martes, 28 de febrero de 2012
el post que debía
Mi primer novio se llamaba Miguel y trabajaba de cristalero. Era el 2004 y hablábamos de México en los bancos del parque. De irnos con el subcomandante Marcos a los territorios liberados por los zapatistas. Le dejé mi ejemplar de Las flores del mal y nunca me lo devolvió. Los viernes hacíamos turismo en los centros comerciales o íbamos a algún concierto. Yo llevaba un imperdible en la oreja y él me regaló una camiseta de The Clash con la foto de Joe Strummer que compró en El Rastro. Se sacó el carné de conducir y cogía el coche de su madre, un volvo enorme y destartalado al que había que echar gasolina continuamente. Tenía un radiocassete kenwood. Un día vino a buscarme y me llevó a Carabanchel. El alcalde de Madrid acababa de instalar parquímetros en el barrio y por las noches los vecinos los destrozaban a golpes. A mi me dejó la barra antirrobo del volante y el usó el gato mecánico. Unos meses después me fui a la universidad y dejamos de vernos, pero ayer me lo encontré. Iba con su novia Mónica, que está embarazada, y estaban radiantes. Los dos han conseguido mantener el curro y se han comprado una casa. Me alegré muchísimo por ellos, y sobre todo por él. Le debía un post.
miércoles, 22 de febrero de 2012
martes, 21 de febrero de 2012
nada crece sin permiso dentro de una jaula: como estos ácaros
Como estos ácaros
que blancos
tropiezan
hasta la luz,
mezclamos azar y voluntad en nuestra lengua.
Este pájaro no sustituye a la teoría
pero su fe amarilla
en el espacio nos hace débiles
como el agua. Detén la mirada ahí
por entre los geranios. Un instante.
Nada crece sin permiso
dentro de la jaula. Retén esa imagen.
Su movimiento
nos empuja hasta la avellana que sin estilo
sostiene el pensamiento.
Tirita una vez más la vela junto a la ventana.
Como ves,
froto mis patas de mosca para alcanzar tu deseo.
Nada de lámparas ni de genios. En mis ojos
cientos de miles de sensores actúan
para saber
que esto es un cuenco y su fruta
roja y amarga. Así de simple. Nada más.
Un melocotón reserva pura su piel
para mi instinto.
(No existir no es el problema. Tenlo prensente)
Interior metafísico con galletas
Alberto Santamaría
(El Gaviero Ediciones)
viernes, 17 de febrero de 2012
esta es la hora en que los poetas lunáticos saben qué hongos brotan en Yuggoth
Niños extrañamente mutilados por familiares que habían perdido toda esperanza se pierden en laberintos rosas de formas extrañas. Poetas lunáticos mastican hongos enloquecidos por eones de tormentas. Lovecraft nos obliga a masticar la droga blanca. a habitar los mundos salvajes de las pesadillas. A bailar bajo la fiebre. Ciervos monstruosos adoran a dioses hambrientos. Ya hemos estado antes en esta ciudad de esplendores antiguos. Aquí capoteábamos justo antes de las noches de invierno. Aquí estuvo nuestra casa mientras pudimos verla.
miércoles, 15 de febrero de 2012
michaeljackson acaba su viaje y es desconectado con propofol
[el relato empieza dos post antes, con Michaeljackson como prototipo de cyborg de la postmodernidad ultraviolenta]
La incapacidad para comprender las motivaciones de su conducta estuvo en la causa de que no se tomasen las medidas adecuadas para frenar la disfuncionalidad. Se carecía de procedimiento para ese tipo de situaciones. El prototipo Michaeljackson no sólo ponía en evidencia las limitaciones de la cirugía protésica, sino también la incapacidad de los sujetos denominados Padre#1 y Madre#1 de lograr una adaptación plena y satisfactoria a la conducta deseada por la Máquina.
Ante la gravedad de la situación, se decidió poner en marcha el Protocolo Asphixia. La primera medida fue la activación del gen V01, que provocaba la aparición de una anomalía en las células de la epidermis. La melanina desapareció de la piel del prototipo en apenas unas semanas. El sujeto-replicante perdió su capacidad de estar expuesto a la luz solar. La segunda medida fue la acusación de abusos sexuales por parte de dos de los sujetos infantiles que habían visitado el espacio denominado “Neverland”. El sujeto-replicante fue expuesto a una dura presión mediática. El aumento de medicamentos que solicitó tras la activación de las medidas del Protocolo Asphixia hizo pensar que éstas habían sido un éxito. Su conducta había sido convenientemente reconducida.
Esas pastillas me dan dolor de cabeza, dijo Michaeljackson mirando las dos píldoras blancas y el vaso de agua del grifo que había sobre la mesa.
No puedo darte nada más flojo, dijo Conrad Murray sin levantar la vista de los informes médicos que estaba revisando.
No quiero tomarlas. Cámbialas por cualquier otra que sirva para lo mismo.
¿Te crees que estoy jugando? ¿Te crees que puedo cambiarte la medicación sólo porque a ti no te gusten unas pastillitas? Te han hecho 10 operaciones de nariz, 1 de pómulos y 2 de labios, has desarrollado leucodermia por todo el cuerpo, tienes insomnio, dificultades para respirar en el pulmón derecho y duermes en una puta cámara hiperbárica. ¿De verdad crees que puedes elegir qué pastillas tomar?
La disfunción había sido corregida. La hiperrealidad seguía teniendo a un subdios quirúrgicamente mejorado al que adorar. La administración de altas dosis de ultraviolencia en forma de intervenciones estéticas hacía posible la aparición de replicantes altamente funcionales para la Máquina. Algo parecido al infrafuturo hacía pedazos la realidad sobresaturada de estímulos positivos que prometían los anuncios de Burger King. El guante blanco del prototipo Michaeljackson permitía creer en un subdios capaz de proporcionar felicidad químicamente inducida.
La Máquina no detectó disfunciones en su constante 1 0
001 1100 001 0001 10110 001 1010101 111 010 001 0 1 00 1 00
Sin embargo, el éxito inicial de las medidas contenidas en el Protocolo Asphixia se mostró inútil a largo plazo. El prototipo Michaeljackson comenzó a presentar nuevas disfuncionalidades en su conducta en torno al año 2000. El patrón de comportamiento en el que había sido condicionado desde la infancia por los sujetos denominados Padre#1 y Madre#1 fue definitivamente abandonado.
El hecho más grave [clasificado de magnitud 10] se produjo el 20 del 11 de 2002. A las 12 horas, 15 minutos, 39 segundos AM el prototipo Michaeljackson abría la ventana de su habitación en el hotel Adlon, [Berlín] [Alemania] y balanceaba sobre el vacío a un sujeto infantil sin cara.
La Máquina se detuvo 26 segundos.
Después de un nuevo intento fallido de condicionamiento inducido químicamente, el prototipo Michaeljackson fue definitivamente desconectado con una intoxicación de Propofol.
La incapacidad para comprender las motivaciones de su conducta estuvo en la causa de que no se tomasen las medidas adecuadas para frenar la disfuncionalidad. Se carecía de procedimiento para ese tipo de situaciones. El prototipo Michaeljackson no sólo ponía en evidencia las limitaciones de la cirugía protésica, sino también la incapacidad de los sujetos denominados Padre#1 y Madre#1 de lograr una adaptación plena y satisfactoria a la conducta deseada por la Máquina.
Ante la gravedad de la situación, se decidió poner en marcha el Protocolo Asphixia. La primera medida fue la activación del gen V01, que provocaba la aparición de una anomalía en las células de la epidermis. La melanina desapareció de la piel del prototipo en apenas unas semanas. El sujeto-replicante perdió su capacidad de estar expuesto a la luz solar. La segunda medida fue la acusación de abusos sexuales por parte de dos de los sujetos infantiles que habían visitado el espacio denominado “Neverland”. El sujeto-replicante fue expuesto a una dura presión mediática. El aumento de medicamentos que solicitó tras la activación de las medidas del Protocolo Asphixia hizo pensar que éstas habían sido un éxito. Su conducta había sido convenientemente reconducida.
Esas pastillas me dan dolor de cabeza, dijo Michaeljackson mirando las dos píldoras blancas y el vaso de agua del grifo que había sobre la mesa.
No puedo darte nada más flojo, dijo Conrad Murray sin levantar la vista de los informes médicos que estaba revisando.
No quiero tomarlas. Cámbialas por cualquier otra que sirva para lo mismo.
¿Te crees que estoy jugando? ¿Te crees que puedo cambiarte la medicación sólo porque a ti no te gusten unas pastillitas? Te han hecho 10 operaciones de nariz, 1 de pómulos y 2 de labios, has desarrollado leucodermia por todo el cuerpo, tienes insomnio, dificultades para respirar en el pulmón derecho y duermes en una puta cámara hiperbárica. ¿De verdad crees que puedes elegir qué pastillas tomar?
La disfunción había sido corregida. La hiperrealidad seguía teniendo a un subdios quirúrgicamente mejorado al que adorar. La administración de altas dosis de ultraviolencia en forma de intervenciones estéticas hacía posible la aparición de replicantes altamente funcionales para la Máquina. Algo parecido al infrafuturo hacía pedazos la realidad sobresaturada de estímulos positivos que prometían los anuncios de Burger King. El guante blanco del prototipo Michaeljackson permitía creer en un subdios capaz de proporcionar felicidad químicamente inducida.
La Máquina no detectó disfunciones en su constante 1 0
001 1100 001 0001 10110 001 1010101 111 010 001 0 1 00 1 00
Sin embargo, el éxito inicial de las medidas contenidas en el Protocolo Asphixia se mostró inútil a largo plazo. El prototipo Michaeljackson comenzó a presentar nuevas disfuncionalidades en su conducta en torno al año 2000. El patrón de comportamiento en el que había sido condicionado desde la infancia por los sujetos denominados Padre#1 y Madre#1 fue definitivamente abandonado.
El hecho más grave [clasificado de magnitud 10] se produjo el 20 del 11 de 2002. A las 12 horas, 15 minutos, 39 segundos AM el prototipo Michaeljackson abría la ventana de su habitación en el hotel Adlon, [Berlín] [Alemania] y balanceaba sobre el vacío a un sujeto infantil sin cara.
La Máquina se detuvo 26 segundos.
Después de un nuevo intento fallido de condicionamiento inducido químicamente, el prototipo Michaeljackson fue definitivamente desconectado con una intoxicación de Propofol.
martes, 14 de febrero de 2012
yo sí me he leído las 345 paginacas de Fresy Cool
Yo sí he leído Fresy Cool. Entero. Las 345 paginacas. Y he flipado. Podría usar otra palabra, pero digo que he flipado porque yo también nací a finales de los 80 y hablo así cuando estoy con mis colegas. Seguramente de esto tenga la culpa El príncipe de Bel Air, responsable de buena parte de mi educación. El libro tiene dos partes, una primera en la que el protagonista, Pleonasmo Chief, está escribiendo su primera novela y otra, situada algo después, en la que Pleo es ya un profesor universitario y que está formada por varios relatos relacionados entre sí. Todo esto en medio de un Madriz apocalíptico y postnuclear gobernado por el Partido Pop, que impide la entrada y salida de la ciudad y gasea a sus habitantes a través de los aires acondicionados como forma de disciplinamiento masivo. La Universidad Complutense ha sido trasformada en la Academia Google Text, pero a pesar de ellos los recortes hacen que los alumnos tengan que quemar libros en la cafetería para calentarse. Joder, quién no ha soñado con hacer esto empezando por La Celestina.
La primera parte del libro es la que se supone que es más jodida de leer porque está llena de referencias indescifrables. Bien. Qué es exactamente lo indescifrable ¿qué los nombres de los garitos y los personajes muchas veces sean referencias literarias? ¿qué hable de sitios de Madrid como el Vía Láctea o Malasaña? ¿qué use palabras como blandiblú o folks? Independientemente de que las referencias se pillen o no, la movida (gracias, Will Smith) es que consigan crear un universo propio. Y lo hacen. A mi no me ha parecido difícil de leer (será que las frases de ocho líneas dejaron de asustarme after Foster Wallace), pero aunque fuera un poco exigente qué problema hay, ¿es que los lectores somos retrasados? ¿nos lo tienen que dar todo masticadito y con notas a pie de página? Yo creo que no. Es más me revienta cuando un escritor o una editorial me trata como si fuese idiota. Al menos aquí el autor no lo hace. He leído por ahí que Antonio J. Rodríguez escribe para su tribu. Si en esa tribu queman libros en los pasillos de la facultad a mi que me apunten.
[reseñas de Fresy Cool en La Medicina de Tongoy y en Lector Malherido]
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