sábado, 28 de abril de 2012

aún pueden oírse nuestras risas



Después llegó la época
en que los boy scouts
comenzaron a fusilarnos
en un intento
de purificar la raza.

Aún pueden oírse
nuestras risas.

miércoles, 25 de abril de 2012

llegó la época en que los laberintos comenzaron a hacerse cada vez más profundos




"Después llegó la época en que los laberintos comenzaron a hacerse cada vez más profundos. Plantas desconocidas invadieron la ciudad trepando por el interior de los edificios. Por la noche, los filamentos fluorescentes de las flores nos deslumbraban y no podíamos encontrar la casa donde los ancianos tarareaban canciones que hacían sangrar los oídos. Teníamos que esperar a que se hiciese de día para abrirnos paso entre el polen plateado. Ni siquiera la promesa de la abolición de la botánica y la agricultura hizo que retrocedieran."
Layla
[cuento por terminar]

sábado, 21 de abril de 2012

todo lo que puede romperse, hay que romperlo: primer fanzine colectivo




"Todo lo que puede romperse, hay que romperlo; todo lo que aguante el golpe será bueno; lo que estalle, será bueno para la basura. En todo caso, hay que dar golpes a derecha y a izquierda: de ello no puede resultar nada malo."

Dimitri Ivánovich Pisarev



[en mayo saldrá el primer fanzine del colectivo al que pertenezco, la Jauría. dentro de poco tendréis más noticias, pero aquí tenéis un adelanto]

lunes, 16 de abril de 2012

sueño con las botas de un muerto




Hoy me contaron la historia de José Pellicer y lloré. Decían que antes de la guerra José leía casi un libro diario, que leía hasta cuando iba andando por la calle. Que se afilió a la CNT y a la FAI con dieciocho años, que era vegetariano, que pertenecía a un grupo naturista, que hacían excursiones por la sierra y se bañaban en el río desnudos. Dicen que conoció a su mujer en una clase de Esperanto, que nunca se casó con ella porque no creía en los contratos. Dicen que durante la República estuvo varias veces en la cárcel por participar en disturbios durante las huelgas. La primera de ellas detuvieron a tanta gente que tuvieron que habilitar un matadero como cárcel. Los esposaron y los pusieron en fila. Un policía lo reconoció y le dijo que no iba a parar hasta que lo fusilasen. Él le pegó una patada tan fuerte que el policía cayó al suelo y después le escupió. A José le pegaron una paliza y le condenaron a muerte, pero estalló la guerra y la revolución y pudo salir de la cárcel. Fundó la Columna de Hierro junto con unos compañeros y luchó hasta el final en el frente. Dicen que creyó en la revolución hasta su muerte. Que se negó a marcharse al exilio aunque todo esta perdido. Que lo fusilaron junto a su hermano, el 8 de junio de 1942.

Me contaron su historia y lloré porque siempre lloro cuando me cuentan historias de la guerra. Lloro y sueño con ellas. Casi todos los meses sueño que estoy en una trinchera y alguien canta a mi lado y cierra los ojos. Se oyen aviones que nos bombardean y yo sólo pienso que ojalá no haya que correr porque las botas no son mías y me quedan grandes. Son las botas de un muerto. A veces en el sueño disparo y otras no, pero nunca sé si mato a alguien. Solo sé que el retroceso del fusil hace que me duela el hombro cada vez que disparo y el dolor hace que se me salten las lágrimas.

Una amiga mía dice que son recuerdos, no sueños, que cuando tienes sueños tan reales y tan recurrentes es porque son recuerdos de vidas pasadas. Yo no creo en ningún tipo de vida depués de la muerte, pero me gusta la idea de que los sueños son recuerdos. A lo mejor podemos recordar cosas que no hemos vivido y a personas que no hemos conocido. A lo mejor podemos seguir soñando hasta que lo recordemos todo.

domingo, 15 de abril de 2012

en lo oscuro del parque donde tiran los cuerpos



A partir de mi poema de más abajo sobre las manadas de turistas, Costa sin mar hizo esto:


en lo oscuro del parque
donde tiran los cuerpos
que usan en la casa del terror
camina un hombre
que se apellida bartók


hace dos semanas
llegó a uno de los hoteles del centro
un turista europeo dicen los botones
un turista tacaño dicen las putas


los periódicos anuncian su último concierto
repasan su éxito en viena
elogian las sonatas
recuerdan sus escándalos
la misteriosa muerte de sus padres
el viejo rumor de que es hermafrodita


bartók se dirige al teatro
bajo una lámpara 
nota que sus zapatos están llenos de la sangre

que usan en la casa del terror 





jueves, 12 de abril de 2012

los ancianos nunca estuvieron en la cima de la cadena alimentaria

Laura Makabresku


Los ancianos también habían sido pequeñas bestias hambrientas y egoístas, pero lo habían olvidado. Lo habían olvidado todo en aquellas casa. La condición para entrar en aquella casa era olvidarlo todo, sobre todo los nombres. Todos los nombres tenían que ser olvidados. Lo único que recordaban los ancianos eran las canciones. Canciones que tatareaban obsesivamente y que hacían sangrar los oídos. Canciones que no tenían letra pero que hablaban de mantis religiosas. Que provocaban convulsiones. Pero los ancianos nunca estuvieron en la cima de la cadena alimentaria.


[Fragmento del cuento que estoy escribiendo para un libro colectivo llamado "Que no nos vuelva a arrastrar la corriente". El cuento aún no tiene título. No sé si debe tenerlo.]