martes, 22 de octubre de 2013

sobre Philip K. Dick y los mensajes emitidos por entidades externas

[Philip K. Dick]


He leído mucho de Philip K. Dick, pero, por alguna razón, la novela "Valis" no llegó a mis manos hasta hace unos días. Es curioso que su llegada coincidiese con la de otro libro muy similar en el fondo, aunque no la forma. Me explico. En "Valis", un personaje llamado Amacaballo Fat se ve inmerso en una especie de búsqueda teológica después de ser alcanzado por un rayo láser que ha sido enviado por una fuente divina de conocimiento. Se trata de una novela con un fuerte contenido autobiográfico, porque el propio K. Dick estaba convencido de que sus últimas novelas habían sido dictadas por una especie de entidad divina que hacía que las palabras brotasen en su mente. Se refería a esta entidad con el nombre de Valis, -acrónimo de Vast Active Living Intelligence System-, y la describía como "una invasión de mi mente por una mente transcendentalmente racional, como si yo hubiese estado loco toda mi vida y de repente me hubiese vuelto cuerdo". [entrevista a Charles Platt]

Las visiones, que habían comenzado en febrero de 1974, fueron haciéndose cada vez más complejas. Al principio se componían únicamente de rayos láser y patrones geométricos, pero luego comenzaron a incluir visiones de Jesucristo y de la vida en la antigua Roma. La entidad, que inducía estas visiones en su cerebro, comenzó a comunicarle frases y párrafos enteros, que K. Dick transcribió en su diario "Exégesis", de más de ocho mil páginas. Según él, la entidad llegó incluso a comunicarle que su hijo tenía una hernia, aunque carecía de síntomas. Cuando lo llevó al médico, la hernia resultó ser cierta y pudo ser extirpada antes de que causase problemas al niño. Esto convenció a K. Dick de que sus visiones procedían realmente de una entidad divina, y no de su propia mente, a pesar de su consumo habitual de drogas  y de que él mismo se había preocupado por la posibilidad de estar sufriendo una esquizofrenia.

Philip K. Dick no es el único escritor cuyos libros son el producto de una comunicación mística, pero me sorprendió que su novela llegase a la vez que otro libro cuya redacción también se basa en una serie de mensajes emitidos por una entidad externa. En este caso, los textos fueron dictados en sucesivas sesiones de comunicación a lo largo del año 2012, y posteriormente fueron ordenados y publicados en un libro que se tituló "Gran Fin". La entidad que los comunicó, llamada Entidad Rectora del animismo urbano, alertaba de la llegada de este Gran Fin, que definía como "la destrucción de todas las instituciones que has creado y que crees que te gobiernan". 



"Puede que creas que vas a conseguir algo tratando de destruir ese poder externo que te esclaviza, pero no es así, ese poder no lo puedes destruir porque no existe, te esclaviza la creencia en ese poder, la creencia de que hay un poder por encima de tu poder"

*

{Te comportas como un esclavo si crees que el poder es algo distinto a ti}

*

Tú no me conoces, yo a ti si. Te conozco porque soy tú. Ha comenzado el Gran Fin, y así acaba lo que crees que es tu vida.




[El libro "Gran Fin" ha sido publicado recientemente por Almacén de análisis. Su web aquí. La novela de Philip K. Dick fue publicada en 2007 por Minotauro]

jueves, 17 de octubre de 2013

proyecto de escritura basado en la inducción de estados alterados de conciencia a través de la música

[integrantes del grupo Zero Kama]



Hace unas semanas empecé un proyecto de escritura un tanto extraño. Las religiones antiguas siempre me han interesado, pero unos meses atrás comencé a investigar sobre el uso de la música en estos cultos. Todo empezó a partir de un programa de radio (La noche en blanco, en Radio Nacional) en el que hablaron de la música que se utilizaba en los sacrificios humanos en la América prehispánica. Algunos descubrimientos arqueológicos parecen demostrar que durante la celebración del rito se utilizaban determinados sonidos para generar estados alterados de conciencia en los participantes. Esto no es algo exclusivo de las culturas precolombinas, pero se centraban en ellas porque había evidencias arqueológicas que permitían reconstruir algunos de los instrumentos que producían estos sonidos. Uno de estos instrumentos eran los silbatos de la muerte, que se utilizaban para llamar a los muertos e invitarlos al rito. 

[silbatos de los muertos]

Cuando oí el sonido del silbato no tuve la menor duda de que es posible inducir estos estados a través de la música, así que me puse a investigar sobre la posibilidad de utilizarlo para la escritura. La idea era escribir mientras permaneciese inmersa en uno de estos estados, que sería inducido previamente utilizando solo la música, sin el apoyo de ninguna sustancia. Lo difícil era encontrar los sonidos que pudiesen generarlo, porque solo podía guiarme por la intuición. Comencé a investigar con el grupo Dead can Dance, que también habían experimentado con este tema.



[Dead can dance, "Yulunga"]


Sin embargo, los primeros intentos acabaron en fracaso. Dead can dance era capaz de ponerme la piel de gallina pero no me generaba nada especial, así que no quedaba otra que seguir probando. Por una de estas sincronicidades extrañas que ocurren con determinadas personas, un amigo me enlazó la música de un grupo llamado Zero Kama. Él lo hizo porque el disco más famoso de este grupo se llama "The secret eye of Laylah", pero al buscar información sobre el disco, me di cuenta de que la música que incluía había sido hecha con huesos humanos. Los miembros del grupo se basaron en una flauta tibetana que se hacía con el fémur de personas que habían muerto violentamente y que se utilizaba para invocar a los muertos en determinados ritos. Después de la grabación del disco, los instrumentos nunca volvieron a tocarse. 



[Zero Kama, "The secret eye of Laylah"]


La pista de este grupo fue determinante para empezar a encontrar lo que quería. A partir de ahí comencé a investigar con música de ritos funerarios y acumulé una lista de reproducción con la que tenía una intuición bastante fuerte. Los primeros intentos de que me generase algo especial no funcionaron, pero hace unos días me pasó algo extraño. Estaba dando tumbos por internet con la lista de reproducción puesta y abrí un documento de word. De alguna manera, cuando me di cuenta habían pasado dos horas y tenia escritos diez folios. Mi forma de escribir suele ser bastante lenta y tortuosa, así que no tengo muy claro todavía qué compuerta se abrió en mi cerebro. Probablemente no sea más que una tontería, pero creo que merece la pena seguir probando. 

domingo, 13 de octubre de 2013

cómo ver morir a tu pareja


[Stefan y Lotte Zweig]


Últimamente he pensado mucho en el suicidio. No en el mío, sino en el acto de suicidarse en sí mismo. En las motivaciones que pueden llevar a alguien a hacer eso, en los abismos que tenemos dentro. Buscaba información para un texto que se iba a incluir en el fanzine "Seiscidas" y estaba dando vueltas por internet, dando tumbos de una página a otra. Había decenas de ellas dedicadas a escritores conocidos que habían acabado con su vida. Cientos de nombres. Pero lo más curioso es que algunos de ellos también habían visto el suicidio de su pareja. Creo que el primer caso en el que reparé fue el de Stefan Zweig. De origen judío, Zweig se suicidó en 1942, convencido de la victoria del nazismo. Tres años antes había conseguido huir a Brasil, pero se sentía incapaz de ver cómo Europa sucumbía al Tercer Reich. Lotte, su mujer, se tumbó junto a él en la cama e ingirió el mismo veneno que el escritor. Cuando la policía los encontró, aún estaban tendidos en la cama, abrazados. Unos años más tarde, el nazismo sería derrotado por el Ejército Rojo y borrado del mapa, pero ni Zweig ni si mujer pudieron verlo.



[Paul Lafargue y Laura Marx]


El segundo caso en el que reparé fue el de Paul Lafargue y Laura Marx. Con sesenta y nueve y sesenta y seis años respectivamente, Lafargue y Marx decidieron inyectarse una solución de ácido cianhídrico en su domicilio de los alrededores de París. Previamente habían acordado quitarse la vida cuando no pudiesen valerse por sí mismos, así que decidideron hacerlo cuando empezaron a  notar los primeros achaques de la edad. En una nota escrita a mano, Lafargue decía quitarse la vida "antes de que la impecable vejez me arrebate uno después de otro los placeres y las alegrías de la existencia, y de que me despoje también de mis fuerzas físicas e intelectuales; antes de que paralice mi energía, de que resquebraje mi voluntad y de que me convierta en una carga para mí y para los demás".



[Arthur y Cynthia Koestler]


El tercer caso que encontré fue el de Arthur Koestler y su esposa Cynthia. Koestler había sido un ferviente militante a favor de la eutanasia y había escrito diferentes libros explicando varios métodos para quitarse la vida. Los cuerpos del escritor y de su esposa, de setenta y siete y cincuenta y seis años respectivamente, fueron encontrados en su apartamento, sentados en los sillones. La causa era una sobredosis de barbitúricos. 

Creo que todos estos casos me impactaron por los extraños paralelismos que hay entre ellos. Las tres parejas parten de una decisión en frío que los cónyuges tomaron mucho antes de que sucediera; las tres lo hicieron en el mismo momento, sin ni siquiera dejar pasar unos días entre la muerte de uno y de otro; las tres dejaron notas de suicidio, siempre escritas por ellos. Me pregunto cómo es posible ver morir delante tuyo a tu pareja. Cómo convencerla de que es buena idea quitarse la vida. Cómo permitir que lo haga. Qué idea del amor puede llevarte a querer que alguien muera contigo. 

martes, 8 de octubre de 2013

últimas lecturas [poesía]

[Georg Trakl]


Este verano no he leído casi nada de poesía. He leído sobre física cuántica, sobre viajes en el tiempo, sobre hombres que aman a niños, sobre dimensiones paralelas, sobre alquimia, sobre ángeles. He leído a suicidas, locos y terroristas, a hombres que han cometido veintisiete atentados, a hombres que solo han cometido uno pero han muerto veintisiete veces, a hombres que aman a niños y niños que aman a hombres, He leído todo eso, pero casi nada de poesía. Supongo que por eso ahora tengo ganas de leerlo todo, todos los poemarios, todos los poetas, todos los versos. Aquí van los cuatro primeros:



Poemas 196-1914, Georg Trakl (Icaria, 2011): Trakl el oscuro, el enfermo, el olvidado. El que intenta suicidarse en medio del frente porque no soporta los cadáveres, los heridos, los amputados. Trakl el que muere de una sobredosis de cocaína, el hambriento, el abandonado. Trakl el que amó a su hermana hasta el incesto, el que fue amado por su hermana hasta el incesto. "Frutos podridos van cayendo de las ramas;/ vuelo indescriptible de aves; encuentro/ con moribundos y a continuación, únicamente/ una serie de años oscuros e interminables".



[imperia], Daniela Camacho (El perro y la rana, 2013): bello hasta el dolor, hasta el agotamiento. Un poemario de esos que te hacen un agujero en el pulmón, de esos que tienen versos que quieres escribir en la piel, en las paredes de tu cuarto, en cada prenda de ropa. Un poemario sobre el cáncer, pero también sobre el miedo y el frío y los temblores de tierra, que son otras formas de llamar a la enfermedad."De ahora en adelante, si piensas en la muerte, no será por ahogamiento ni electrocutación ni por incendio. No habrá espacio entre tu máscara y tu piel para anudar la soga, temerás a los cuchillos y al veneno y las alturas. De ahora en adelante, acopiarás tumores/ como una alucinada".




Incendiario, Bárbara Butragueño (Polibea, 2013): de Bárbara había oído muchas cosas buenas, pero nunca la había escuchado recitar, y creo que tampoco había leído nada suyo. Así que tenía pendiente su poemario, que salió hace unos meses y que he podido leer ahora. Ya he dicho que había oído muchas cosas buenas, pero creo que se han quedado cortas. Incendiario es un poemario muy bueno, muy bien construido y con un ritmo dificil de lograr. En el prólogo, Batania dice que la factura técnica de los poemas es impecable, y no puedo estar más de acuerdo, pero es que además esos poemas laten y respiran: "Mi pequeña, tú que conoces la leche sucia de los días, la cólera interminable de la sed y te das con furia y fe y fuego y eres dulce manojo de vientos que no hace sino arder y tiritar."




Limbo y otros poemas, Ada Salas (Pre-textos, 2013): no sé si es algo subjetivo, si soy yo la que ve oscuridad y desastre por todas partes, pero el nuevo poemario de Ada también me ha parecido más tenebroso que su obra anterior. Y más bello, también, aunque con esa belleza desgarradora que tiene la muerte, la destrucción, la pérdida de la cordura. "Tú mirabas/ y lejos/ el áspero tronar de las trompetas./ Mirabas./ Y estaba por llegar la destrucción del mundo".

jueves, 3 de octubre de 2013

Estoy solo, escribió Savinkov mientras planeaba un atentado



No sé si os ha pasado alguna vez. Hace unos días, buscando información en internet, me encontré con una fotografía antigua y tuve la certeza absoluta de haber conocido a esa persona en algún momento de mi vida. Me resulta extraño, pero estoy totalmente segura de ello. La fotografía era un retrato de Boris Savinkov, un nihilista ruso muerto en 1925. Yo acababa de leer su diario y quería encontrar más información sobre él, porque la edición que yo tenía no incluía fotografías ni había muchos más datos personales que los que el mismo Savinkov proporcionaba. Introduje su nombre en el buscador y aparecieron varios retratos. Fui viéndolos uno a uno, mientras la certeza de que Savinkov era alguien conocido crecía y crecía. 

No era la primera vez que me pasaba. Cuando murió mi abuela, tuve que ordenar sus pertenencias y aparecieron un montón de fotografías que nunca había visto. En una de ellas aparecía un chico moreno de pelo rizado y sonrisa desafiante. Llevaba una de esas camisas anchas que los hombres se ponían antes para trabajar en el campo. Era tan hermoso que dolía verlo. Le pregunté a mi abuelo quién era, y me dijo que había sido el primer novio de mi abuela. Murió, dijo. Una mula le dio una coz y lo reventó por dentro. El médico le operó en la mesa de la cocina de sus padres, pero no pudo hacer nada. No sabía que tu abuela había guardado esa foto todo este tiempo.

Desde que le di la fotografía a mi padre para que la guardara no había vuelto a sucederme. Pero entonces vi a Savinkov, hermoso y terrible. Estoy solo, estoy solo, escribe Savinkov de forma obsesiva en su diario. Estoy solo, escribe mientras planea el atentado que le costará la vida a Vyacheslav von Plevhe, Ministro del Interior del zar, mientras detona la bomba que causará la muerte de Sergei Alexandrovich, Gobernador General de Moscú. Estoy acostumbrado a esta vida entre las sombras, escribe mientras le condenan a muerte. Si eres capaz de amar, si de verdad amas con todo tu ser, entonces eres capaz de matar, escribe mientras participa en la toma del Palacio de Invierno. 


Me pregunto dónde o cómo habré conocido a Savinkov. En qué extraña distorsión entre una dimensión y otra nos habremos cruzado. Me pregunto también qué estará haciendo ahora. Quizá esté siendo arrojado desde una ventana del temible presidio de la Lubianka. Quizá esté bebiendo absenta en algún antro de París con Apollinaire. Quizá esté planeando uno de los veintisiete atentados que cometió a lo largo de su vida. Quizá esté leyendo esto. 



[El diario de Boris Savinkov fue publicado por Impedimenta en 2009, con el nombre "El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso"]



sábado, 28 de septiembre de 2013

de aquellos que se resisten a obedecer a su destino



Hay vidas que merecen ser vividas varias veces. O una sola vez pero por muchas personas diferentes. Si esto último fuese posible, una de las vidas que yo elegiría vivir sería la de Albert Libertad. No porque fuese fácil, que no lo fue, sino porque siempre he sentido debilidad por la gente que ha hecho lo que ha querido, a pesar incluso de sí mismo. De hecho, si Libertad hubiese sido mínimamente respetuoso con su destino, habría muerto de hambre con apenas 20 años en alguna calle de París, mientras mendigaba para lograr aguantar un día más. Es posible incluso que hubiese muerto mucho antes, cuando la polio le hizo perder la movilidad en las piernas porque en el orfanato donde vivía los niños no tenían derecho al lujo de la asistencia médica. 

Pero a pesar de todo, Libertad sobrevivió, y, mientras mendigaba y se moría de hambre en algún callejón, uno de los miembros del periódico Le Libertaire decidía acogerlo en la redacción del periódico. Allí vivió durante varios meses, codeándose con activistas como Louise Michel, heroína de la Comuna de París, o Sébastian Faure, que había evolucionado desde el socialismo al anarquismo. Aunque tenía estudios elementales, en la redacción de Le Libertaire sería donde aprendería a escribir los artículos que le harían famoso y donde desarrollaría las dotes oratorias que harían que sus mítines estuviesen siempre repletos. De hecho, estos mítines acabarían convirtiéndose en actividades desestabilizadoras y subversivas por sí mismas, lo que tendría como consecuencia que muchos de ellos fuesen interrumpidos y disueltos por la policía. Lejos de intentar marcharse, Libertad solía acabar encabezando el enfrentamiento contra los gendarmes, lo que hizo que no tardase en convertirse en un viejo conocido de la policía. Al fin y al cabo, la cojera que le obligaba a llevar alzas y dos muletas y el aspecto desaliñado de las túnicas con que solía vestirse le hacía fácilmente reconocible. 



Sin embargo, a pesar de sus evidentes limitaciones, Libertad no fue una persona sombría ni oscura. Para él, la revolución social debía ser ante todo una revuelta, un asalto a la normalidad. Buena parte de su militancia política consistía en la celebración de fiestas, bailes y excursiones al campo, y se jactaba de que todas las mujeres con las que había estado eran "inteligentes, hermosas y anarquistas". Ya lo dijo Víctor Serge: "le gustaba la calle, la muchedumbre, la gresca, las ideas, las mujeres". De todas ellas, quizás las más importantes fueron Anna y Amandine Mahé, con las que fundaría y dirigiría el semanario de culto 
L´Anarchie y con las que mantendría una relación sentimental de la que nacerían dos hijos.  

Libertad se resistió a su destino todo lo que pudo, pero éste acabó venciéndole. El 13 de noviembre de 1908, con 32 años, murió en el hospital de Laboisière como consecuencia, al parecer, de la agresión salvaje de unos policías a la salida de una charla. No era la primera vez -algunos años antes, varios gendarmes le habían abandonado en la calle dándole por muerto después de una paliza-, pero sería la última. 



[Algunos de los artículos que escribió Albert Libertad a lo largo de su vida pueden encontrarse traducidos al castellano en el libro "La ficción democrática" (La linterna sorda, 2013), hasta el momento el único que incluye textos de este autor]