jueves, 27 de junio de 2013

Dios murió en tus brazos de anarquista gelatina o Por qué leer a Álvaro Guijarro

[órbita del cometa Halley]


Cada vez que leo algo de Álvaro Guijarro tengo la sensación de estar ante un poeta enorme. De esos que solo pasan una vez cada varias décadas, como el cometa Halley. Creo que tenemos suerte de que escriba.


Dios murió en tus brazos de anarquista gelatina
aquel agosto de papiros hundidos en rocío.

*

Insólitas medicaciones asaltaron mi voluntad
hasta ser un asceta adorador de los floreros.
Aunque yo me sabía destinado a múltiples poderes
ocultos, perseguí el mareo del mosquito.

*

Porque los cabecillas de las mafias serbias
tomaban café solo, apenas quedan asesinos.

*

(¿Por qué tengo que usar novedosos microondas?
¿Por qué tú estás obligada a un necio potencial
que no ha interiorizado diez pipas bien partidas?
¿Por qué los caballos se quedaron en este planeta?)

*

Rodeado de 6 camas hinchables y un ayuntamiento,
revelé al mundo el absurdo de la inteligencia.

*

Tachándome de psicótico y leísta, muy veloces
sobre una bicicleta, ocuparíamos el Ministerio.


Álvaro Guijarro
La postpunk amante de Tiresias
Canalla ediciones, 2013

domingo, 23 de junio de 2013

transcripción de los sueños acontecidos entre el 7 de mayo y el 23 de junio de 2013

Posle Smerti, Yevgeni Bauer, 1915



Durante los dos últimos meses se me han estado repitiendo con especial intensidad dos sueños recurrentes. En uno, del que ya hablé aquí, sueño que estoy en una trinchera y que me pongo las botas de un muerto. En el otro sueño con un chico vestido de gris. Hace unas semanas decidí apuntar los sueños para ver cuántas veces se repetían. Esta es la transcripción:

7 mayo

Subo unas escaleras muy estrechas, que giran sobre sí mismas. Intento ir rápido, pero el vestido no me deja avanzar porque me lo piso continuamente. Las escaleras no se acaban nunca. Sé que debo darme prisa.  Miro hacia atrás como si algo o alguien me persiguiese, pero está muy oscuro y no se ve nada. Delante de mí tampoco veo nada, solo los escalones más próximos.

11 de mayo

El chico vestido de gris está junto a mi cama, de pie. Lleva la misma ropa de siempre, el jersey de rombos blancos y grises y unos pantalones oscuros. Yo estoy en la cama, durmiendo, a pesar de que sé lo que él hace. Pasados unos segundos, se agacha junto a mi cama y me grita al oído "¡Layla!". En ese momento me despierto.

17 de mayo

Me regalan un gato que lleva pantalones de rayas negras y verdes. Yo quiero quitárselos, pero me dicen que tengo que dejarlo así porque esa raza es especial. Cazo saltamontes para alimentar al gato.

18 de mayo

La casa está llena de gente que no conozco. Todos hablan entre sí, pero no me prestan atención, como si no me viesen. Voy a la habitación y hay una chica de cuclillas en un rincón. Me dice "¿No ves que no pueden verte?". Me coge la mano con violencia, la abre y me señala un dibujo que tengo en la palma. El dibujo es una M mayúscula. "A este lado eres invisible", me dice.

22 de mayo

Soy una de las supervivientes de una especie de plaga extraña. Consigo llegar a una base donde hay otros supervivientes. Nos sientan en una enorme mesa de reuniones y nos reparten unos planos y unos aparatos electrónicos, una especie de radar. Los militares de la base nos dicen que la plaga ha sido provocada por ellos, porque la humanidad necesita regenerarse. Debemos ir a los lugares que indican los planos y esperar allí un año. Después, podemos salir y reconstruir la civilización. El edificio que tengo en mi plano tiene forma de flor.

1 de junio

El chico de gris está de pie a unos metros de mí. Estamos en un parque, y parece otoño. Le miro, y él levanta la mirada y sonríe levemente. Como si esperase encontrarme allí. Va vestido como siempre, con una moda como de principios de los ochenta. El pelo también lo lleva así.

3 de junio 

Voy vestida de militar, con botas y ropa de camuflaje. Estoy apostada en un sitio alto, desde el que tengo mucha visibilidad. El paisaje es desértico y polvoriento. Hace calor. Oigo un ruido y apunto con la mirilla del rifle. Tengo en el objetivo a un militar rubio, alto y fuerte. Apunto a la cabeza y disparo. Cae al suelo fulminado. Sin detenerme, apunto a la cabeza de otro que llega corriendo hasta el primero. Disparo y acierto de nuevo. A mi lado, un compañero me dice "Venga, Layla, son nuestros, son nuestros". Apunto a un tercero y a un cuarto y acierto también. Mi compañero se ríe. Por la frente me cae un sudor frío.

12 de junio

Me regalan un libro forrado en piel oscura. Sé que es muy importante que no le pase nada, así que lo envuelvo en papel de aluminio.











jueves, 20 de junio de 2013

sobre constantes, hilos y claves iniciáticas



Creo que he encontrado una constante. Un hilo que une momentos y lugares aparentemente muy separados entre sí. Una clave iniciática. Esta semana he tenido otras tres de esas extrañas coincidencias con Blake de las que ya hablé en un post anterior. La primera fue el lunes. Me llega un correo electrónico de una chica que conocí hace un tiempo. He hablado de ella hace poco, la chica satánica a la que conocí cuando trabajaba en una tienda esóterica y a la que perdí la pista. Después de haber estado viviendo fuera, esa chica volvió a mi pueblo y se pasó por la tienda para saludar. Preguntó por mí y la dijeron que ya no trabajaba allí, pero que tenía un blog y que podía escribirme si quería. Según me cuenta en el email, estuvo leyendo algunas entradas, pero no se atrevía a escribirme. Hasta que yo hablé precisamente de ella. En el email me pedía mi dirección, y esta mañana me ha llegado por carta la lámina de más arriba, una reproducción de una obra de Blake. No habíamos hablado de él, pero me la envía porque dice que para ella es una de las mejores representaciones de Lucifer. 

Las otras dos coincidencias han vuelto a ser en los libros. La primera en "En la llama", de Juan Eduardo Cirlot, que también cita a Blake. La segunda en un libro de Patrick Harpur, "Mercurius". Este libro es una especie de obra de culto, un diario alquímico moderno al que llegué por otra de esas casualidades extrañas. Escribo el título del libro en la página de Iberlibro para buscarlo y me doy cuenta de su subtítulo: "The marriage of heaven and earth", en clara referencia al "The marriage of heaven and hell" de Blake. 

Después de todo esto, he decidido rendirme y volver a leer las obras completas de Blake. Necesito encontrar esa clave, ese hilo del que tirar. 

martes, 18 de junio de 2013

pobre, anónima y libre // Elise Plain


[Francesca Woodman, en homenaje a Elise]


Cómo escoger un solo poema de Elise. Cómo seleccionar solo unos cuantos versos de entre todos los que llenan las setenta y siete páginas del poemario de Elise. Del diario de Elise. Me dijo que cuando lo leyese tuviese en cuenta que lo había escrito hace mucho, que había dudas y titubeos, versos que ahora no incluiría. Pero quién no duda. Quién no borraría frases que ha escrito, palabras que ha dicho. Al final, he decidido abrir el libro al azar:


el viejo Bob todo el día y toda la noche soñando en mi pequeño aparato musical

¿pueden los pájaros ser libres en el celestial arriba?

si tan solo encontase a un joven Bob
con quien hacer realidad mi ideal de felicidad:
caminar sobre la nieve asida al brazo del joven Bob

con un abrigo barato

pobre anónima y libre

Lejos est le mot
Elise Plain



[Lejos est le mot es el primer libro de Elise. Su segundo libro, Pan para la princesa (El Gaviero, 2012) es tan hermoso o más que éste. Su blog puede leerse aquí. La última vez que lo leí, había escrito: "buenos días, tristeza/ tienes el pelo más bonito"]

jueves, 13 de junio de 2013

lo que no me puedo sacar de la cabeza sobre Emma Goldman




El 14 de mayo se conmemora el fallecimiento de Emma Goldman, y yo decidí escribir un artículo que analizase brevemente algunas de las principales claves de su pensamiento. La idea era que se publicase ese día, pero finalmente tuvo que retrasarse y se publicó este lunes en Culturamas. La idea surgió porque he visto muchas veces en las manifestaciones la frase de "No quiero una revolución en la que no se baile", que se le atribuye a ella. Me daba la sensación de que la frase estaba descontextualizada, y que fuera de contexto perdía su sentido y acababa siendo una excusa para esa especie de pseudomilitancia lúdica en la que tan a menudo se cae en los movimientos sociales. La lucha social puede ser divertida, y lo es, pero nunca puede ser ocio, porque el ocio es la administración por parte del sistema del tiempo en el que no estamos trabajando. Lo malo es que estamos tan acostumbrados a tener ocio en vez de diversión, que acabamos reproduciendo los mismos comportamiento en todas partes, y vamos a las manifestaciones como el que va a pasar la tarde a un centro comercial. Al final la frase no la encontré por ningún lado en todos los artículos y libros que leí sobre ella y de ella, pero creo que el artículo cumple la función de proporcionar un marco para entenderla. De dar a entender que lo importante de la frase de Goldman no es la palabra "baile" es la palabara "revolución".  Lo podéis leer AQUÍ.

El artículo me sirvió para descubrir a Emma Goldman, y lo cierto es que me gustó mucho hacerlo, pero hay un pensamiento que no me puedo sacar de la cabeza. En 1920 Emma Goldman y su compañero Alexander Berkman son expulsados de Estados Unidos por sus actividades políticas y deportados a Rusia, donde permanecen dos años. En esos dos años pasan dos cosas clave para entender la deriva que estaba tomando la revolución: la masacre de Krondsdat y el aplastamiento militar del levantamiento encabezado por Néstor Makhno en Ucrania. Cuando este levantamiento acaba de producirse, Goldman y Berkman están de gira por Rusia en un proyecto para poner en marcha un museo de la revolución, y deciden entrevistarse con Makhno, anarquista como ellos. Makhno les pone un fusil en la mano y les dice que se unan a su ejército, que necesitan a cualquiera que pueda empuñar un arma. Que la revolución debe ser de los soviets, de las asambleas populares, y no del partido. Sin embargo, ellos lo rechazan y se marchan a seguir con la labor encomendada con un gobierno con el que ya se sentían descontentos. 

Aquí es donde está lo que no me puedo sacar de la cabeza. El ejército de Makho estaba formado por campesinos, por jornaleros, por aquellos que no tenían nada. A él se unieron los militantes anarquistas que no estaban de acuerdo con la deriva de la revolución, muchos de ellos también expulsados de Estados Unidos y deportados a Rusia como Berkman y Goldman. Muchos de ellos perseguidos por las autoridades soviéticas, que llenaban las cárceles con todo aquel que protestase, incluidos los héroes de octubre. No sabemos quiénes son, cuáles son sus nombres, si estuvieron o no entre los pocos supervivientes. Pero ellos, cuando Makhno les puso un fusil en la mano, dijeron que sí. 

No es que desprecie la labor de Goldman, y tampoco sé qué hubiese hecho yo en su lugar, pero no puedo evitar sentir pena porque su nombre si haya pasado a la Historia y no el de estos otros militantes. Por eso creo que no será uno de mis personajes favoritos. Siempre me gustarán más aquellos que supieron escribir artículos cuando había que hacerlo y empuñar un arma cuando tocaba. Como Miguel Hernández. Como José Pellicer. Como tantos otros cuyos nombres no conocemos.

viernes, 7 de junio de 2013

relato de los hechos sucedidos el doloroso año de 1897, que sería recordado por tener tres inviernos consecutivos

[Agustine Gleizes hipnotizada por Jean-Martin Charcot]



La sequía había comenzado en el doloroso año de 1897, que sería recordado por tener tres inviernos consecutivos. Tres inviernos largos como los dedos de los profetas que acarician el interior de las mejillas, como las barbas de los leñadores que cortan madera para fabricar cadalsos resistentes a las epidemias de tristeza. En ninguno de los tres inviernos llovió, ni siquiera cuando las abejas comenzaron a salir de la boca de las muchachas que habían enfermado recientemente, ni cuando el cordelero apareció estrangulado con los cabellos de su esposa, ni cuando el fabricante de campanas enloqueció después de haber bebido la leche de la amapola. No llovió, pero las heladas congelaron el rostro de las muchachas, que nunca más volvieron a envejecer, a pesar de que el año siguiente fue 1457, que sería recordado porque el sol no salió ni un solo día y fue de noche trescientas sesenta y cinco veces seguidas. 


[texto perteneciente a un poemario 
o libro de cuentos en construcción]