miércoles, 1 de agosto de 2012

alteraciones temporales basadas en la teoría de la relatividad





Hay días que nunca han existido. Aparecen en el calendario, pero en realidad nunca existieron: 17 de enero de 1345, 22 de junio de 1757, 8 de mayo de 1821, 2 de septiembre de 1902. Los físicos conocen este fenómeno desde que Einstein dio a conocer su teoría, basada en la posibilidad de que el tiempo se alterase, pero lo mantienen en secreto, y solo se atreven a susurrarlo por los pasillos de la facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1902 no ha vuelto a desaparecer un día entero, pero sí se han producido pequeñas modificaciones temporales que han hecho que desaparezcan minutos y segundos. Y cuando eso pasa se pueden oír murmullos, alteraciones del sonido que aparecen y desaparecen. Desde hace un tiempo las he estado anotando:

4 de enero de 2012 (1 minuto, 12 segundos): aprendo a bailar con la chica del norte y pido a dios que la noche no se acabe


11 de febrero de 2012 (30 segundos): he viajado por todos los cuerpos del mundo/ y siempre encontré las mismas heridas nunca curadas, / las mismas traiciones de lunes a domingo en horario continuo


8 de abril de 2012: (26 minutos, 33 segundos): Dejaré mi dinero en la mesilla/ mis tarjetas de crédito en el descansillo,/ mi último nombre en el umbral de tu vestido./ Hoy vamos a bailar hasta que a dios le dé vergüenza.


26 de junio de 2012: (4 segundos): que toda mi huida fue solamente/ la forma que escogí de morir poco a poco.


15 de julio de 2012 (6 segundos): un día de invierno salí de mi casa y nunca volví./ Un día de invierno dejé a mi esposa/ vagando inerte entre platos sin fregar.








[[los versos en cursiva pertenecen al poemario "El mal hombre", de Rubén Romero Sánchez (Legados)]]

martes, 31 de julio de 2012

fanzine colectivo o cómo ver porno mientras recitas a Nietszche



Desde hace más de un año pertenezco a un colectivo con otra gente que escribe, dibuja y hace diseño gráfico. Al principio comenzamos con un blog, pero hace poco decidimos pasarnos al papel y publicar en forma de fanzine, autogestionando todo el proceso y con el rollo macarra y "do it yourself" propio del mundo del fanzineo. Y el resultado es lo que veis en la foto, un fanzine de 40 páginas con desplegables, textos, poemas, dibujos, pegatinas, porno hardcore con citas de Nietszche  y todo lo que teníamos en la cabeza. Lo vendemos a 3 euros y lo que saquemos será para pagar el siguiente número y hacer una especie de fiesta-presentación en Madrid a la que estáis todos invitados.


[se puede comprar en la librería Traficantes de Sueños en Madrid o contactando con cualquiera de nosotros vía mail, facebook, etc. También en el mail del colectivo colectivolajauria@gmail.com]

domingo, 29 de julio de 2012

las interferencias//los huesos usados para hacer nidos//clu-clu









A veces tengo la sensación de tener ruido dentro de la cabeza. Un ruido como de interferencias, con imágenes y palabras que no entiendo, pero que tienen relación unas con otras. Como oír conversaciones sueltas o ver fragmentos de una película sin sonido. Pero de repente hay algo que lo hace encajar todo, y entonces el ruido empieza a tener sentido. Esta vez fue el final de un poema de Ferrer Lerín:

Clu nombrado desde la cuna Clu
por su padre John Gulager actor de vaudeville
por el clu-clu del rojo pájaro
Red Bird nombrado en Oklahoma Clu-Clu
en Holdenville donde al nacer Clu Gulager
el dieciséis del once de mil novecientos veintiocho
varias avecillas clu-clu preparaban ya sus nidos
con huesos de hermanos clu-clu
fallecidos en el tórrido verano. 

Fámulo
Francisco Ferrer Lerín
(Tusquets)

miércoles, 25 de julio de 2012

el capitalismo es un gran matadero y los animales somos nosotros // La Jungla, de Upton Sinclair


Abrí La jungla pensando que era un libro sobre la industria de la carne. Una novela sobre las grandes granjas y mataderos industriales que día a día alimentan a millones de personas a base de cadáveres, dolor, hormonas y antibióticos. Y sí, en La Jungla hay todo eso, hay animales enfermos que son sacrificados  y envasados en forma de fiambre, carne en mal estado mezclada con toda la demás, cerdos sacrificados a golpes en habitaciones donde la sangre llega a los tobillos. Prácticas que fueron denunciadas entonces pero que no han cambiado mucho:

No hace falta decir que hacinar aves deformes, drogadas y sometidas a un alto nivel de estrés en una sala asquerosa y llena de heces no resulta muy saludable. A parte de las deformidades, los pollos de granjas industriales sufren problemas de visión, infecciones bacterianas en los huesos, parálisis, hemorragias internas, anemia, tendones rotos, las patas y los cuellos torcidos, enfermedades respiratorias y sistemas inmunitarios debilitados. Los estudios científicos y los estudios gubernamentales indican que prácticamente todos los pollos (alrededor del 95%) presentan una infección de E.coli (un indicador de contaminación fecal) y que entre el 39 y el 75% de los que llegan a las tiendas siguen infectados. De un 70 a un 90% presenta infecciones de otro patógeno potencialmente letal: la campylobacteria. Suele recurrirse a baños de cloro para eliminar la suciedad, el hedor y las bacterias. 


Pero La Jungla es mucho más. La novela de Upton Sinclair es la historia de cómo los de arriba torturan y asesinan a los de abajo, de cómo el capitalismo es otro gran matadero donde los animales somos nosotros. [Ostrinki le demostró que los conserveros habían sacado de él exactamente el mismo beneficio que obtenían de uno de sus puercos. En eso, obreros y animales se encontraban igualados, y de unos y otros obtenían los patronos idénticos beneficios] Durante treinta y seis capítulos asistimos a la explotación laboral, a la humillación, a la impotencia, a la destrucción de la masa de trabajadores que nutre la industria cárnica de Chicago. A un dolor que te hace un nudo en el estómago mientras estás leyendo.

Y, sin embargo, en el libro hay también esperanza. No la esperanza individual de encontrar la salida del laberinto, sino la esperanza colectiva de derribar sus paredes. La esperanza de acabar con un sistema que se alimenta del dolor de los que estamos abajo. Dicen que cuando un cerdo consigue escapar de la granja, levanta los pestillos de las cercas de sus compañeros. Quizá podamos aprender algo. 




[[La primera cita es de Comer animales, de Jonathan Safran Foer (Seix Barral). La segunda de La jungla, De Upton Sinclair (Capitán Swing)]]



viernes, 20 de julio de 2012

"ojalá tuviera un hijo tan rojo como la sangre y tan blanco como la nieve"



"Mi madre me mató
mi padre me comió,
y mi hermana Marleenken
mis huesecitos recogió
los guardó en un paño de seda
y bajo el enebro los dejó,
pibí, pibí, ¡qué pájaro más lindo soy!"


Del Enebro
Jacob Ludwig y Wilhem Karl Grimm
ilustraciones de Alejandra Acosta
(Jekyll y Jill)

jueves, 19 de julio de 2012

el corto verano de la anarquía




Ayer, día 18 de julio, se cumplieron 76 años del golpe de Estado que instauró la dictadura del general Franco. Pero es una fecha que no me importa en absoluto. Lo que me importa es lo que pasó el día siguiente, el 19, cuando comenzó la Revolución Social. En España ha habido varias guerras civiles, pero lo que pasó entre 1936 y 1939 no fue una guerra civil. No os creáis a los que os digan que fue una guerra fraticida, porque no lo fue. Lo que sucedió entre 1936 y 1939 fue una revolución social y una contrarrevolución, una guerra de clases.

El día 19 estalló la insurrección y, con ella, la fiesta. Las milicias se organizaron en unas pocas horas, de forma autónoma, y los milicianos se armaron y partieron al frente. En las zonas en las que los contrarrevolucionarios no consiguieron tomar el poder enseguida, la sociedad comenzó a organizarse de forma autogestionada: se tomaron fábricas, se colectivizaron tierras, se organizaron consejos obreros, se tomaron los medios de producción, e incluso en algunos sitios se abolió el dinero. Y empezó el verano más hermoso que ha habido nunca aquí, el corto verano de la anarquía, como lo llamó Enzensberger. Luego llegó el invierno, y el frío y la nieve, pero ésa es otra historia.