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domingo, 4 de octubre de 2015

Cadena alimenticia






Aunque nos parezcan muertos y horribles, los zombis tienen una vida interior rica y plena. Lo descubrí pocos días después de que me encerraran en esta celda, la C-348. El encargado de traerme la comida comenzó a dejarme libros junto al plato. La mayoría de ellos tenían frases subrayadas y anotaciones a lápiz en los bordes. Al principio pensé que quería mandarme un mensaje, pero luego me di cuenta de que simplemente eran sus reflexiones. Mi carcelero compartía su biblioteca conmigo, seleccionaba para mí los libros que creía que me podían gustar. La vacuna no había conseguido restablecerles la capacidad de articular las palabras correctamente, pero podían comunicarse por escrito igual que nosotros. Quizá aquella dificultad para hablar fue lo que hizo que les subestimásemos. Cuando se dieron los primeros casos de canibalismo después de la vacunación masiva no nos preocupamos demasiado. Simplemente pensamos que no había funcionado. Aquellos seres seguían intentando alimentarse de restos humanos y seguían siendo incapaces de hablar o razonar. Tuvieron que pasar unos meses para que nos diésemos cuenta de que los efectos tardaban en manifestarse. Para entonces ya era demasiado tarde. El ser humano había dejado de estar en la cima de la cadena alimenticia. A veces pienso en ello. Supongo que aquí no hay mucho más en lo que pensar. Hoy ha venido el médico a verme. Me ha dejado unas pastillas nuevas sobre la mesa, parecen vitaminas. Quieren que el bebé nazca sano y grande. Quizá debería empezar a llamarlos crías, para que me diese menos pena separarme de ellos. El médico me ha dado unas palmadas en la cabeza. Creo que están contentos conmigo. 




[La primera frase de este microrrelato pertenece a la escritora norteamericana Lisa Tuttle. Forma parte de una especie de juego en el que escritoras de ciencia ficción comenzaban un relato y tenías que continuarlo, con una extensión máxima de trescientas palabras. Así quedó el mío]

domingo, 16 de agosto de 2015

De accidentes de tren, zoos humanos en el parque del Retiro y reclusiones en hospitales psiquiátricos.


[Jules Sébastien César Dumond d´Urbille]


El momento exacto en el que Jules Sébastien César Dumond d´Urbille, célebre navegante y explorador francés, se da cuenta de que la puerta de su vagón ha sido cerrada con llave y de que, probablemente, va a morir asfixiado. Viajero incansable, Dumond ha recorrido el mundo entero debido a sus estudios de astronomía, botánica, geología y entomología, pero el destino le ha preparado un final irónico. Dumond no va a morir consumido en fiebres extrañas, ni va a ahogarse en el naufragio de su barco, ni va a perderse en el desierto de Atacama. La muerte le espera mucho más cerca, a solo unos kilómetros de París. En 1842, Dumond sube al tren que inaugura la primera línea de ferrocarril entre París y Versalles. Debido a las fiestas de los jardines de Versalles, se habían reforzado los trenes con dos nuevas locomotoras, en una de las cuales viajaba el almirante. La primera locomotora, más ligera y menos potente, se vio empujada por la segunda y descarriló. Las dos locomotoras ardieron y sus ocupantes murieron dentro sin poder escapar a las llamas ya que por medida de seguridad los vagones habían sido cerrados con llave antes de la salida.





[Inauguración del Palacio de Cristal, con decoración que simula la selva filipina]


El momento exacto en el que un obrero de nombre hoy desconocido acaba por fin el lago del Palacio de Cristal, en el parque del Retiro. El lago ha sido construido para que puedan lucirse las canoas de un grupo de nativos malayos que son exhibidos en el parque como parte de un zoo humano, una de las principales atraciones del Retiro en aquel momento. En 1900, por el módico precio de una peseta, se podía asistir a un "desayuno esquimal a base de pescado y carne seca", y tres años antes eran los ashantis, "raza poco inteligente de figura tan bestial que se les podría confundir con un orangután", los que vivaquearon en el parque, dando ocasión a que los antropólogos asistieran a un parto. En el caso de los esquimales a lo que pudieron asistir es a una muerte -o más bien muchas-, ya que de los cincuenta ejemplares exhibidos solo nueve volvieron a su tierra de origen. Lo mismo sucedió con malayos y ashantís, pero como no hay mal que por bien no venga, sus fondos acabaron enriqueciendo el fondo del Museo de Antropología, dando un bello ejemplo de sacrificio por la ciencia. 





[Leonora Carrington]


El momento exacto del día 23 de agosto de 1940 en el que Leonora Carrington, escritora y pintora surrealista, fue ingresada en la clínica psiquiátrica del Dr. Luis Morales, en Santander. Varias circunstancias conducen a este encierro. Tras la invasión nazi de Francia, Marx Ernst, compañero sentimental de Leonara Carrington, fue por segunda vez apresado e ingresado en un campo de concentración en mayo de 1940. A partir de ese instante, ella entra en un estado de alteralción mental agudo que le conduce hasta Madrid y, considerada loca, al citado sanatorio. El Dr. Luis Morales, de ideología nazi, la acoge en su clínica y experimenta con ella, al igual que lo hacía con otros pacientes, una cura ejemplar. En sus palabras, Leonora Carrington sanó "con solo tres sesiones de meduna (choque convulsivo químico con cardiazol)", lo que permitió que "recuperase un buen y bien vivir". La narración de Carrington de este periodo de su vida será, sin embargo, bastante diferente: en sus texto "Abajo" hablará de dolor, de torturas y de tristeza, pero no de curación. 




[Remy de Gourmont]


El momento exacto en el que Remy de Gourmont, novelista y crítico de arte, rompe la relación con su amigo Alfred Jarry, que se había burlado de amada Berthe. Conocida como "Berthe la blanda", "Berthe de los pies grandes" y "la gran dama", Berthe de Courrière había comenzado su relación con el escritor en 1887, después de quedar viuda del escultor Auguste Clésinger. Berthe era una mujer gigantesca, pero las burlas de Jarry no se debían a su físico, sino al gusto un tanto peculiar de Berthe por los sacerdotes. A lo largo de su vida, fue detenida e ingresada en hospitales psiquiátricos en numerosas ocasiones debido a las burlas obscenas y los gestos sexuales con los que acosaba a todos los sacerdotes que aparecían en su camino.




[La primera y última historia las conocí gracias al libro "¡La libertad o el amor!", de Robert Desnos (Cabaret Voltaire). La segunda y tercera gracias al periódico "El rapto", publicado por el Grupo Surrealista de Madrid]

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Descomposición de una familia

[Décomposition d´une famille, Colette de Saint Yves]



Comer habas equivale
a comer la cabeza
de los propios padres.

Francisco Ferrer Lerín


El primer día del verano de 1857, la costurera se había levantado con los tobillos machados por la plaga. Al principio no le dio importancia, pero pronto fue invadida por la tristeza. Una tristeza amarga como el sudor de los hermanos que duermen en el mismo lecho. O como el llanto de los adolescentes que mueren pisoteados por los ciervos. O como las oraciones de los que rezan arrodillados delante del espejo mientras sus familiares flotan en la cocina. O como las súplicas de los mancos en estado de sueño cuyos dedos fueron devorados por las cenizas. O como los sollozos de los novios sordos que ponen manos violentas sobre los clérigos. O como los lamentos de los sepultureros que arrastran carros fúnebres repletos de llaves.

La costurera colocó todas sus agujas encima de la mesa de la cocina y llamó a todos sus hermanos. Comer habas equivale a comer la cabeza de los propios padres, les dijo, y pacientemente clavó sus agujas en los oídos de los muchachos.




[Texto de "Las canciones de los durmientes", inédito]

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Integridad cutánea



Llevo varias semanas leyendo informes forenses para un proyecto que tengo entre manos. Algunos son de casos conocidos que fueron noticia hace algunos años, otros apenas merecieron un par de líneas en la prensa, o ni siquiera eso. Todos son de muertes violentas, desde asesinatos premeditados a palizas y procesos de tortura de varios días. Todos han sido escogidos en función de la repetición de unos mismos ritos, de unos actos que cometieron todos los asesinos a pesar de las distancias temporales y geográficas y de las distintas motivaciones para cometer el crimen. Creo que hasta ahora nunca había leído un informe forense completo, solo algún fragmento. Una de las cosas que más me ha sorprendido es lo hermoso que es el lenguaje que utilizan: "la muerte se produjo por destrucción de centros vitales encefálicos", "la parte superior izquierda de la cavidad torácica ha sufrido fenómenos de transformación", "la integridad cutánea es completa". Supongo que se debe a que no estoy acostumbrada a la jerga médica, pero es como si tratase de ser un lenguaje tan preciso y tan técnico que acabase cayendo en lo poético. Como si fuese imposible que las palabras fuesen precisas.

Otra cosa bastante sorprendente es lo sencillo que es olvidarte de que se trata de personas reales. En uno de los informes aparecía que el cadáver tenía un hematoma de treinta y cinco centímetros. Recuerdo que lo subrayé y fui a por una cinta métrica para hacerme una idea precisa de cuánto eran exactamente treinta y cinco centímetros. Después anoté algo en el margen del folio y seguí leyendo. No le di más importancia hasta que llegué al siguiente informe, que pertenecía a Agustín Rueda, un militante anarquista asesinado de un paliza por los funcionarios de la cárcel de Carabanchel en 1978. El caso de Agustín era probablemente el único con el que tenía un vínculo previo a la lectura del informe. He crecido en Aluche, al lado de la cárcel de Carabanchel, y supongo que tengo la silueta de la prisión en el fondo de la retina. En el barrio se conocían mucho las historias de los presos, porque sus familiares hacían cola allí mismo para entrar a visitarles y hablaban de lo que pasaba dentro. El caso de Rueda había sido particularmente doloroso, porque había asesinado después de varios días de tortura. Solo tenía 25 años y estaba lejos de casa.

Supongo que ese vínculo es lo que me hizo darme cuenta de lo que estaba leyendo. De lo que había detrás de aquel lenguaje. El informe de Rueda hizo que se me cayesen las lágrimas. Volví a coger la cinta métrica y coloqué aquellos treinta y cinco centímetros sobre mi piel. En mi cuerpo, ocupaban prácticamente todo el abdomen, desde la cadera al pecho. Tuve que dejar de leer.



"No hay huellas de ataduras, por lo que la víctima ha podido intentar defenderse de la lluvia de golpes que ha caído sobre él cubriéndose cabeza y cara con las manos, de ahí las escasas lesiones en el rostro y en la mitad anterior de la cabeza, mientras que están especialmente contusionados e dorso de las manos y el borde cubital de los antebrazos. 

El hecho de que no se aprecie fractura alguna, ni de costillas ni de cráneo y que, pese a ello, se hayan ocasionado contusiones internas en los pulmones y en las meninges indica que el apaleamiento ha sido ejecutado con tecnicismo. Se puede afirmar que no es posible, salvo especial destreza, ocasionar tantas lesiones externas repetando las estructuras óseas subyacentes."


viernes, 28 de febrero de 2014

últimas lecturas: Albert Camus, Fleur Jaeggy y Diego Luis Sanromán.



Los justos, Albert Camus (Alianza). Siguiendo la pista de mi obsesión por Boris Savinkov llego al texto de Camus, que cuenta la planificación y ejecución de un atentado por parte de un grupo terrorista ruso. Los personajes están directamente inspirados en los miembros de la célula a la que pertenecía Savinkov, y los conflictos que se plantean en la obra son también los que obsesionan al ruso en sus diarios. El terrorismo como socialización del dolor, la dialéctica del fin y los medios, el potencial transformador de la violencia, la incidencia de las acciones en la sociedad, la represión, el miedo, las dudas. Camus hace girar la obra en torno a dos personajes principales, el idealista Ivan Kaliayev, lleno de dudas, y el implacable Stepan Fedorov, hombre de acción y firme defensor del uso de la violencia como herramienta política. El enfrentamiento constante entre los dos personajes le permitirá desplegar todas las tensiones ideológicas y personales a las que se ven sometidos los personajes, que irán evolucionando a medida que se suceden los acontecimientos. Como siempre que leo teatro, me deja con las ganas de escribir algo que se pudiese representar, por el simple placer de ver a los personajes cobrar vida.



Convertiré a los niños en asesinos, Diego Luis Sanromán (Plaza y Valdés). Uno de mis asesinos en serie preferidos de todos los tiempo es David Richard Berkowitz, conocido como el "Hijo de Sam". Sus crímenes no eran muy originales -se limitaba a disparar con un revólver del 44 a víctimas escogidas al azar-, pero la historia que hay detrás es muy curiosa. Cuando fue detenido, Berkowitz aseguró que había cometido los crímenes obligado por un demonio que había poseído al perro de su vecino. Por supuesto, la policía no le dio ningún crédito, pero cuando acudieron a su casa, encontraron algo bastante sorprendente: las paredes de su apartamento estaban llenas de extrañas frases que Berkowitz había escrito con pintura roja. En las pinturas podían leerse frases como "En este agujero vive el Rey Malvado" o "Convertiré a los niños en asesinos". Desde hacía meses, Berkowitz había iniciado una extraña vida ascética en el apartamento, cuyas ventanas estaban cubiertas con sábanas. Casi nunca salía de él y los vecinos apenas le veían: solo abría la puerta cuando oía ladrar o jadear en el descansillo al perro del vecino. Esa idea de los demonios interiores, de las casas que se convierten en una extensión de nuestra propia mente, sirve al autor para construir una serie de relatos de terror que tienen como hilo conductor los abismos que todos llevamos dentro, los agujeros oscuros que guardamos en la mente y que esperan agazapados para poder salir. La narración en primera persona le da fuerza al relato, porque hace que el autor nos introduzca en la mente de los asesinos y las víctimas, muchas veces indistinguibles unos de otros. 




El temor del cielo, Fleur Jaeggy (Tusquets). No había leído nada de Fleur Jaeggy hasta que uno de mis mejores amigos me puso este libro en las manos en mi última visita a Jaén. Me resulta dificil describir las sensaciones que me ha producido. La atmósfera de crueldad cotidiana, la forma precisa y fría de narrar de la autora, su capacidad para generar desasosiego, dolor, intranquilidad. Todos los personajes de los distintos relatos tienen en común una especie de contención, de autodisciplina que raya en la locura. Todos son crueles, todos guardan secretos, todos esconden una especie de violencia latente que guía sus actos. Jaeegy me ha parecido una narradora enorme, capaz de hacerte un nudo en el estómago con dos frases. Esta tarde voy a la biblioteca a por "Los hermosos años del castigo".

sábado, 2 de noviembre de 2013

yo, Lope de Aguirre, endemoniado y rabioso como habitante de las profundidades



De todos los personajes malditos de la historia, Lope de Aguirre es uno de mis preferidos. Traidor, alucinado, déspota y cruel, Aguirre fue todo lo sanguinario que pudo durante sus cuarenta y cinco años de vida, hasta que fue asesinado por uno de sus subordinados. Seguramente sea uno de los personajes más oscuros y detestables de la colonización española de América, responsable directo de la muerte de miles de nativos, pero sus odios nunca se dirigieron solo contra los indígenas. La desobediencia a los mandos militares del Virreynato de Perú provocó que fuese juzgado y castigado a ser azotado públicamente. Aguirre nunca perdonaría aquello. Con el orgullo herido, esperó que acabase el mandato del juez, y comenzó una persecución que duraría tres años. Tres años esperando para poder vengarse. Tres años siguiendo al juez de ciudad en ciudad, buscando su rastro, oliendo su miedo, acechándolo. Tres años hasta que lo encontró, después de haber recorrido más de seis mil kilómetros, y lo asesinó en su propia casa. 

Aguirre fue condenado a muerte, pero la sentencia nunca se cumpliría. La conquista necesitaba hombres violentos y crueles como él, y fue reclutado y enviado al campo de batalla. De él volvería con las manos quemadas por el arcabuz, una cojera que arrastraría para siempre y la mirada aún más cruel. Después de aquello, se enrolaría en una misión para buscar El Dorado. En ella Aguirre era solo un subordinado, pero no dudó en llevar a cabo una política de asesinatos selectivos para hacerse con el mando. Ejecutó a setenta y dos miembros de la expedición, porque consideraba que no eran útiles o que no cooperaban en la empresa. Los demás se arrodillaron ante él y le nombraron príncipe. A partir de entonces, Aguirre elegiría enemigos aún más poderosos. La expedición pronto se convirtió en una misión alucinada y febril para arrebatar el poder a los mandos militares que gobernaban los territorios conquistados por los españoles. Después de la toma de cada ciudad, Aguirre escribía personalmente a Felipe II para reírse de él e insultarlo. A veces firmaba como El Traidor. Otras como El Peregrino o El Príncipe de la Libertad. 

Cercado en Barquisimeto, una de las ciudades sobre las que había caído como una plaga, asesinó a su propia hija a puñaladas en medio de un delirio. Sus subordinados decidieron entonces acabar con su vida. Como castigo, su cuerpo fue descuartizado y enviado a varias ciudades de Venezuela para que sus restos fueran comidos por los perros. Su cabeza fue enjaulada y enviada a El Tocuyo. Ni siquiera muerto quisieron fiarse de ella. 

Esta historia la conocí en la universidad, donde tuve una asignatura sobre historia de Latinoamérica. No me había acordado de ella hasta hace unos días, cuando en un blog encontré por casualidad un poema a Lope de Aguirre escrito por José Ramón Signes. El poema es alucinante, pero copio solo una parte porque este post ya es demasiado largo. El que quiera leerlo entero, puede hacerlo aquí. 


Yo, Lope de Aguirre, el Peregrino, el Traidor,
que fui príncipe de estas tablas cuando todavía eran naves,
que fui cañones sin el reproche de tontas leyes,
que me permití pecar de lesa majestad y por escrito,
soy apenas el rostro de un vasco delirante surcado de lengua bárbara,
indiano de imposible retorno, falso criollo,
tosca pincelada de ambición y avaricia en todo caso
esquivando flechas envenenadas sobre una balsa de troncos
entre monos que chillan sin parar.

Yo, Lope de Aguirre, la ira de Dios,
entregaré mi cuerpo a esta isla con nombre de mujer
para que alguien lo desguace con mi propio cuchillo
y lo lleve en trozos selva adentro, para regocijo de los perros.

domingo, 13 de octubre de 2013

cómo ver morir a tu pareja


[Stefan y Lotte Zweig]


Últimamente he pensado mucho en el suicidio. No en el mío, sino en el acto de suicidarse en sí mismo. En las motivaciones que pueden llevar a alguien a hacer eso, en los abismos que tenemos dentro. Buscaba información para un texto que se iba a incluir en el fanzine "Seiscidas" y estaba dando vueltas por internet, dando tumbos de una página a otra. Había decenas de ellas dedicadas a escritores conocidos que habían acabado con su vida. Cientos de nombres. Pero lo más curioso es que algunos de ellos también habían visto el suicidio de su pareja. Creo que el primer caso en el que reparé fue el de Stefan Zweig. De origen judío, Zweig se suicidó en 1942, convencido de la victoria del nazismo. Tres años antes había conseguido huir a Brasil, pero se sentía incapaz de ver cómo Europa sucumbía al Tercer Reich. Lotte, su mujer, se tumbó junto a él en la cama e ingirió el mismo veneno que el escritor. Cuando la policía los encontró, aún estaban tendidos en la cama, abrazados. Unos años más tarde, el nazismo sería derrotado por el Ejército Rojo y borrado del mapa, pero ni Zweig ni si mujer pudieron verlo.



[Paul Lafargue y Laura Marx]


El segundo caso en el que reparé fue el de Paul Lafargue y Laura Marx. Con sesenta y nueve y sesenta y seis años respectivamente, Lafargue y Marx decidieron inyectarse una solución de ácido cianhídrico en su domicilio de los alrededores de París. Previamente habían acordado quitarse la vida cuando no pudiesen valerse por sí mismos, así que decidideron hacerlo cuando empezaron a  notar los primeros achaques de la edad. En una nota escrita a mano, Lafargue decía quitarse la vida "antes de que la impecable vejez me arrebate uno después de otro los placeres y las alegrías de la existencia, y de que me despoje también de mis fuerzas físicas e intelectuales; antes de que paralice mi energía, de que resquebraje mi voluntad y de que me convierta en una carga para mí y para los demás".



[Arthur y Cynthia Koestler]


El tercer caso que encontré fue el de Arthur Koestler y su esposa Cynthia. Koestler había sido un ferviente militante a favor de la eutanasia y había escrito diferentes libros explicando varios métodos para quitarse la vida. Los cuerpos del escritor y de su esposa, de setenta y siete y cincuenta y seis años respectivamente, fueron encontrados en su apartamento, sentados en los sillones. La causa era una sobredosis de barbitúricos. 

Creo que todos estos casos me impactaron por los extraños paralelismos que hay entre ellos. Las tres parejas parten de una decisión en frío que los cónyuges tomaron mucho antes de que sucediera; las tres lo hicieron en el mismo momento, sin ni siquiera dejar pasar unos días entre la muerte de uno y de otro; las tres dejaron notas de suicidio, siempre escritas por ellos. Me pregunto cómo es posible ver morir delante tuyo a tu pareja. Cómo convencerla de que es buena idea quitarse la vida. Cómo permitir que lo haga. Qué idea del amor puede llevarte a querer que alguien muera contigo. 

sábado, 28 de septiembre de 2013

de aquellos que se resisten a obedecer a su destino



Hay vidas que merecen ser vividas varias veces. O una sola vez pero por muchas personas diferentes. Si esto último fuese posible, una de las vidas que yo elegiría vivir sería la de Albert Libertad. No porque fuese fácil, que no lo fue, sino porque siempre he sentido debilidad por la gente que ha hecho lo que ha querido, a pesar incluso de sí mismo. De hecho, si Libertad hubiese sido mínimamente respetuoso con su destino, habría muerto de hambre con apenas 20 años en alguna calle de París, mientras mendigaba para lograr aguantar un día más. Es posible incluso que hubiese muerto mucho antes, cuando la polio le hizo perder la movilidad en las piernas porque en el orfanato donde vivía los niños no tenían derecho al lujo de la asistencia médica. 

Pero a pesar de todo, Libertad sobrevivió, y, mientras mendigaba y se moría de hambre en algún callejón, uno de los miembros del periódico Le Libertaire decidía acogerlo en la redacción del periódico. Allí vivió durante varios meses, codeándose con activistas como Louise Michel, heroína de la Comuna de París, o Sébastian Faure, que había evolucionado desde el socialismo al anarquismo. Aunque tenía estudios elementales, en la redacción de Le Libertaire sería donde aprendería a escribir los artículos que le harían famoso y donde desarrollaría las dotes oratorias que harían que sus mítines estuviesen siempre repletos. De hecho, estos mítines acabarían convirtiéndose en actividades desestabilizadoras y subversivas por sí mismas, lo que tendría como consecuencia que muchos de ellos fuesen interrumpidos y disueltos por la policía. Lejos de intentar marcharse, Libertad solía acabar encabezando el enfrentamiento contra los gendarmes, lo que hizo que no tardase en convertirse en un viejo conocido de la policía. Al fin y al cabo, la cojera que le obligaba a llevar alzas y dos muletas y el aspecto desaliñado de las túnicas con que solía vestirse le hacía fácilmente reconocible. 



Sin embargo, a pesar de sus evidentes limitaciones, Libertad no fue una persona sombría ni oscura. Para él, la revolución social debía ser ante todo una revuelta, un asalto a la normalidad. Buena parte de su militancia política consistía en la celebración de fiestas, bailes y excursiones al campo, y se jactaba de que todas las mujeres con las que había estado eran "inteligentes, hermosas y anarquistas". Ya lo dijo Víctor Serge: "le gustaba la calle, la muchedumbre, la gresca, las ideas, las mujeres". De todas ellas, quizás las más importantes fueron Anna y Amandine Mahé, con las que fundaría y dirigiría el semanario de culto 
L´Anarchie y con las que mantendría una relación sentimental de la que nacerían dos hijos.  

Libertad se resistió a su destino todo lo que pudo, pero éste acabó venciéndole. El 13 de noviembre de 1908, con 32 años, murió en el hospital de Laboisière como consecuencia, al parecer, de la agresión salvaje de unos policías a la salida de una charla. No era la primera vez -algunos años antes, varios gendarmes le habían abandonado en la calle dándole por muerto después de una paliza-, pero sería la última. 



[Algunos de los artículos que escribió Albert Libertad a lo largo de su vida pueden encontrarse traducidos al castellano en el libro "La ficción democrática" (La linterna sorda, 2013), hasta el momento el único que incluye textos de este autor]

miércoles, 28 de agosto de 2013

anoche vi morir a mi perro envenenado como un lobo



Anoche vi morir a mi perro. Estuvo agonizando más de tres horas, en medio de espasmos, aullidos y convulsiones. Había vomitado un líquido azul, así que sabemos que era veneno. Seguramente comió una de las trampas que ponen para los lobos. El monte está infestado de ellas. Hemos quitado muchas, pero ellos son más que nosotros. En esas trampas mueren rapaces, carroñeras, zorros, comadrejas y perros. Y cientos de lobos, claro. Eso es lo que hay detrás del eslogan de "Asturias, paraíso natural", lo que nunca aparece en la televisión autonómica, de lo que nunca se habla porque daría una mala imagen a los turistas.

Los que ponen esas trampas se excusan diciendo que los lobos están acabando con los pastores, pero eso es mentira. Llevo viviendo aquí cinco meses, con mucha relación con el mundo ganadero, y solo ha habido tres ataques en todo este tiempo en todo Picos de Europa.-de ellos, dos han sido a rebaños de cabras que no fueron guardados por la noche, porque es más cómodo así-. Lo que está acabando con los pastores y con la ganadería extensiva no es el lobo, es el capitalismo, que favorece a las grandes empresas de la industria cárnica. A través de instituciones como la Unión Europea, el sistema subvenciona a los grandes empresarios de la ganadería intensiva, esos que tienen auténticas fábricas donde los animales son maltratados y torturados de forma masiva. El enemigo no es el lobo, el enemigo es el de siempre, este sistema. 

Si hubieseis visto agonizar a mi perro durante horas se os habría partido el corazón. No sé como hay personas que pueden hacer eso. Creo que tienes que estar vacío por dentro. Muerto. Cuando los indígenas de Melanesia fueron colonizados por los hombres blancos, llegaron a la conclusión de que carecían de alma. No había otra explicación para las atrocidades de las que eran capaces. Yo también creo que hay gente así. Los vemos andar, hablar y moverse, pero en realidad están muertos por dentro. No tienen alma. 

miércoles, 3 de julio de 2013

un año de "El libro de la crueldad"

[Ilse Koch]


[Irma Grese]


[María Mandel]


[Hertha Bothe]


[Dorothea Binz]



Este mes de junio ha hecho un año que se publicó "El libro de la crueldad". La verdad es que no es mucho, pero me da la sensación de que hace más. Supongo que es porque yo en realidad lo escribí hace casi dos años. Ahora lo releo y creo que cambiaría algunas cosas y corregiría otras. Pero imagino que es bueno tener dudas sobre lo que escribes, porque es lo que te permite seguir buscando y experimentando. De hecho el libro con el que estoy ahora es bastante diferente en muchos sentidos. Menos oscuro. Una especie de libro de cuentos extraños y alucinados. 

En estos meses, mucha gente me ha dicho que el libro les había parecido demasiado duro, e imagino que tienen razón. El poemario partió de una pregunta que me hago muchas veces, y que tiene que ver con la razón de que la gente sea cruel. Una vez, viendo un documental sobre las mujeres que habían dirigido campos de concentración en la Alemania nazi, mi hermano me pregunto si creía que yo sería capaz de hacer aquellas atrocidades. Torturar hasta la muerte a un prisionero, fusilar a alguien a sangre fría, maltratar a una persona hasta el agotamiento. Lo pensé durante unos instantes y le dije que sí. Yo creo que sería capaz. Que en unas circunstancias concretas y determinadas, sería capaz de torturar o asesinar a alguien. De hecho creo que todos lo seríamos, aunque ahora nos parezca una aberración. Solo tienen que darse las condiciones adecuadas. La ideología, la motivación, el contexto histórico necesario. No creo que todas aquellas mujeres que salían en el documental fuesen enfermas mentales. Creo que eran como nosotros. Y eso es lo peor. 

Durante los siguientes días no me pude sacar esa idea de la cabeza. Cuál sería el resorte que me haría convertirme en una de ellas. Qué tiene que pasar para que yo fuese capaz de hacer eso. Si sería capaz de llegar a esos extremos de violencia. Busqué fotografías de esas mujeres y las colgué en la pared de mi habitación. Ilse Koch, María Mandel, Irma Grese, Hertha Bothe, Dorothea Binz. Las miré durante días. Y escribí. No directamente sobre ellas. Más bien sobre nosotros. 

lunes, 25 de marzo de 2013

un cuchillo en la mesilla de noche



Últimamente pienso mucho en las parejas, en el hecho de comprometerse con una persona y hacer una vida en común. En concreto desde que acabé "Perdida", de la autora estadounidense Gillian Flyn. Justo antes había acabado "Matate, amor", de Ariana Harwicz, que también trataba en cierto modo de las parejas aunque contado de una forma muy diferente, y creo que de alguna forma la lectura de los dos libros ha acabado afectándome. 

"Perdida" lo empecé con curiosidad pero sin muchas expectativas, seguramente porque la novela tenía un cierto aire a best-seller. Es un prejuicio estúpido, porque en realidad que algo sea un best-seller no dice nada sobre su calidad, hay best-seller que son auténticas maravillas, otros que están bien y muchos que no valen ni lo que costaron de imprimir, pero a veces me cuesta quitármelo de encima. Lo leí casi del tirón, porque la trama engancha y tiene varios giros inesperados que consiguen mantener la tensión, pero según avanzaba iba teniendo una sensación cada vez más rara. Después de pensarlo, creo que esa sensación se debe a que el libro tiene varias lecturas, o al menos, no una tan simple como yo había supuesto al principio. Hay una lectura superficial en la que la autora cuenta un thriller que gira en torno a una pareja atrapada en un pueblo perdido de Missouri. Si nos quedamos con ella, la novela es entretenida, engancha y está bien escrita, con una trama densa y bien planeada por la autora, incluso a pesar de la dificultad de sustentar un thriller únicamente en dos personajes. Pero si le damos unas cuantas vueltas más, hay una segunda lectura mucho más aterradora que los asesinatos y desapariciones de la novela. Una segunda lectura que aparece solo en momentos puntuales de la trama, pero que es lo que le da peso al libro, porque habla de cosas mucho peores que un asesinato. Habla de cómo los seres humanos nos maltratamos los unos a los otros y de cómo disfrutamos con ello. De la crueldad que ejercemos conscientemente, incluso con nuestra pareja o nuestra familia. De cómo a veces la pareja es una forma de destruirse a uno mismo y destruir al otro. O más bien de cómo todas las parejas son también una forma de destruirse a uno mismo y destruir al otro.

No lo sé. Quizá todos los que duermen con su pareja deberían dormir también con un cuchillo en el primer cajón de la mesilla de noche. Puede que, cuando tu pareja te mira dormir, esté calculando cuánto tiempo tardarías en dejar de respirar bajo el peso de la almohada. 




miércoles, 6 de febrero de 2013

mátate, amor

 


En la ciudad no tengo que matar nada. Es algo de lo que me he dado cuenta cuando he vuelto a vivir en una. Pasan días enteros sin que acabe con la vida de ningún ser. Y mis vecinos tampoco lo hacen, lo sé porque oigo sus conversaciones a través de las paredes. En el campo es distinto. Mis vecinos mataban a diario, luego hablaban sobre lugares donde enterrar los cuerpos. Cada día cometían cientos de asesinatos. Mataban gallinas que ya no ponían huevos, conejos que estaban demasiado crecidos, perros moribundos, caballos enfermos, ratones que caían en las trampas, cabritos que eran machos, gatos que se reproducían demasiado, babosas que se comían las coles del huerto. Los ahogaban con sus propias manos. Los envenenaban. A veces les disparaban en la cabeza.

Creo que por eso me ha gustado tanto "Mátate, amor", de Ariana Harwicz. Echaba de menos esa violencia brutal y luminosa que lo inunda todo cuando vives en el campo. Esa sensación oscura que empieza a extenderse por el fondo de tu cabeza cuando te enseñan a manejar una escopeta y te preguntas cómo será disparar a alguien. Cuando apuntas al perro y sabes que no le dispararás, pero te preguntas qué se sentirá al hacerlo. La protagonista de la novela dice "estoy cansada de que no se pueda andar a escopetazos o denigrar al bebé" y yo la entiendo. Dice "la muerte está presente en el fuego, en la alfombra, en las cortinas, en el aire encerrado en los muebles de campo y en la vajilla de plata. En el jarrón sin flores. La muerte exuda de los paraguas apilados cerca de la puerta" y yo la entiendo. Dice "me fui de allí sin saber si pisaba su cabeza o estiércol" y yo la entiendo.

"Mátate, amor" es un libro perturbador. Esta hecho de algo oscuro, tibio y viscoso, de algo que se arrastra entre la maleza. De algo que nos susurra al oído, que late en el fondo del cerebro. Todo ocurre en una casa de campo, donde la protagonista pasa muchos días sola, observando el límite del bosque, espiando a su bebé con un cuchillo en la mano, acechando a los vecinos, explotando de deseo y de ansia. Hay algo en la novela que deja sin respiración, que corta no como un cuchillo, sino como el deseo no satisfecho, que entra más hondo y es más doloroso que los cortes metálicos. Tiene algo de animal, de desgarrador, de salvaje, pero también algo hermoso y vivo. Ella dice "soy un ciervo entrando al bosque como lo haría un novio a la iglesia" y yo la entiendo.

viernes, 1 de febrero de 2013

los 913 cadáveres que recuerdo



[Jim Jones]



 
 [cadáveres junto a la mesa donde se repartió el veneno]


 [más cadáveres]



No recuerdo casi ningún programa de los que vi durante el tiempo que estuve hipnotizada por la televisión. Supongo que delante de mis ojos pasaron miles de cadáveres, pero solo recuerdo a 913 de ellos. Los 913 cadáveres de hombres, mujeres y niños que aparecieron en Jonestown, un terreno cercado y perdido en medio de la selva que pertenecía a una secta llamada El Templo del Pueblo. Era tarde, y yo hacía zapping por los trescientos canales de la TDT sin buscar nada en especial, solo fascinada por la luz eléctrica que emitía el televisor. Me detuve en el canal Historia, que en ese momento estaba empezando a emitir un documental titulado "La masacre de Jonestown". Supongo que me llamó la atención el título, las masacres de todo tipo siempre han sido uno de mis temas preferidos para un documental. Incluso para un libro.

Era tarde y estaba cansada, pero las primeras imágenes hicieron que me sacudiese en el sofá. El cámara avanzaba por lo que parecía una especie de pueblo y enfocaba a los cientos de cadáveres que se apilaban por todas partes. Casi tenía que ir apartándolos con los pies para poder pasar. En el audio, se oía una voz autoritaria que repetía "¡Morid con dignidad!, ¡Morid con dignidad!". Esa voz era la de Jim Jones, el predicador que había fundado y dirigido la secta de El Templo del Pueblo, y el audio pertenecía a una grabación que se encontró el aquel mismo lugar, junto a los cientos de cadáveres. En ella se oían los últimos minutos de vida de los habitantes de Jonestown, antes de lo que hasta hoy es el mayor suicidio colectivo de la Historia. Histérico y desencajado, Jones les dirige un discurso para convencerles de que su única opción es el suicidio. Mientras habla, se oye cómo algunas de sus colaboradoras más cercanas van preparando el compuesto de cianuro y zumo que darán a los habitantes de Jonestown. Los primeros en tomarlo son los niños, a los que se oye llorar quejándose del sabor amargo de la bebida. Luego lo tomaron los adultos. Después de eso, en la cinta se hace el silencio. 

Aquellas imágenes me sacudieron en el sofá, pero creo que no fueron las peores de todo el documental. Lo qué más impacto me causó fue ver el rostro de Jim Jones. De alguna manera, me era familiar. No sé por qué, pero tenía una fuerte sensación de haberlo visto antes, o de que se parecía a alguien que yo conocía. Recuerdo que me levanté del sofá y me acerqué más al televisor, pero no fui capaz de relacionarlo con nadie conocido. Puede que eso mismo les pasase a las 913 personas que se suicidaron aquel día, que se quedasen a escucharle por primera vez porque les recordaba a alguien o porque tenían la sensación de conocerlo. Puede que por eso entraran a la secta y le siguieran a aquel terreno perdido en medio de la selva. Puede que me pasase lo mismo que a ellos.



[El documental se puede ver entero en Youtube, basta con poner "La masacre de Jonestown" en el buscador. Además, la editorial La Felguera también ha publicado un libro sobre este tema, "Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico". Es el único publicado en castellano que recoge la transcripción completa de la cinta.]


domingo, 6 de enero de 2013

Y se les encargó, no que los matasen, sino que los atormentasen durante cinco meses







"Y se abrió el pozo del abismo; y del pozo surgió un humo semejante al de un gran horno; y con el humo de este pozo quedaron oscurecidos el sol y el aire, y del humo del pozo salieron langostas sobre la tierra, y les dio poder semejante al que tienen los escorpiones en la tierra. Y se les mandó que no hiciesen daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna cosa verda, y a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen la señal de dios sobre sus frentes. Y se les encargó, no que los matasen, sino que los atormentasen durante cinco meses; y el tormento que causan es como el que causa un escorpión cuando hieres a un hombre."

Apocalipsis 9:2-18


"Dejadlos, son ciegos guiando a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo"

Mateo 15:14

lunes, 3 de diciembre de 2012

el viento traía extraños gemidos




"Seguimos a la muchacha sin ojos entre los tentáculos fríos y silenciosos. Entre los tentáculos que crecían cada noche en voz baja y atrapaban a los caminantes que se quedaban dormidos en la espesura. Cuando dejábamos de verla a causa de la maleza seguíamos la luz de su candil y el rastro de polen que salía de sus ojos. El polen que caía formando pequeñas gotitas translúcidas como las larvas de los insectos. El viento traía gemidos extraños del fondo de los pozos, pero nosotros caminábamos en silencio para no molestar a las mujeres sin cabeza. A las mujeres que buscaban sus cabellos pero solo encontraban hilos negros que en realidad eran trampas colocadas por las tribus que acechaban en la espesura. Después las encerraban en jaulas y se las vendían a los turistas a cambio de llaves que no abrían ninguna puerta y de libros en lenguas desconocidas."


Layla Martínez
(proyecto en construcción)


domingo, 14 de octubre de 2012

una historia sobre ciervos



Un amigo me dijo que el collage era el arte de los locos, porque sacabas lo que tenías en el fondo de la cabeza, lo que ni siquiera tú sabías que existía. No sé si será cierto, pero a mí es de las cosas que más me relajan. La poesía a veces duele y el análisis político exige mucho, pero para el collage puedes dejar la mente en blanco y preocuparte solo de recortar brazos, de encajar cabezas de insectos con cuerpos de ancianos,  estampas de santos con fotografías viejas de niños disfrazados. Hace poco descubrí que también podía hacer collage en vídeo, y ahora cuando necesito parar de darle vueltas a algo, me paso tardes enteras buscando vídeos en Youtube, los edito y salen cosas como la de más arriba. Supongo que tiene mucho que ver con "El libro de la crueldad", que hay imágenes y obsesiones parecidas. Está hecho a partir de escenas de películas como "Gummo" o "Fausto", de documentales, de imágenes tomadas con cámaras nocturnas en el bosque, de programas de sucesos paranormales, de vídeos caseros colgados en Youtube. Supongo que cuenta una historia. Sobre los ciervos, o sobre la crueldad o sobre mí, no lo sé. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

una cierta justicia poética






"Me gustaría recordar y saludar al orangután que escapó de su celda en el zoo de Kansas City en junio de 1990 desatornillando cuatro enormes cerrojos; a la nutria procedente de la costa occidental de África que, en diciembre de 1991, se escapó de una jaula electrificada en las instalaciones de reclusión del zoo de Portland; al caimán que trepó por una rampa elevada en la feria científica de Seattle en octubre de 1991 y estuvo desaparecido durante varias horas; al elefante del zoo de Louisville que se escapó en junio de 1994; a Cody, la nutria marina que en septiembre de 1993, armada con un destornillador de fibra de vidrio recogido del suelo del acuario de Oregón, apuntó a una ventana y destrozó una de las láminas de cristal; a los chimpacés Ai y Akira del Primate Research Institute de la Universidad de Kyoto que usaron las llaves que le robaron al guarda para abrir sus jaulas, cruzar el vestíbulo para liberar a su amigo orangután Dodoo e irse corriendo hacia la libertad. [...]

El spaniel belga que diparó una escopeta, matando al cazador Jean Guillaume; el elefante que corneó al cazador Alan Lowe en Zimbawe; la vaca que mató al granjero Origene Ste-beanne, de Québec, cuando intentaba quitarle a su ternero recién nacido, son también merecedores de nuestro respeto. Prefiero la persuasión y la educación a que se acabe con vidas, pero hay una cierta justicia poética en estos actos."


La revuelta de los murciélagos
Alon K. Raab.
[traducción realizada por mí del inglés]

lunes, 27 de agosto de 2012

los que venimos de la muerte no sabemos dónde volver



La casa perfecta es oscura como el fondo de las ciénagas. Arrojamos los restos a las aguas oscuras (un brazo, una mano, un dedo), pero ni siquiera eso calma a los vientos crueles que nos susurran canciones al oído. Algo nos precede. Letal. Como el primer día que empezamos a hacer nudos o el primer día que aprendimos a rezar a los que duermen bajo la nieve. La superficie del agua recuerda a los muertos, pero los que venimos del fondo de las ciénagas nos perdemos fácilmente en medio de las ventiscas. No sabemos cómo volver. 



[los versos en cursiva pertenecen al poemario Tiento, de Rocío Cerón (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2010)]
[Disponible para descargar en la Biblioteca del blog]



jueves, 31 de mayo de 2012

los ojos abiertos de Marcelle


collages: Layla Martínez


"Amé a Marcelle sin añorarla. Si está muerta es por culpa mía. Si bien tengo pesadillas, si bien durante horas me encierro a veces en un sótano porque estoy pensando en Marcelle, estoy dispuesto a volver a empezar, por ejemplo, a hundirle, cabeza abajo, el pelo en la taza de los retretes."

Historia del ojo
Georges Bataille

viernes, 11 de mayo de 2012

mi poemario [ya no queda nada]


La cubierta de mi poemario, que sale en un par de semanas [colgaré la fecha y los detalles en unos días].
El collage también es mío.