miércoles, 27 de marzo de 2013

Negra flama // Antología antagonista en el estado español.



En los últimos meses he tenido la oportunidad de participar en dos antologías distintas, "Sangrantes", de la que hablé hace unos días, y "Negra flama", que me llegó ayer por correo.

Aún no he tenido tiempo de leerla entera, pero me quema en las manos, y quería escribir algo sobre ella. Quería hablar del orgullo de colaborar en este proyecto, con autores que son referentes, como Jorge Riechmann, Antonio Orihuela o Ana Pérez Cañamares; otros que son amigos, como Diego Volianihil o Isabel Tejada; y otros que no conozco y voy a descubrir ahora.Quería decir que el libro solo vale cinco pavos y que lo que se saque va destinado a financiar los proyectos que tienen en marcha en el Sindicato de Oficios Varios de CNT-Jaén. Quería darle las gracias a Juan Cruz López, por coordinar este artefacto incendiario: lo mejor del capitalismo será verlo arder.


"No queremos engañarte: si compras "Negra flama" estarás contribuyendo a la destrucción del mundo actual, pondrás un grano de arena en la magna obra de los enterradores del capitalismo y el estado. [...] En "Negra flama" encontraréis una manada de poetas que, de una manera o de otra, alientan la subversión de las conciencias, animan a mirar la realidad con ojos nuevos. Ellos, nuestros compañeros, ellas, nuestras compañeras, no salieron nunca de la torre de marfil, porque nunca durmieron bajo su techo. Los vemos días tras día entre la multitud. Ese es su sitio: juntos y a la intemperie."
Juan Cruz López




[el libro se puede comprar enviando un correo a ateneocntjaen@gmail.com. También se puede conseguir en la librería La Malatesta en Madrid y en distribuidoras alternativas. Dentro de poco se podrá comprar también en más librerías, iré informando]

lunes, 25 de marzo de 2013

un cuchillo en la mesilla de noche



Últimamente pienso mucho en las parejas, en el hecho de comprometerse con una persona y hacer una vida en común. En concreto desde que acabé "Perdida", de la autora estadounidense Gillian Flyn. Justo antes había acabado "Matate, amor", de Ariana Harwicz, que también trataba en cierto modo de las parejas aunque contado de una forma muy diferente, y creo que de alguna forma la lectura de los dos libros ha acabado afectándome. 

"Perdida" lo empecé con curiosidad pero sin muchas expectativas, seguramente porque la novela tenía un cierto aire a best-seller. Es un prejuicio estúpido, porque en realidad que algo sea un best-seller no dice nada sobre su calidad, hay best-seller que son auténticas maravillas, otros que están bien y muchos que no valen ni lo que costaron de imprimir, pero a veces me cuesta quitármelo de encima. Lo leí casi del tirón, porque la trama engancha y tiene varios giros inesperados que consiguen mantener la tensión, pero según avanzaba iba teniendo una sensación cada vez más rara. Después de pensarlo, creo que esa sensación se debe a que el libro tiene varias lecturas, o al menos, no una tan simple como yo había supuesto al principio. Hay una lectura superficial en la que la autora cuenta un thriller que gira en torno a una pareja atrapada en un pueblo perdido de Missouri. Si nos quedamos con ella, la novela es entretenida, engancha y está bien escrita, con una trama densa y bien planeada por la autora, incluso a pesar de la dificultad de sustentar un thriller únicamente en dos personajes. Pero si le damos unas cuantas vueltas más, hay una segunda lectura mucho más aterradora que los asesinatos y desapariciones de la novela. Una segunda lectura que aparece solo en momentos puntuales de la trama, pero que es lo que le da peso al libro, porque habla de cosas mucho peores que un asesinato. Habla de cómo los seres humanos nos maltratamos los unos a los otros y de cómo disfrutamos con ello. De la crueldad que ejercemos conscientemente, incluso con nuestra pareja o nuestra familia. De cómo a veces la pareja es una forma de destruirse a uno mismo y destruir al otro. O más bien de cómo todas las parejas son también una forma de destruirse a uno mismo y destruir al otro.

No lo sé. Quizá todos los que duermen con su pareja deberían dormir también con un cuchillo en el primer cajón de la mesilla de noche. Puede que, cuando tu pareja te mira dormir, esté calculando cuánto tiempo tardarías en dejar de respirar bajo el peso de la almohada. 




sábado, 23 de marzo de 2013

la casa es fría y está llena de espejos

[Colette de Saint Yves]



La casa es fría y está llena de espejos. Me pregunto por qué tantos espejos. Qué esperaban encontrar en ellos los anteriores habitantes de la casa. A mí los espejos nunca me gustaron. Tampoco las fotografías, que al fin y al cabo son otra forma de llamar a los espejos. Siempre me pareció que eran puertas a otros lugares. Una vez conocí a una mujer que practicaba la adivinación echando agua sobre un espejo. Cuando llegabas a su casa, te sentaba en una silla, encendía el brasero que había debajo de la mesa y colocaba sobre ella un barreño con un espejo dentro. Luego encendía una vela y echaba agua con una jarra sobre el espejo. Me dijo que el demonio tenía muchas patas. También me dijo que le rezase mucho a Santa Gema y a Santa Rita, que lo iba a necesitar. Después miró fijamente el espejo durante un rato, como yo miro los que hay en la casa. Quizá los que vivían antes aquí no querían estar solos y lo llenaron todo de espejos. Quizá las sombras que hay en ellos son esos antiguos habitantes de la casa. Quizá estén atrapados en ellos.

viernes, 15 de marzo de 2013

palpita-palpita-palpita-palpita



Ayer llegó a casa "Sangrantes". Aún no lo he leído, pero ya palpita-palpita-palpita encima de la mesa.

Cristina Peri Rossi Jeannette L. Clariond Chantal Maillard Ada Salas Angélica Liddell Teresa Domingo Maite Dono Marta Agudo Rocío Cerón Julieta Valero Estíbaliz Espinosa Miriam Reyes Olga Novo Begoña Callejón Leire Bilbao Ana Gorría Laia López Manrique María Ramos C.L. Andrada Elena Medel Natalia Litvinova Layla Martínez Berta García Faet Laura Rosal Eba Reiro Clara Bueno Sara Torres Agostina Ciccone Sandra Martínez. 

cuatro poemas cada una. doscientas cincuenta y cinco páginas. edición a cargo de Luna Miguel 

os iré contando


pum-pum  pum-pum  pum-pum 



[está publicado por la editorial Origami. Se puede conseguir a través de su página web y en librerías como Arrebato o Antonio Machado, las dos en Madrid. Dentro de poco en más librerías]




miércoles, 13 de marzo de 2013

el cielo de Pekín o de Madrid o de Buenos Aires o de Londres




Cuando volví a casa de mis padres en septiembre, dejé la ciudad para irme a vivir a un pueblo del extrarradio. Desde allí se veían los rascacielos de la capital, la enorme masa de edificios que se extendía durante kilómetros. Pero sobre todo se veía el cielo de la ciudad, una enorme nube gris formada por las emisiones tóxicas de coches, edificios y polígonos industriales. Cuando vivía en la ciudad no era consciente de que el cielo tuviese un color grisáceo, de que viviese encerrada en una especie de campana de cristal formada por un humo gris que se adhería a la tráquea, a la laringe, a los pulmones. Pero desde lejos se veía claramente.

Miguel Espigado dice que con Pekín sucede algo similar, que la nube tóxica encierra a la ciudad en una especie de pecera gris que lo envuelve todo y que le da un cierto aire de irrealidad. También dice que Pekín no te deja salir, que ese aire gris que entra en los pulmones de alguna manera te transforma, te produce alteraciones que alteran tu percepción de la realidad. La ciudad te envuelve y te vigila, impidiéndote caminar más allá de sus límites. Te digiere.

También dice que los habitantes se resisten a ser devorados por la ciudad, a ser atrapados en la nube tóxica que lo envuelve todo. Sobre todo los extranjeros, los que no han nacido en ella y deben adaptarse a ese ritmo hecho de animales que jadean, de animales recién atropellados que respiran y supuran y derraman líquidos que deberían estar dentro del organismo y no sobre el asfalto. Me acuerdo de los amigos que están lejos, de todos los que he tenido que despedir en un aeropuerto y que ahora tratan de adaptarse al ritmo de otras ciudades, que se pierden en la nube tóxica de Buenos Aires, de Londres, de Berlín, de México, de Los Ángeles, de Caracas. Yo también me voy de Madrid en unos días, aún no sé por cuánto tiempo, y me pregunto qué parte de mí se quedará en esta ciudad, qué parte de nosotros se quedará en cada una de las ciudades en que vivimos.

Supongo que El cielo de Pekín me ha puesto melancólica, que ha hecho que me acuerde de los amigos que han tenido que marcharse para buscarse la vida para que unos pocos puedan enriquecerse a nuestra costa. Pero es solo porque es una muy buena novela. 



[El cielo de Pekín es de Miguel Espigado y está publicado por la editorial Lengua de Trapo, en 2011]


lunes, 11 de marzo de 2013

por la resurrección de algún santo

[Colette Saint Yves]



Escribo sobre el lenguaje de los muertos y llego al poema de Natalia Litvinova, que también escribe sobre los que regresan del otro lado, sobre los que se arrodillan y rezan delante de los espejos. Sobre los santos que están a punto de resucitar.


Por lo que se debe rezar

como una casa incesante
o como una despedida innecesaria
es la vida
y se repite
por eso arrodillada rezo
por la resurrección de algún santo
por la palabra no sujeta a la muerte
por el ojo que es linterna miedosa
del que regresa del otro lado. 


[Natalia Litvinova, de su precioso poemario "Esteparia", publicado recientemente en España por Ártese quien pueda]