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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Descomposición de una familia

[Décomposition d´une famille, Colette de Saint Yves]



Comer habas equivale
a comer la cabeza
de los propios padres.

Francisco Ferrer Lerín


El primer día del verano de 1857, la costurera se había levantado con los tobillos machados por la plaga. Al principio no le dio importancia, pero pronto fue invadida por la tristeza. Una tristeza amarga como el sudor de los hermanos que duermen en el mismo lecho. O como el llanto de los adolescentes que mueren pisoteados por los ciervos. O como las oraciones de los que rezan arrodillados delante del espejo mientras sus familiares flotan en la cocina. O como las súplicas de los mancos en estado de sueño cuyos dedos fueron devorados por las cenizas. O como los sollozos de los novios sordos que ponen manos violentas sobre los clérigos. O como los lamentos de los sepultureros que arrastran carros fúnebres repletos de llaves.

La costurera colocó todas sus agujas encima de la mesa de la cocina y llamó a todos sus hermanos. Comer habas equivale a comer la cabeza de los propios padres, les dijo, y pacientemente clavó sus agujas en los oídos de los muchachos.




[Texto de "Las canciones de los durmientes", inédito]

miércoles, 23 de julio de 2014

Tríptico del canibalismo



I


[El general Butt Naked, convertido en predicador]


Liberia, 1999. El norte del país es invadido por un grupo rebelde apoyado por el Gobierno de la vecina Guinea. El objetivo es hacer caer del poder a Charles Taylor, que había ganado las elecciones después de una guerra civil que él mismo había comenzado cuando sitió la capital, Monrovia. La invasión genera un nuevo conflicto armado, el segundo en apenas una década. El país estalla. Por todos lados comienzan a surgir señores de la guerra que tratan de conseguir su cuota de poder para seguir traficando con armas, con drogas y con personas. Liberia se convierte en un infierno, aunque en realidad nunca ha sido otra cosa. Los señores de la guerra pronto son mucho más poderosos que el ejército del Estado. Los dos asesinan, secuestran, violan, saquean y mutilan, pero los segundos han comprendido mucho mejor los resortes internos del capitalismo. Esos resortes que permiten explotar a niños en minas de diamantes drogándolos con cocaína insertada directamente en el cerebro. Los que premian a los emprendedores que trafican con personas. Los que te hacen rico y poderoso.

Los señores de la guerra creen en el capitalismo, pero también creen en muchas otras cosas. Creen en el canibalismo, en la sangre, en la ingestión del cuerpo del enemigo. En la oscuridad que hay en los recovecos de las vísceras, en la pureza de los niños, en las sustancias que entran en el cerebro y lo hacen pedazos, en los ritos sagrados. El general Butt Naked, uno de los señores de la guerra más poderosos de Liberia, oficiará ceremonias que le permitirán ser inmune a las balas. En ellas, cogía niños menores de seis años, les abría una herida por la espalda y les sacaba el corazón mientras estaban todavía vivos. Después se lo comía y se embadurnaba el cuerpo con la sangre todavía caliente. Peleaba desnudo porque la sangre y las vísceras protegían de las balas.




II


[Enriqueta Martí]


Es 1999 pero podría ser cualquier otro año. En realidad la fecha no importa. El tiempo no es lineal, avanza y retrocede mediante la repetición de ritos. Comer vísceras de niños para alcanzar algo de su pureza, para evitar la vejez, para ser inmune a la muerte. Podría ser, por ejemplo 1912. Estamos en una Barcelona enterrada en pólvora y dinamita, pero los atentados anarquistas y los tiroteos de los sicarios enviados por la patronal no son las únicas sombras que acechan en la oscuridad de los callejones. Las bombas estallan, los cadáveres de los poderosos crecen en las aceras, las alcantarillas se llenan de murmullos. Es el 27 de febrero de 1912 y el brigada Ribot, miembro de la policía municipal de la ciudad, se encuentra frente a la puerta del número 29 de la calle de Ponent. Una vecina ha denunciado que en ese piso está Teresa Guitart Congost, una niña de diez años que lleva varios días desaparecida. No era el primer niño que desaparecía en el Raval, pero qué importaba, eran pobres, los pobres ni siquiera saben cuántos hijos tienen, los habrán mandado a pedir. Cuando los policías entran en el piso lo que ven es mucho peor de lo que se habían imaginado. Hay dos niñas en lugar de una y las dos llevan el pelo rapado y la ropa hecha jirones. La segunda niña, llamada Ángela, cuenta que ha visto cómo la dueña asesinaba a un niño en la mesa de la cocina. Cómo le inmovilizaba, le clavaba un cuchillo y recogía su sangre en una palancana.

Fuera estallan las bombas, pero el infierno está allí dentro. Ribot inspecciona el piso y se encuentra con el horror. En un cuarto cerrado con llave hay decenas de jarras, frascos y cubos que conservan restos humanos de todo tipo: sangre coagulada, grasa hecha manteca, esqueletos enteros, cráneos agujereados. Detrás de las paredes y en los falsos techos duermen decenas de cadáveres, todos de niños de entre tres y seis años. La casa es un enorme cementerio. Durante años, la dueña, Enriqueta Martí, se había dedicado a secuestrar y asesinar niños que luego emparedaba en los muros y los techos de las propiedades que tenía repartidas por toda la ciudad. Como si repitiese algún rito.

Pero aquella no sería la única sorpresa que aguardaba en el piso de la calle Ponent. En medio del horror había un papel escrito a mano, una lista que contenía los nombres de las familias más ricas e influyentes de Barcelona. Un listado de clientes. Los poderosos compraban ungüentos y pociones a Enriqueta para mantenerse jóvenes y sanos. Los ricos se comían a los hijos de los pobres. Las autoridades evitaron que el contenido de la lista trascendiera a la prensa, pero los rumores decían que en ella había políticos, médicos, empresarios, banqueros. La versión oficial dijo que era solo un listado de las familias a las que Enriqueta mendigaba, pero los murmullos que se oían en la calle eran muy distintos. Los que los pronunciaban había visto a Enriqueta salir de noche con joyas y vestidos de lujo, montarse en coches de caballos y dirigirse a la zona rica de la ciudad. De hecho, esos vestidos y esas joyas fueron encontrados en los pisos de Enriqueta, todos de su talla.

La asesina fue detenida y encarcelada, pero las autoridades nunca investigaron aquellas listas ni aquellos rumores. La semana trágica bullía todavía en las alcantarillas de la ciudad, pesaba en el ambiente como una neblina densa y pegajosa que lo anegaba todo. Las autoridades tenían que acallar aquel murmullo insistente que susurraba en los oídos de los pobres que los poderosos no solo les explotaban hasta la extenuación en los talleres y las fábricas, sino que también secuestraban, asesinaban y devoraban a sus hijos.




III


[soldados japoneses con prisioneros de guerra]



 Los ritos se repiten, el tiempo retrocede y avanza de forma caótica. La sangre y las vísceras que dan la salud, que curan la enfermedad, que alejan la muerte unos instantes. Los suficientes para sobrevivir a una guerra, para volver a casa y guardar silencio. Nueva Guinea, 1944. El ejército japonés está perdido en un país extraño y terrorífico. Sus líneas de suministros han sido cortadas por los aliados y los soldados se mueren de hambre. Pero por qué morir de hambre si tienes prisioneros, si su carne sabe como cualquier otra, quizá algo más dulce, pero carne al fin y al cabo.

El soldado indio Lance Naik Hatam Ali (más tarde ciudadano de Pakistán), testificó que en Nueva Guinea: “los japoneses empezaron a seleccionar prisioneros y todos los días uno era llevado fuera, asesinado y comido por los soldados. Personalmente, vi que esto ocurría y alrededor de 100 prisioneros fueron comidos en el mismo lugar por los japoneses. El resto fuimos trasladados a otro lugar a 80 kilómetros  de distancia, donde 10 prisioneros sucumbieron a las enfermedades. Allí, los japoneses nuevamente empezaron a seleccionar prisioneros para comérselos. Los escogidos eran llevados a una choza donde se separaba la carne de sus cuerpos mientras estaban vivos y, luego, eran tirados a una fosa donde más tarde morían.”

Pero el canibalismo no era producto solo del hambre y la desesperación. Después de la II Guerra Mundial, el Estados australiano inició una investigación para esclarecer la muerte de varios soldados de esa nacionalidad que habían sido hechos prisioneros por el ejército japonés. Los resultados de la investigación nunca salieron a la luz. La realidad era demasiado terrible, y aquellos documentos cogieron polvo en algún sótano del Ministerio del Interior. Décadas después, en los años noventa, el historiador japonés Yuki Tanaka encontró esos archivos mientras realizaba una investigación sobre el papel de las tropas japonesas en la contienda. Allí, entre decenas de documentos clasificados, otra vez el mismo rito, perfectamente documentado. Los soldados japoneses habían practicado el canibalismo, se habían comido a los prisioneros. Había declaraciones de testigos que afirmaban haber visto esta práctica con sus propios ojos, haber presenciado cómo los soldados japoneses devoraban soldados enemigos muertos y utilizaban a los vivos como ganado humano. Según Yuki Tanaka no eran simples casos aislados, sino que "el canibalismo era a menudo una actividad sistemática conducida por escuadrones enteros y bajo la dirección de oficiales". Esta misma tesis sería confirmada solo unos años más tarde por el historiador Antony Beevor, que investigó los archivos australianos y los contrastó con documentos desclasificados por el gobierno estadounidense. En ellos, se confirmaba que el ejército japonés había utilizado a prisioneros de guerra como ganado humano, manteniéndolos con vida solo para ser asesinados y devorados de uno en uno, como parte de “una estrategia militar sistemática y organizada.”

Comer la carne del enemigo, protegerse de las balas, alejar la muerte, repetir el rito. Murmullos que susurran al oído, vísceras que hablan de la oscuridad que todos llevamos dentro. 

viernes, 26 de abril de 2013

Amalia Hernández Díaz, sin fecha



Los montes que me rodean están llenos de invernales, de cabañas para guardar el ganado durante el invierno, cuando no se podía subir al puerto porque había demasiada nieve. Muchos están abandonados. En la puerta, los pastores que pasaban allí los meses de viento del norte escribían su nombre y la fecha. Nombres desconocidos y fechas desconocidas. Se lo cuento a una vecina del pueblo, una anciana de noventa y seis años que dice que lleva tantos años viuda que ya ni siquiera se acuerda del rostro de su marido. Dice que solo se acuerda de sus manos, que siempre estaban frías como las manos de un muerto. Me pregunta si me acuerdo de alguno de los nombres que he visto, porque seguro que eran vecinos o familiares o amigos. Manuel Labra, 1926, le digo. Maximiliano Fernández, noviembre de 1939. Valerio Alonso, enero de 1948. Amalia Hernández Díaz, sin fecha. 

Amalia Hernández Díaz. Me mira y se santigua cuando me oye decir ese nombre. Un nombre escrito a lápiz, no como los demás, que estaban grabados en la madera. Sin fecha. Con esa caligrafía tan característica de las personas mayores o de la gente que está poco acostumbrada a escribir. Es mejor no hablar de los muertos, me dice, no vaya a ser que se acuerden de su desgracia. Qué la pasó. Se santigua de nuevo y me dice que Amalia tenía dieciséis años cuando subió a aquella cabaña. Se tuvo que hacer cargo del ganado porque solo tenía un hermano menor, un niño de unos siete años que se llevó con ella al monte. Su madre había muerto en el parto y su padre aquel mismo verano. De qué murió. Lo mataron. Lo mató la gente del pueblo. El padre comerciaba con lana. Llenaba la carreta de lana y la iba vendiendo por los pueblos de alrededor. Al final del verano volvía con la carreta vacía y algo de dinero. Pero ese verano volvió también con una enfermedad, algo que le hacía escupir sangre. Cuando llegó al pueblo, estaba blanco y apenas podía sostenerse en pie. No traía carreta ni caballo.

Los vecinos lo vieron y no se quisieron acercar, por miedo a que fuese algo contagioso. No le dejaron entrar en el pueblo. Le obligaron a pasar una cuarentena, a que durmiese durante varios días en una cabaña alejada del pueblo hasta que remitiese la enfermedad. Los gritos de dolor se oían por todo el pueblo, sobre todo por la noche. Su hija fue a visitarle y le contó que le habían robado el carro, el caballo y el dinero cuando ya estaba de vuelta. Que no había podido comer nada durante días, mientras intentaba volver a pie al pueblo. Muerto de hambre, acabó comiéndose unos garbanzos crudos que encontró en algún sitio. Por eso escupía sangre. Los garbanzos debieron de hacerle una perforación en el estómago. Se estaba desangrando. En el pueblo nunca creyeron a Amalia, y su padre murió en aquella cabaña. 

El día del entierro, Amalia escupió sobre el ataúd para que todo el pueblo supiese que estaban malditos por lo que habían hecho. Ella y su hermano sobrevivieron, pero se convirtieron en personas sombrías, dice mi vecina. En mala gente. 




miércoles, 9 de enero de 2013

vida de zarigüeyas








Durante cinco años, Dolly Freed y su padre decidieron vivir de lo que fueran capaces de producir, cazar o conseguir de cualquier otra manera, sin la necesidad de tener un trabajo asalariado.Calcularon que necesitaban unos ingresos de unos setecientos dólares al año para comprar todo lo que no podían producir y realizar algunos pagos, así que ese dinero lo ganaban cuidando niños o haciendo arreglos en las casas de los vecinos. El resto del año se dedicaban a trabajar en el huerto, cazar, pescar, ocuparse de las gallinas y los conejos y destilar alcohol. La ropa la sacaban de la que la parroquia destinaba para las personas sin recursos. Los impuestos eran considerados prescindibles, excepto el impuesto sobre la propiedad para que no les expropiasen la casa. Los seguros también eran considerados prescindibles, incluido el de salud. El sistema judicial también era considerado absolutamente prescindible: si tenías algún problema, hacías llamadas a altas horas de la madrugada hasta que esa persona se convencía de que era mejor solucionar el problema. De esa experiencia, Dolly escibió un libro llamado "Vida de zarigüeyas", porque las zarigüeyas se adaptan a sobrevivir en cualquier circustancia. En Estados Unidos se convirtió en un clásico y hace poco la editorial Alpha Decay lo ha publicado en castellano. Lo reseñé la semana pasada en Culturamas, dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo. Muy, muy recomendable.



miércoles, 2 de enero de 2013

articulaciones descosidas// tablas de carnicero




Hay libros que parecen respirar entre las manos, como un animal pequeño o como si pudiésemos tocar el latido pálido e indefenso que está bajo la piel de las hojas. Tablas de carnicero es uno de ellos. Todos sus poemas están dedicados, de una u otra forma, a las vacas. Parece un tema extraño para un libro de poesía, y seguramente lo sea, pero quizá la poesía trate de eso, de mirar de otra forma las cosas que nos rodean. Habla de las vacas como alimento y como animal, de los estómagos, de la carne que somos y la carne que comemos, de los ganchos que traspasan la piel en el matadero, de los pastos y la luz del sol, de los huesos que se descosen. Habla también de la sangre y del dolor, pero no para convencernos de nada, sino porque el alimento y la muerte son la misma cosa. Puede tener una lectura en el sentido del dolor que produce alimentarnos de animales, pero también muchas otras, y eso es al fin y al cabo lo que se le pide a la buena poesía. Fue una de las recomendaciones que me hicistéis cuando hablé de los poemarios que me habían hecho pedazos el cerebro y acertasteis de pleno. Creo que el siguiente será Roberto Juarroz.


"Parturientas vacas 
que traéis al mundo una lechal vida
pensadlo
lo que traéis no es más que
otra descuartización en ciernes
que se exhibe sobre
la misma tabla de anatomía."

Tablas de carnicero
Nuria Ruiz de Viñaspre
Luces de gálibo (2010)

viernes, 14 de diciembre de 2012

la plaga de libélulas del 17 de abril de 1803






"Al principio la muchacha apenas notó la existencia del escarabajo, porque la cuerda que los unía era larga como los hilos que se desprenden del verano o como los cabellos de las monjas que rezan a santos de dientes afilados. Sin embargo, pronto llegó el invierno, y el escarabajo no pudo seguir alimentándose del vino azul que desprendían los enebros, así que comenzó a masticar la cuerda que le unía con la muchacha. Poco a poco la cuerda fue haciéndose más corta, hasta que solo le separaba un palmo de la muñeca de ella. La excesiva ingesta de cuerda le había hecho crecer hasta alcanzar el tamaño de la mano derecha de un enterrador portugués, que como todo el mundo sabe tienen derecho a estrangular a los agonizantes desde que la ciudad fue asolada por una plaga de libélulas el 17 de abril de 1803. Cuando no quedó cuerda, el escarabajo empezó a morder la mano de la muchacha".


Layla Martínez
[poemario en construcción]

viernes, 26 de octubre de 2012

Manifiesto Antropófago

[Oswald de Andrade]



1. Solo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente.

2. Tupi, or not tupi, that is the question.

3. Estamos cansados de todos los maridos católicos sospechosos en situación dramática. Freud puso fin al enigma mujer y a otros temores de la psicología impresa.

4. Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Perezosos en el mapamundi de Brasil.

5. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos. Recorridos.

6. Pregunté al un hombre lo que era el Derecho. Él me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba Galli Mathias. Lo devoré.

7. La fijación del progreso por medio de catálogos y televisores. Solo la maquinaria y los transfusores de sangre.

8. La alegría es la prueba del nueve.

9. Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.

10. Catiti Catiti Imara Natiá Notiá Imara Ipejú.


Manifiesto Antropófago
Oswald de Andrade, 1928


[el texto completo está disponible en la biblioteca del blog. Un consejo: no leáis las notas a pie de página, al menos en la primera lectura. Explican demasiado]

miércoles, 24 de octubre de 2012

a diferencia de los ciervos, los adolescentes tienen manos pequeñas



El día veinte de cada mes
los adolescentes internados
en instituciones estatales
son enviados a recoger
las bayas azules del enebro.

Su veneno es tan violento
que los ciervos caen muertos
cuando comen de él,
pero a diferencia de los ciervos,
los adolescentes tienen manos pequeñas
y cráneos rapados por el invierno.
A diferencia de los ciervos,
han aprendido a desconfiar
de los vinos azules
y a no dormir bajo la nieve.

miércoles, 25 de julio de 2012

el capitalismo es un gran matadero y los animales somos nosotros // La Jungla, de Upton Sinclair


Abrí La jungla pensando que era un libro sobre la industria de la carne. Una novela sobre las grandes granjas y mataderos industriales que día a día alimentan a millones de personas a base de cadáveres, dolor, hormonas y antibióticos. Y sí, en La Jungla hay todo eso, hay animales enfermos que son sacrificados  y envasados en forma de fiambre, carne en mal estado mezclada con toda la demás, cerdos sacrificados a golpes en habitaciones donde la sangre llega a los tobillos. Prácticas que fueron denunciadas entonces pero que no han cambiado mucho:

No hace falta decir que hacinar aves deformes, drogadas y sometidas a un alto nivel de estrés en una sala asquerosa y llena de heces no resulta muy saludable. A parte de las deformidades, los pollos de granjas industriales sufren problemas de visión, infecciones bacterianas en los huesos, parálisis, hemorragias internas, anemia, tendones rotos, las patas y los cuellos torcidos, enfermedades respiratorias y sistemas inmunitarios debilitados. Los estudios científicos y los estudios gubernamentales indican que prácticamente todos los pollos (alrededor del 95%) presentan una infección de E.coli (un indicador de contaminación fecal) y que entre el 39 y el 75% de los que llegan a las tiendas siguen infectados. De un 70 a un 90% presenta infecciones de otro patógeno potencialmente letal: la campylobacteria. Suele recurrirse a baños de cloro para eliminar la suciedad, el hedor y las bacterias. 


Pero La Jungla es mucho más. La novela de Upton Sinclair es la historia de cómo los de arriba torturan y asesinan a los de abajo, de cómo el capitalismo es otro gran matadero donde los animales somos nosotros. [Ostrinki le demostró que los conserveros habían sacado de él exactamente el mismo beneficio que obtenían de uno de sus puercos. En eso, obreros y animales se encontraban igualados, y de unos y otros obtenían los patronos idénticos beneficios] Durante treinta y seis capítulos asistimos a la explotación laboral, a la humillación, a la impotencia, a la destrucción de la masa de trabajadores que nutre la industria cárnica de Chicago. A un dolor que te hace un nudo en el estómago mientras estás leyendo.

Y, sin embargo, en el libro hay también esperanza. No la esperanza individual de encontrar la salida del laberinto, sino la esperanza colectiva de derribar sus paredes. La esperanza de acabar con un sistema que se alimenta del dolor de los que estamos abajo. Dicen que cuando un cerdo consigue escapar de la granja, levanta los pestillos de las cercas de sus compañeros. Quizá podamos aprender algo. 




[[La primera cita es de Comer animales, de Jonathan Safran Foer (Seix Barral). La segunda de La jungla, De Upton Sinclair (Capitán Swing)]]



miércoles, 18 de julio de 2012

instrucciones para descuartizar a alguien, cocinarlo y comerlo en 1460



En un pastel
triturada y molida
la punta de un dedo
fue encontrada.

Quedó turbado
quien la encontró
y reconoció
lo que había:
había además
un trozo de oreja.

Carne de ternera
creían comer
aunque encontraran
la uña y el dedo
partidos a trozos.

Todos lo miran
y consideran
que ciertamente
carne de hombre es. 

La pastelera
con dos ayudantes
-hijas mayores-
era hornera
y tabernera.

De los que iban
y allí bebían,
algunos mataban,
trituraban la carne,
hacían pasteles,
de las entrañas
salchichas hacían
o longanizas
las más finas del mundo. 


Jaume Roig
Llibre de les Dones (1460)
traducido por Antoni Marí

martes, 5 de junio de 2012

la muchacha que habían desenterrado de entre la nieve

[fotos hechas a madres que habían perdido a sus hijos para probar la existencia de los espíritus]


Un nuevo poema mío en Sangrantes 



lunes, 2 de abril de 2012

civilización de turistas



Tribus hermafroditas
acechan escondidas
entre los arbustos
cazando ancianos
de manos temblorosas.

Después
les cortan el cabello
y lo guardan
en frascos de cristal
para dárselo
de comer
a los turistas.

domingo, 1 de abril de 2012

poema hermafrodita



Amar es restregarse contra un cuerpo
sorbiendo secreciones y microbios.
Sentirlo cual babosa por un rato.

Cuando la mano calla
el ojo se queda mudo
y solo el oído fluye
es la hora
de alimentarse de cerebros.

Comer es engullir descuartizados
cadáveres, a trozos, triturándolos
entre saliva y huesos. Y tragándolos.

Devorarlos
de forma agónica

y todo vuelve
a funcionar.




[Este poema forma parte del proceso de experimentación del que hablaba en el post anterior. Se trata de romper la individualidad, de buscar formas de entender la poesía como algo colectivo, de acabar con los pedestales. Los párrafos en negrita son de Eva Gallud, de su libro "Moléstenme solo para darme de comer". (http://sakuranomonogatari.wordpress.com/) Los demás son de José María Fonollosa, de "Ciudad del hombre: Barcelona". Tienen que leerse como un único poema. Se admiten sugerencias para más experimentos.]

domingo, 4 de marzo de 2012

niños alucinados





Somos niños alucinados
expuestos a fiebres perversas.
Luces brillantes
nos volvieron salvajes
demasiado pronto:

ahora dormimos
bajo las camas
y nos alimentamos
de animales atrapados
en latas de conserva.

Las interferencias 
del televisor
es lo más parecido a la nieve
que conocemos: 

las manchas blancas
nos han vuelto precisos
y desconfiados. 

viernes, 27 de enero de 2012

las máquinas respiran con fuerza



Nuestra risa
estalla bruscamente
a causa del horror.

Comimos 
el pan de la locura
demasiado pronto. 

domingo, 18 de diciembre de 2011

deberíamos comer de forma salvaje y anhelante




Somos dioses 
jóvenes e inexpertos
anhelantemente salvajes.

Deberíamos pegar
a los supurantes
de encías lácteas
y a los parapléjicos
de manos rechonchas.

Deberíamos correr
por las jaulas
como manadas violentas
y meter niños
en los microondas.

Somos dioses anémicos
y deberíamos comer. 

jueves, 15 de diciembre de 2011

Ejercicio 2: Interiorice estos términos hasta que aparezca al menos uno de ellos en cada frase que pronuncie




1. MACDONALD´S

Ejemplo 1: "La nueva deriva ecológica de los establecimientos MacDonald´s -reflejada en la sustitución del rojo como color corporativo por el verde- resulta altamente tranquilizadora para un padre de familia como yo."

Ejemplo 2: "Ahora mis hijos le comen la polla a Ronald MacDonald en un campo de amapolas"


2. IKEA

Ejemplo 1: "El diseño sueco unido al bajo coste hacen de Ikea el establecimiento perfecto donde elegir los muebles para la unidad residencial de una familia de clase media como la mía"

Ejemplo 2: "Me hago pajas pensando en el modelo Ektorp de funda nórdica de Ikea que me voy a comprar"


3. BIMBO

Ejemplo 1: "Confío en la marca Bimbo para proporcionar a mis hijos la mayor parte de los hidratos de carbono de su dieta"

Ejemplo 2: "Mi hijo de diez años está celulítico. Gracias, Bimbo."


4. NOCILLA

Ejemplo 1: "Confío en la marca Nocilla para proporcionar a mis hijos la mayor parte de las calorías de su dieta"

Ejemplo 2: "Mi hijo de diez años está celulítico y ha sido diagnosticado de obesidad mórbida. Gracias, Nocilla."

miércoles, 9 de noviembre de 2011

a pesar de los grumos



Imagen: Anna Gaskell


Eres tan virgen a pesar de las pollas. Tengo la carne tan frágil de parir. A pesar del síndrome de down. Cómetelo, me da igual que tenga grumos. La ciudad es un almacén de pómulos. Una absurda sucesión de clavículas. Un bosque de bacterias blancas y crueles. Soy la única que te quiere. Jódeme. Me da igual que tenga grumos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

yo sólo quería un cuerpecito deforme: variación



Qué dirían de mi
los enanos
de dientes crueles
y uñas diminutas
que encerré 
en el sótano. 

Yo sólo quería
un cuerpecito deforme
para poder abrazarlo.

¿No lo ves?
Trágatelo todo. 

jueves, 27 de octubre de 2011

yo sólo quería tener un hijo: trágatelo todo




"Qué harían conmigo los enanos de uñas diminutas que encerré en el sótano si siguiesen respirando. Dirían lejía. Dirían desinfectante. Dirían vagina. Con sus pequeñas bocas crueles y sus pequeños dientecitos llenos de odio y sus pequeñas lenguas húmedas y rosadas como un pulpo repugnante. Me da asco verte comer. Traga. Trágatelo todo. Yo solo quería tener un hijo."

El Libro de la Crueldad