niño. Esto convenció a K. Dick de que sus visiones procedían realmente de una entidad divina, y no de su propia mente, a pesar de su consumo habitual de drogas  y de que él mismo se había preocupado por la posibilidad de estar sufriendo una esquizofrenia.

Philip K. Dick no es el único escritor cuyos libros son el producto de una comunicación mística, pero me sorprendió que su novela llegase a la vez que otro libro cuya redacción también se basa en una serie de mensajes emitidos por una entidad externa. En este caso, los textos fueron dictados en sucesivas sesiones de comunicación a lo largo del año 2012, y posteriormente fueron ordenados y publicados en un libro que se tituló "Gran Fin". La entidad que los comunicó, llamada Entidad Rectora del animismo urbano, alertaba de la llegada de este Gran Fin, que definía como "la destrucción de todas las instituciones que has creado y que crees que te gobiernan". 



"Puede que creas que vas a conseguir algo tratando de destruir ese poder externo que te esclaviza, pero no es así, ese poder no lo puedes destruir porque no existe, te esclaviza la creencia en ese poder, la creencia de que hay un poder por encima de tu poder"

*

{Te comportas como un esclavo si crees que el poder es algo distinto a ti}

*

Tú no me conoces, yo a ti si. Te conozco porque soy tú. Ha comenzado el Gran Fin, y así acaba lo que crees que es tu vida.




[El libro "Gran Fin" ha sido publicado recientemente por Almacén de análisis. Su web aquí. La novela de Philip K. Dick fue publicada en 2007 por Minotauro]

jueves, 17 de octubre de 2013

proyecto de escritura basado en la inducción de estados alterados de conciencia a través de la música

[integrantes del grupo Zero Kama]



Hace unas semanas empecé un proyecto de escritura un tanto extraño. Las religiones antiguas siempre me han interesado, pero unos meses atrás comencé a investigar sobre el uso de la música en estos cultos. Todo empezó a partir de un programa de radio (La noche en blanco, en Radio Nacional) en el que hablaron de la música que se utilizaba en los sacrificios humanos en la América prehispánica. Algunos descubrimientos arqueológicos parecen demostrar que durante la celebración del rito se utilizaban determinados sonidos para generar estados alterados de conciencia en los participantes. Esto no es algo exclusivo de las culturas precolombinas, pero se centraban en ellas porque había evidencias arqueológicas que permitían reconstruir algunos de los instrumentos que producían estos sonidos. Uno de estos instrumentos eran los silbatos de la muerte, que se utilizaban para llamar a los muertos e invitarlos al rito. 

[silbatos de los muertos]

Cuando oí el sonido del silbato no tuve la menor duda de que es posible inducir estos estados a través de la música, así que me puse a investigar sobre la posibilidad de utilizarlo para la escritura. La idea era escribir mientras permaneciese inmersa en uno de estos estados, que sería inducido previamente utilizando solo la música, sin el apoyo de ninguna sustancia. Lo difícil era encontrar los sonidos que pudiesen generarlo, porque solo podía guiarme por la intuición. Comencé a investigar con el grupo Dead can Dance, que también habían experimentado con este tema.



[Dead can dance, "Yulunga"]


Sin embargo, los primeros intentos acabaron en fracaso. Dead can dance era capaz de ponerme la piel de gallina pero no me generaba nada especial, así que no quedaba otra que seguir probando. Por una de estas sincronicidades extrañas que ocurren con determinadas personas, un amigo me enlazó la música de un grupo llamado Zero Kama. Él lo hizo porque el disco más famoso de este grupo se llama "The secret eye of Laylah", pero al buscar información sobre el disco, me di cuenta de que la música que incluía había sido hecha con huesos humanos. Los miembros del grupo se basaron en una flauta tibetana que se hacía con el fémur de personas que habían muerto violentamente y que se utilizaba para invocar a los muertos en determinados ritos. Después de la grabación del disco, los instrumentos nunca volvieron a tocarse. 



[Zero Kama, "The secret eye of Laylah"]


La pista de este grupo fue determinante para empezar a encontrar lo que quería. A partir de ahí comencé a investigar con música de ritos funerarios y acumulé una lista de reproducción con la que tenía una intuición bastante fuerte. Los primeros intentos de que me generase algo especial no funcionaron, pero hace unos días me pasó algo extraño. Estaba dando tumbos por internet con la lista de reproducción puesta y abrí un documento de word. De alguna manera, cuando me di cuenta habían pasado dos horas y tenia escritos diez folios. Mi forma de escribir suele ser bastante lenta y tortuosa, así que no tengo muy claro todavía qué compuerta se abrió en mi cerebro. Probablemente no sea más que una tontería, pero creo que merece la pena seguir probando. 

domingo, 13 de octubre de 2013

cómo ver morir a tu pareja


[Stefan y Lotte Zweig]


Últimamente he pensado mucho en el suicidio. No en el mío, sino en el acto de suicidarse en sí mismo. En las motivaciones que pueden llevar a alguien a hacer eso, en los abismos que tenemos dentro. Buscaba información para un texto que se iba a incluir en el fanzine "Seiscidas" y estaba dando vueltas por internet, dando tumbos de una página a otra. Había decenas de ellas dedicadas a escritores conocidos que habían acabado con su vida. Cientos de nombres. Pero lo más curioso es que algunos de ellos también habían visto el suicidio de su pareja. Creo que el primer caso en el que reparé fue el de Stefan Zweig. De origen judío, Zweig se suicidó en 1942, convencido de la victoria del nazismo. Tres años antes había conseguido huir a Brasil, pero se sentía incapaz de ver cómo Europa sucumbía al Tercer Reich. Lotte, su mujer, se tumbó junto a él en la cama e ingirió el mismo veneno que el escritor. Cuando la policía los encontró, aún estaban tendidos en la cama, abrazados. Unos años más tarde, el nazismo sería derrotado por el Ejército Rojo y borrado del mapa, pero ni Zweig ni si mujer pudieron verlo.



[Paul Lafargue y Laura Marx]


El segundo caso en el que reparé fue el de Paul Lafargue y Laura Marx. Con sesenta y nueve y sesenta y seis años respectivamente, Lafargue y Marx decidieron inyectarse una solución de ácido cianhídrico en su domicilio de los alrededores de París. Previamente habían acordado quitarse la vida cuando no pudiesen valerse por sí mismos, así que decidideron hacerlo cuando empezaron a  notar los primeros achaques de la edad. En una nota escrita a mano, Lafargue decía quitarse la vida "antes de que la impecable vejez me arrebate uno después de otro los placeres y las alegrías de la existencia, y de que me despoje también de mis fuerzas físicas e intelectuales; antes de que paralice mi energía, de que resquebraje mi voluntad y de que me convierta en una carga para mí y para los demás".



[Arthur y Cynthia Koestler]


El tercer caso que encontré fue el de Arthur Koestler y su esposa Cynthia. Koestler había sido un ferviente militante a favor de la eutanasia y había escrito diferentes libros explicando varios métodos para quitarse la vida. Los cuerpos del escritor y de su esposa, de setenta y siete y cincuenta y seis años respectivamente, fueron encontrados en su apartamento, sentados en los sillones. La causa era una sobredosis de barbitúricos. 

Creo que todos estos casos me impactaron por los extraños paralelismos que hay entre ellos. Las tres parejas parten de una decisión en frío que los cónyuges tomaron mucho antes de que sucediera; las tres lo hicieron en el mismo momento, sin ni siquiera dejar pasar unos días entre la muerte de uno y de otro; las tres dejaron notas de suicidio, siempre escritas por ellos. Me pregunto cómo es posible ver morir delante tuyo a tu pareja. Cómo convencerla de que es buena idea quitarse la vida. Cómo permitir que lo haga. Qué idea del amor puede llevarte a querer que alguien muera contigo. 

martes, 8 de octubre de 2013

últimas lecturas [poesía]

[Georg Trakl]


Este verano no he leído casi nada de poesía. He leído sobre física cuántica, sobre viajes en el tiempo, sobre hombres que aman a niños, sobre dimensiones paralelas, sobre alquimia, sobre ángeles. He leído a suicidas, locos y terroristas, a hombres que han cometido veintisiete atentados, a hombres que solo han cometido uno pero han muerto veintisiete veces, a hombres que aman a niños y niños que aman a hombres, He leído todo eso, pero casi nada de poesía. Supongo que por eso ahora tengo ganas de leerlo todo, todos los poemarios, todos los poetas, todos los versos. Aquí van los cuatro primeros:



Poemas 196-1914, Georg Trakl (Icaria, 2011): Trakl el oscuro, el enfermo, el olvidado. El que intenta suicidarse en medio del frente porque no soporta los cadáveres, los heridos, los amputados. Trakl el que muere de una sobredosis de cocaína, el hambriento, el abandonado. Trakl el que amó a su hermana hasta el incesto, el que fue amado por su hermana hasta el incesto. "Frutos podridos van cayendo de las ramas;/ vuelo indescriptible de aves; encuentro/ con moribundos y a continuación, únicamente/ una serie de años oscuros e interminables".



[imperia], Daniela Camacho (El perro y la rana, 2013): bello hasta el dolor, hasta el agotamiento. Un poemario de esos que te hacen un agujero en el pulmón, de esos que tienen versos que quieres escribir en la piel, en las paredes de tu cuarto, en cada prenda de ropa. Un poemario sobre el cáncer, pero también sobre el miedo y el frío y los temblores de tierra, que son otras formas de llamar a la enfermedad."De ahora en adelante, si piensas en la muerte, no será por ahogamiento ni electrocutación ni por incendio. No habrá espacio entre tu máscara y tu piel para anudar la soga, temerás a los cuchillos y al veneno y las alturas. De ahora en adelante, acopiarás tumores/ como una alucinada".




Incendiario, Bárbara Butragueño (Polibea, 2013): de Bárbara había oído muchas cosas buenas, pero nunca la había escuchado recitar, y creo que tampoco había leído nada suyo. Así que tenía pendiente su poemario, que salió hace unos meses y que he podido leer ahora. Ya he dicho que había oído muchas cosas buenas, pero creo que se han quedado cortas. Incendiario es un poemario muy bueno, muy bien construido y con un ritmo dificil de lograr. En el prólogo, Batania dice que la factura técnica de los poemas es impecable, y no puedo estar más de acuerdo, pero es que además esos poemas laten y respiran: "Mi pequeña, tú que conoces la leche sucia de los días, la cólera interminable de la sed y te das con furia y fe y fuego y eres dulce manojo de vientos que no hace sino arder y tiritar."




Limbo y otros poemas, Ada Salas (Pre-textos, 2013): no sé si es algo subjetivo, si soy yo la que ve oscuridad y desastre por todas partes, pero el nuevo poemario de Ada también me ha parecido más tenebroso que su obra anterior. Y más bello, también, aunque con esa belleza desgarradora que tiene la muerte, la destrucción, la pérdida de la cordura. "Tú mirabas/ y lejos/ el áspero tronar de las trompetas./ Mirabas./ Y estaba por llegar la destrucción del mundo".