jueves, 31 de mayo de 2012

los ojos abiertos de Marcelle


collages: Layla Martínez


"Amé a Marcelle sin añorarla. Si está muerta es por culpa mía. Si bien tengo pesadillas, si bien durante horas me encierro a veces en un sótano porque estoy pensando en Marcelle, estoy dispuesto a volver a empezar, por ejemplo, a hundirle, cabeza abajo, el pelo en la taza de los retretes."

Historia del ojo
Georges Bataille

lunes, 28 de mayo de 2012

niños que mutilan a otros niños



Niños que mutilan a otros niños. Niños que desentierran los cadáveres de sus hermanitos muertos. No dejéis solos a los niños o celebrarán rituales sádicos y crueles. Niños que decapitan perros abandonados y exhiben sus cabezas como trofeo. Niños que violan a otros niños. Y se clavarán agujas en los genitales y darán de comer insectos a sus muñecas y les arrancarán la cabeza. Niños que dejan morir a sus mascotas de hambre y sed. Niños que golpean a otros niños. Niños que asesinan a otros niños. Y jugarán a ser adultos y les daréis asco y pena. Leed "Nada" y sabréis lo que hacen los niños cuando no los miramos. Leed "Nada".



[las frases en cursiva son de un poema 
de El Libro de la Crueldad]

sábado, 26 de mayo de 2012

lugares en los que he estado









Lugares en los que he estado. En los que he soñado estar. 
Lugares sórdidos y horribles a los que pertenezco. 


miércoles, 23 de mayo de 2012

la mamá de ready

Laura Makabresku



La mamá de ready, como la mamá de morrisey,
nació en el hospital de madres de Reading donde
ellas mismas se cuidan y se peinan el pelo con un tenedor

Juntan sus costillas a los radiadores y de ahí extraen
el famoso calor de regazo materno

Después un señor las abandona a la puerta de un orfanato
y algún niño las recoge. Al principio parecen una col,
luego una medalla,

ellas. Al principio las corta el aire


Ready
María Salgado
(Arrebato Libros)

lunes, 21 de mayo de 2012

los que duermen con los ojos abiertos



Y los que duermen
con los ojos abiertos
deben ser adorados.


Layla Martínez
[nuevo poemario sin terminar]

sábado, 19 de mayo de 2012

el ruido de los cuerpos al caer



[El ruido de los cuerpos al caer es el libro que acaba de publicar José Pastor González con Groelandia. Yo he tenido el placer de escribir el prólogo, que es lo que podéis leer más abajo. El poemario completo en este enlace de issuu]



"Me gustan los poetas que escriben con las manos sucias. Los que encienden cerillas junto a los charcos de gasolina. Los que no han conocido la pureza pero duermen con los ojos abiertos. Los que conocen la fragilidad de los animales que respiran despacio y aún están suaves y calientes al borde de la carretera. Los que conocen el ruido que hacen los cuerpos al caer contra el cemento.

Mi padre trabajaba montando armarios de metal. Volvía a casa con las manos llenas de cortes a pesar de los guantes, y me decía qué has escrito hoy. Y yo le leía libros como éste, libros que en realidad eran manuales de instrucciones para montar fusiles o provocar incendios. Libros que no había escrito yo pero que eran míos, porque la rabia y el dolor siempre hablan con el mismo lenguaje y siempre dejan las mismas marcas en la piel. 

El ruido de los cuerpos al caer no es un poemario bello porque nosotros no hemos conocido la belleza. Aprendimos demasiado pronto que los laberintos no tienen salida a no ser que vueles las paredes. Por eso ahora dormimos bajo las camas y nos alimentamos de animales atrapados en latas de conserva. Por eso los restos de comida en la alfombra. Por eso el miedo. Por eso los poemas que asfixian, los poemas que no dejan entrar el aire en la garganta porque no hay tiempo para los puntos, para las comas, para las estrofas. Son poemas sucios métricamente que no riman porque el peso recae en el ritmo y no en la rima, en un ritmo brutal que hace que los poemas se sucedan unos a otros salvajemente, con la violencia de quienes saben que no tienen mucho que perder.

El ruido de los cuerpos al caer habla de noches eternas de lluvia y cigarrillos. De batallas perdidas. De bordas afilados. De ciudades que vuelan por los aires. De casas abandonadas que se caen lentamente. De mujeres a las que amar en medio de la tristeza. Es un poemario duro pero necesario, porque la poesía debe provocar asco o placer o vacío o dolor, pero provocar algo. Y José lo consigue. Consigue escribir unos poemas sencillos pero de una brutalidad que te deja sin aliento. De esa que deja marcas en la piel y en los pulmones.

Yo oí una vez el sonido de un cuerpo que caía sobre el cemento. Recuerdo el ruido suave del torso desplomándose, el golpe seco de la cabeza contra la acera. Después vino la época en que la ciudad se convirtió en una jaula y los laberintos se hicieron cada vez más profundos, pero no olvidé aquel sonido. José tampoco. Aquel día decidimos dedicar nuestra vida a asesinar a todos los ciervos con nuestras propias manos. A acabar con la belleza.  Por eso escribimos poemas como estos. Por eso no conocemos la pureza ni sabemos dormir con los ojos cerrados. Por eso los poemas-quirófano y los poemas-charco de gasolina. Porque conocemos el sabor del plomo y el aburrimiento de las tardes de domingo. Porque conocemos el sonido de los cuerpos que se desploman.

A mi padre le echaron de aquel trabajo y dejó de pedirme que le leyese poemas. Dejó de volver a casa con las manos llenas de heridas.  Ahora soy yo la que vuelve a casa dolorida por el frío. Ahora soy yo la que se hace heridas con libros como éste."

Layla Martínez