Abro el correo esta mañana estúpida de horarios desfasados y me encuentro un poemario. Cincuenta y seis páginas de poemas antes de irme a un trabajo que odio pero que necesito. Antes de tanta comida tirada a la basura y tantos vestidos brillantes que reproducen lo que en algún momento de los años noventa debió de ser la elegancia y tantas novias en el Día Más Felíz De Su Vida. Leo el poemario del tirón. Joder, Sergio. Cómo aguanto diez horas en un curro de mierda después de esto.
Ana y la incertidumbre es de esos poemarios que te hacen pedazos pero te dejan con ganas de más. Que duelen y enganchan a partes iguales. Como una sesión de sexo anal o un lexatín. Son poemas sucios métricamente, pero joder como la vida misma.
La vida no rima, Layla, me dijo un colega una vez y tenía razón. Sólo riman las películas de Hollywood, donde ningún borracho intenta meter mano a las camareras en el banquete de bodas. Donde los vestidos de los invitados no tienen quince años.
Ana y la incertidumbre te deja una sensación de urgencia, de vacío en el estómago, de olor al desinfectante que usan en los hospitales. Habla de las baldosas blancas que cubren las paredes, de los pasillos vacíos, de la enfermedad, de teléfonos que suenan y te hacen pedazos. Y lo hace sin victimismos, sin caer en tópicos, sin miedo a jodernos el día.
Tenéis que leer
Ana y la incertidumbre porque es la hostia. Porque es un libro escrito mientras todo se derrumbaba, mientras la rutina perdía la t y se convertía en ruina, como él dice. Porque los poemas tienen que provocar asco o pena o placer o vacío o dolor, pero provocar algo, y Sergio lo consigue. Porque son poemas sencillos pero de una brutalidad que te deja sin aliento. Porque va a joderos el día antes de alegrároslo.
(podéis encontrar el poemario de Sergio en su blog
http://callejonexpresion.blogspot.com/)