Hace unos días, un amigo me dijo:
yo tengo conciencia de la derrota, Lay. Sé que nunca vamos a conseguir darle la vuelta a las cosas, que los de abajo nunca vamos a conseguir acabar con todo esto. Y si lo hacemos y derribamos este sistema de mierda, se pondrán otros y tendremos que volver a empezar de nuevo. Entonces no supe qué contestarle. De alguna manera yo también sé que nunca veré la sociedad en la que creo, y que probablemente ni siquiera veré algún cambio significativo.
Pero eso no es una derrota, tenía que haberle dicho,
no es nuestra derrota. Pero no se lo dije. Aún no había leído
Q.
Q es la historia de todos los que se rebelaron y perdieron, de todas las derrotas que nunca lo fueron. Narra el viaje realizado por un radical anabaptista a lo largo de la turbulenta Europa del siglo XV, inmersa en la Reforma y la Contrarreforma, en las luchas por el poder entre Carlos V y los príncipes alemanes. Y narra cómo, en medio de todo eso, hubo gente que se levantó contra el poder y luchó por una sociedad más justa y más igualitaria, en la que no existía el dinero, ni la riqueza, ni la desigualdad. Las herejías medievales, entre la que el anabaptismo fue probablemente la más importante, se rebelaron contra el poder del Papado, pero también contra el Emperador y los príncipes luteranos. Se rebelaron desde abajo, sin nada más que sus manos, contra toda forma de poder y dominación. Y lo pagaron caro.
El protagonista, que tiene tantos nombres que no tiene ninguno, participa en algunos de los sucesos más importantes de este periodo, como la Guerra de los campesinos alemanes o la Rebelión de la ciudad de Münster, todos ellos intentos de acabar con el orden establecido. Y es perseguido por ello sin descanso, a lo largo de más de veinte años. La novela consigue meternos dentro ese desasosiego marcando un ritmo narrativo muy fuerte, con párrafos cortos (algunos de una sola frase) que se suceden unos a otros como disparos. No hay nada accesorio, ningún adorno, nada que nos distraiga de la historia que se está contando. Solo nosotros, la acción y unos personajes increíblemente bien construidos, que van evolucionando a lo largo de la trama y que tenemos la sensación de conocer como si fueran personas reales, con todo lo que ello supone de luces y de sombras.
Es sin duda la mejor novela histórica que he leído, a la altura literaria de
El nombre de la rosa pero desde mi punto de vista con un trasfondo político más apasionante. Además, es una obra colectiva en muchos sentidos: su autor, Luther Blisset, es un nombre inventado bajo el que se esconden cuatro autores que escribieron la novela de forma conjunta, y su distribución se hace gratuitamente a través de la propia web de los autores (el colectivo ahora se denomina Wu ming, que en chino significa
sin nombre). Pero además es colectiva porque es la historia de todos los que han alguna vez han creído que las cosas podían cambiar, de todos los que lucharon y perdieron. De todos los que nunca fueron derrotados.
[la novela está disponible para descargar en la Biblioteca del blog, de la web de los autores. Tengo que agradecer el descubrimiento a Juan Cruz López, que habló de este libro aquí]